10.20.1989

Vicente Calvo, in memorian (1989)

Me ha aparecido "limpiando" archivos comprimidos rescatados algún día de diskettes a discos duros, de aquellos a otros, y así van rodando tantos ficheros, de siglo en siglo ya (hay que ver lo bien que recupera Libreoffice los ficheros de Wordstar de los años 80', aunque haya que cambiar algunos acentos). 

Parece que estuviese escrito para enviarlo, lógicamente a El Día de Aragón, donde en 1989 escribía artículos de opinión. Quizás me lo pidió Plácido Díez, su director entonces. Pero no recuerdo si lo envié, y si lo envié no recuerdo si se publicó. Pero no quiero que se pierda, quede pues "publicado" al menos aquí aquel recuerdo de un buen tipo.



" Se le hace a uno raro glosar a los muertos. De hecho, antes de los cuarenta creo que a todos nos horroriza acercarnos a un cadáver. Después supongo que el hombre comienza a hacerse a la idea de que lleva media vida vivida; comienza entonces el largo, lento y tortuoso descenso a los infiernos, y hay que acostumbrarse a que los amigos empiecen como por azar a desaparecer, aquí un infarto, allá un accidente, acullá un cáncer, de oídas un SIDA...

Pero a los treinta es muy desagradable encontrarse un cadáver en la puerta. Desagradable, frustrante y deprimente. Por eso, a quienes por suerte o por desgracia nos ha tocado echarnos al mundo de la mano de gentes mayores que nosotros, nos toca antes de tiempo escribir epitafios.

Estaría por los treinta Vicente Calvo Báguena cuando yo publiqué, de su mano, mis primeras líneas. Don Tomás, el maestro que fuera corresponsal de "El Noticiero" en Mallén, decidió pasarme el testigo porque sabía que yo iba para periodista. No había cumplido 16 años, y yo entonces no sabía siquiera que "El Noticiero" fuese 'el periódico de los curas'. Era sencillamente el periódico. El que, menos los domingos (el papel del 'Heraldo' era muy preciado para envolver bocadillos y encender la cocinilla), había devorado desde que aprendí a unir la 'a' con la 'b'. Y Vicente Calvo era redactor jefe de Región, y estaba empeñado en que las noticias de cualquier pueblo de Aragón salieran en el periódico. Yo era un niño y aún no sabía qué era la censura, y me subía por las paredes cuando mis crónicas salían recortadas. Pero la emoción de enviar las crónicas, a cobro revertido, desde el locutorio de mi pueblo ("Cuenta hasta cinco y empieza a leer, despacio, sin retirar la boca del auricular") superaba a todo lo demás. Y no digamos cuando iba por la desvencijada redacción de El Coso y, después de las admoniciones de Coll Gilabert, Vicente me llenaba de consejos y recriminaciones: "Puedes decir lo mismo con palabras más suaves" (es curioso que 'todos' me hayan seguido diciendo lo mismo, incluso cuando la censura dejó de existir hace muchos años), "no metas muchas ideas o informaciones en una misma crónica", "los textos deben tener una estructura lógica"... consejos todos ellos a los que nunca he hecho caso. Para Vicente yo era un capricho, en medio de los vejestorios corresponsales, la mitad curas, del periódico. Y para mí Vicente era, o así lo sentía entonces, un maestro.

El mejor regalo que le dí, el único que le dí nunca, fue la que posiblemente fuese la primera entrevista que se le hizo a Sender en suelo español, cuando volvió  en 1973 ó 1974. Estaba ya estudiando para periodista, en primero, en Barcelona, y por casualidad me enteré del hotel en el que se iba a alojar. Llamé a Vicente:

-¿Le hago una entrevista?

- Tira, que la sacaremos seguro

-Pero si no he leído nada suyo...

-Qué te importa eso. ¿Te parece que le habrán leído la mitad de los que escribirán estos días artículos sobre él?. 

Se negaba a dar entrevistas (y además recuerdo que había alguna historia de exclusivas con algún periódico, lo supe luego), me echaron varias veces del hotel, una secretaria con acento yanqui me despedía con cajas destempladas por el teléfono, pero al final mi tozudez fue más fuerte que la de Sender, y de malas maneras contestó a unas lamentables e infantiles preguntas. Y Vicente tuvo para "El Noticiero" su entrevista, no recuerdo si me hicieron 'enviado especial' o 'corresponsal en Barcelona'.

Ocurría sin embargo que Vicente Calvo era, además de bruto y socarrón, tremendamente humilde, o al menos así lo recuerdo yo. Y como los jóvenes somos desagradecidos e impetuosos, en cuanto desde el Olimpo de Andalán, Luis Granell me dió la alternativa, y Gaviria 'se me llevó por ahí', creí superado todo lo que podía enseñarme mi antiguo mentor. Mientras otros de su generación se lanzaban alegres y despreocupados al carro de la progresía, él se quedó leyendo a Alberto Casañal y Santiago Blasco, porque era un antiguo. Aunque en realidad los 'despreocupados' supieron montárselo bien, mientras él se quedaba con los humildes, en aquella carpetovetónica "Secuestro Común" (Esfuerzo Común) desde la que empezamos a darnos a conocer casi todos los que no pertenecíamos ni a las 'mafias' del Bajo Aragón o del Pirineo, ni a las buenas familias zaragozanas.

Vicente Calvo no tenía madera de triunfador. La tenía, sí, de luchador, en el sentido en que los agricultores pueden luchar durante años para transformar en huerta un secano. Era de ideas fijas, como buen baturro. Pero no tenía el veneno del éxito, ningún apego a élites de ningún tipo, ningún ansia de dominar. Era un buen hombre, sin más, algo muy raro entre los periodistas. Y listo, además, aunque por la razón que fuese no siempre quisiera ejercer. "Pero si todos son los mismos, decía. Si son sólo los hijos riñendo con los padres para quitarles el puesto..." (y desde luego que bastante razón tenía en su escepticismo respecto de las élites de la progresía zaragozana). Y se sentía más a gusto merendando calderete con los agricultores, que bloqueaban la carretera con sus remolques de pimientos, que en un recital de Labordeta o en un Congreso de Cultura Aragonesa. 

Uno de los últimos recuerdos que tengo de él, y además uno de los más entrañables, es de un día en que después del cierre de Esfuerzo Común, Javier Ortega habló de un pueblo de su tierra soriana, San Pedro Manrique, donde los hombres bailaban descalzos sobre las brasas. Era ya de noche, y hacía frío, pero ni corto ni perezoso, Vicente cogió su eterno Dyane6 y nos lanzamos los tres a hacer ciento y pico kilómetros por carreteras terribles. Fue una noche mágica y hermosa, y aunque Vicente no nos dejó ligar con aquellas tres sorianas, me ha quedado una de esas sensaciones dulces a las que difícilmente puedes poner un guión pero que nunca puedes olvidar.

Desde que se refugió en la Asociación de la Prensa y la Hoja del Lunes, y en sus campañas de "Salvar Teruel", y yo fui tomando caminos que se alejaban del Periodismo, prácticamente no nos volvimos a ver. No sé cómo se lo montó, ni de qué viviría después, aunque intuyo que nada sobrado. Pero esta mañana, cuando ha llegado, como siempre con retraso, El Día, y hemos leído la glosa editorial que, no sé por qué, adivino de Plácido Diez (que también lo conoció bien en sus inicios), mi mujer y yo no hemos podido reprimir las lagrimas"

10.17.1989

Cartas de ultratumba de Don Alberto Casañal (1989)

A lo largo de mi vida he hecho algunos experimentos periodísticos. Creé secciones en una revista de colegio en Zaragoza (1972); "publiqué" en mi pueblo boletines de agitación que sólo llegaban a los dos o tres cercanos, lo que daba de sí el calco de la máquina de escribir (1974); también en mi pueblo, y más o menos por el 73 ó el 74, me permitieron hacer (aprovechando que con la crisis había menos dinero) un programa de fiestas que rompía con el modelo tradicional de todos los pueblos; creé en Extremadura (1979) un "diario de batalla" que se publicó durante una semana y del que se tiraban cientos de ejemplares en una ciclostil; creé en Tauste, con una pandilla de ninis rurales, una revista (Fagüeño) que luego sobrevivió un par de años (1981) y hasta le han dedicado un TFG; promoví un periódico (Liberación) en el que luego no trabajé aunque escribí algún trabajo, porque ya había dejado de sentirme periodista... Y más, y más. De todo un poco. 

Pero creo que lo más atrevido que he hecho nunca es (ya retirado del periodismo, pero no de la opinión) es enviar un artículo de opinión en verso. Tan atrevido, que ni el director (no sé si lo era entonces Pablo Larrañeta o Plácido Díez), que me lo publicaba todo (porque él me había solicitado mis artículos, que por supuesto yo regalaba como contribución solidaria a la supervivencia del periódico), ni yo, nos atrevimos a ponerlo en la sección de opinión, sino en la de "Cartas al Director". 

Por supuesto, el tema apenas empezaba. Dos meses más tarde publicaría, ya en la sección "seria", dos tochazos sobre el tema. Pero yo sin duda me quedo con este:

 

Cartas de ultratumba de Don Alberto Casañal


DEL SOMONTANO DEL MONCAYO


(Por la transcripción, A. Baigorri)


A las cumbres del Moncayo,

por donde nace La Güecha,

han venido unos fulanos

a estropicianos la fiesta.

Que van a hacer cien chaleses,

o quinientos, si les dejan,

pa vender a los bilbainos

y a los yuppies de Tudela.


A los de Añón les prometen

sus cuatro perricas frescas,

y aura quieren, con legajos

abogaus y toda pesca,

darle al Melero pol saco

y hasta metelo en la trena.


Los que gustan d'ir al campo

pa ver la Naturaleza,

pa pasiar por los campicos

y despejar la sesera,

dicen que esto es un chandrío.

Y no pué ser cosa buena

acabar con las huerticas

que se riegan con La Güecha.


Los de Alcalá, los de Vera,

los de Borja y los de Albeta,

opinan que las orines,

los zurutos y durezas

que los chalés nos desagüen

nos entufarán las tierras.

Y además como esa gente

son finos y tienen perras,

hacen piscinas y riegan

con aspirsor la parcela;

enredan de jardineros;

se duchan todos los días;

rujian el coche en la puerta...

Igual nos dejan sin agua

desde Añón hasta Bureta.


Mas los que han comprao la tierra 

pa costruir las casicas

y llevase las pesetas,

alegan que les asisten

el derecho y la DeGeA.

Si me dejáis que sus cuente

de donde arranca la juerga,

veráis que tiene su miga

la historia de esta molleja.


Hará ya diez años largos

qui una cuadrillica maños,

biologos, arquitetos,

sociologos y abogados,

por cuenta Diputación

unas Normas empezaron,

pa ver de aplicar la Ley

en ordenar el Moncayo.

Decían: "Mancomunaros;

meter a los domingueros

a que vivan en el casco;

no hagáis chalës en el campo;

no dejéis que sus distrocen

un patrimonio tan majo"


Pero eran mu poca cosa

frente a tanto interesado.

Y en Vera, casi les pegan.

En San Martin, sulfurados.

En Añón, soñando ya

lo mismico que Litago

con chalés a todo trapo.

El par de alcaldes que había

más que rojos, concinciados,

se icharon patrás por miedo

a quedase sin el cargo.

Un coronel s'hizo fuerte

detrás de un buen abogado,

y al ladico de la cruz

donde Becquer soñó tanto,

pa costruise el chalé

removió Roma y Santiago.


Aquello fue una batalla

mu gorda pa los muchachos.

No tenían esperencia

ni apoyos pa soportalo.

Se quedaron escaldados

y aun encima los echaron.

Y luego entre unos poquicos

a gusto s'organizaron.

Callandico, sin chistar,

dieron palabra de Ley

al sueño de unos vandalos.


Y ahura eso le vale al PAR

pa dar la espalda y callase,

u decir que ya las Normas

preveían el enjuague.

Y a mí, es que me paicen bobos,

riéndose del montaje

que arman los ecologistas

pa protestar, en la calle.

Más les valía enterase

que es pequeñico el Moncayo.

Que si dejamos que empiecen

a morder unos bocados,

a poco que nos volvamos

no han de dejanos ni tamo.

Pero claro, a ellos les votan

costrutores, potentados,

promotores, vendedores,

y algún pastor despistado.

Justo es que ahura les defiendan

y les cuiden el bocado.


En fin, para qué cansalos

con historias y sucesos.

Que no sacaremos nada

con devavanos los sesos.

Por más que toda la CEA

y ese buen hombre, Melero,

y el Perico y el Martinez

y sus Ecofontaneros,

y aun yo desde la ultratumba

y toda la Biblia en verso

denunciemos, escribamos,

costruyamos, cimentemos,

los del Grado van palante

y los demás a jodenos.

El Comisario del Agua,

como es normal y corriente,

enredará un poco el charco

y apoyará al más pudiente.

Y al Consejero, que paice

no tener un dedo frente,

ya puén hacele protestas,

qu'él seguirá sonriente.


Y así acabará la historia.

Una más, otro jaleo

para nada, en esta tierra

que hacemos crecer a peos.






5.28.1989

Donde comen dos, comen tres... (la familia ataca de nuevo) (1989)

 Este artículo corresponde a una época en que, asumido que había abandonado el periodismo y me adentraba, también institucional y honradamente cursando la carrera, en la Sociología, superaba la adicción a la tinta impresa regalando abundantes páginas de opinión a los periódicos de los amigos, mientras me ganaba la vida con los estudios de planificación (urbanística, territorial, turística...). El artículo creo que no ha envejecido a pesar de haber transcurrido más de tres décadas desde entonces. Primero en 1993 (para Sociología de la Familia) y luego en 1996 (para el curso de doctorado "La Mujer en España", de Luis Garrido) lo rescaté como "prólogo" de sendos trabajos. Finalmente quedó tan extenso que, aunque me daba pereza ampliarlo (como libro), o adaptarlo (como artículo) para publicarlo, creí que en Internet podría servir a otros, y completado con otros trabajos de doctorado, o incluso previos, lo colgué en mi primera página web como documento de trabajo, con el título de Mujeres, hombres, viejos y niños. Transformaciones demográficas, familia y realidad social en España.  



"Todos los 'progres' nos hemos reconciliado con nuestros padres. Cuando podemos, incluso nos los llevamos a casa para que nos hagan la comida, nos limpien los rincones y nos cuiden los niños. Y el que diga que no es el caso miente, o mantiene la pose atenazado por algún antiguo trauma ideológico-juvenil. 
No es cosa de la edad, porque esencialmente seguimos sin entendernos con ellos. Pero de hecho las siguientes generaciones ya ni siquiera han roto con la familia, como hicimos nosotros. Estamos aburridos de leer/oir/ver reportajes periodísticos, y resúmenes de encuestas, que muestran cómo los nuevos jóvenes tienden a retrasar el máximo la ruptura del cordón umbilical con sus familias (para algunos ello se debería a un retraso en el proceso de maduración social de los individuos, pero en mi opinión este retraso en la maduración sería más un efecto que una causa). Por una vez vamos parejos del resto del mundo desarrollado, a un ritmo parecido en e l proceso de cambio, e incluso con ventaja respecto de otros países (en algo debe notarse que somos la novena potencia mundial en el auténtico concierto de las naciones, que es la contribución económica a la ONU). 
La evolución del cine americano de los últimos veinte años constituye sin duda uno de los mejores reflejos de los cambios en los países industriales avanzados, especialmente en estos temas. En las películas de los años '60 los adolescentes se pasaban el tiempo discutiendo con sus padres, o con autoridades de corte paternalista, y escapándose en moto con mirada torva . En los años '70 y primeros '80 la familia sin embargo brillaba por su ausencia; tan sólo alguna vez, entre problema y problema psico-sexual de la pareja, aparecía una suegra lejana que rápidamente volvía a desvanecerse, o un padre profesor de Universidad que aconsejaba a la chica que siguiese su propia vida. En fin, en los últimos años la familia (incluso la familia extendida, tan divertidamente pintada en "Hechizo de luna" e incluso retratada irónicamente por los novelistas macarras del 'realismo sucio') vuelve a irrumpir en las pantallas, simple reflejo de la realidad: casi siempre como una tabla de salvación para los perdidos navegantes solitarios, que ya no miran desafiantes, sino con miedo, a su alrededor. Pero mientras nosotros, los hispanos, teníamos los padres aquí al lado, y los abuelos, y los tíos y todo el contubernio, los anglos de Manhatam deben ir a encontrarlos a Nebraska, y aún a veces se pierden por el camino, en una bella contribución a la movilidad geográfica; es la pequeña ventaja que les llevamos. 
Los hechos están ahí, pero no convencen las explicaciones, que además rara vez se dan. Estamos perplejos, y a lo máximo que acertamos -no siempre- es a describir la realidad. Sin atinar a interpretarla (¿cómo vamos a pensar entonces en transformarla?), sin estar seguros siquiera de si alguno de estos hechos constituye un problema o una solución, sin saber muy bien si hablamos de causa o efecto. Sólo sabemos que nos veíamos camino de encontrarnos todos metidos en nuestros respectivos box, terriblemente solos o abrazados -asustados- a nuestra pareja, y de pronto nos hallamos rodeados de padres, abuelos, tíos y sobrinos. 
Es cómodo, pero inquietante: ¿acaso estaremos reproduciendo la tribu, acabando más o menos por donde empezamos?. No puede ser tan simple. Pero ni siquiera Marvin Harris, o Toffler -si bien es cierto que las traducciones más recientes de ambos corresponden a sendos libros de 1980- aciertan a tocar el tema en sus últimos trabajos; y nada digamos de los agudos observadores sociales españoles, que aún andan en temas tan actuales como lo del descenso de la natalidad o la sociedad dual. 
Elucubrando un poco, sin mayores pretensiones que las admisibles en un artículo periodístico, podríamos tomar este cambio social como el principio del fin de una despilfarradora sociedad industrial. Una sociedad que condujo -por pura necesidad del crecimiento económico- a que a los 20 años los jóvenes tuviesen que salir de sus casas para crear una nueva familia en un nuevo hogar, multiplicando así las necesidades de espacio, infraestructuras y bienes de consumo. 
En el momento culminante de esa civilización, cuando se esperaba la desaparición de la familia, surge el mercado de apartamentos para solteros y matrimonios modernos sin hijos, así como aparecen módulos de vivienda en general cada vez más reducidos: lo justo para comer y dormir, es decir para permitir la reproducción de la fuerza de trabajo. Sin embargo hoy, cuando la decadencia de esa sociedad ha empezado (para convertirse en algo que seguimos sin tener claro qué va a ser), observamos cómo nuevamente se buscan pisos amplios. La caricatura sería que se busca que haya espacio para todo (para la segunda televisión con el vídeo, para el ordenador, para los juegos de los niños, para los materiales de bricolage...), pero yo creo que , a sabiendas o no, se busca algo más. 
Para no pocos la mayor superficie de las viviendas responde ría únicamente a la existencia de un nivel económico más alto. Y es normal que se encuentre esa socorrida explic ación cuando las estadísticas nos hablan de familias con menor número de hijos. Sin embargo, podemos hacer también una lectura diametralmente opuesta, que creo más atinada: en mi opinión se buscarían viviendas más grandes para soportar el desarrollo de las nuevas familias 'extendidas', en las que padres, abuelos, hijos y nietos se mezclan nuevamente en una forma complejizada y adaptada al estadio social. Podría decirse que la familiar nuclear huye asustada hacia un tejido cálido, en el que sus polluelos crezcan arraigados a algo. 
No hay que olvidar que este proceso constituye una buena adaptación a la crisis económica y social: de una parte se ahorra espacio vital e 'infraestructura doméstica', y por otro lado no hay que olvidar que una familia extendida precisa menos ingresos per cápita (obtenemos economías de escala). Las comunas de los años '70 fueron de hecho una avanzadilla experimental en términos económicos, que fracasó por lo social. El "donde comen dos comen tres" es cierto, y con sólo un poco que aporte el tercero los recursos totales y el bienestar global del conjunto familiar aumentan no de forma lineal, sino exponencial.
Lamentablemente los economistas tan sólo se aplican a la economía del Estado o de las empresas (y en consecuencia tangencialmente atienden a la composición de la cesta de la compra, o las intenciones de compra de los consumidores, sólo en la medida en que los cálculos les sean de utilidad para optimizar los planes del Estado y las empresa s), pero serían de sumo interés algunos análisis en este sentido. 
Y si no imaginemos algún ejemplo. Tomemos un matrimonio de mediana edad y clase media-alta, con tres hijos: el mayor, de 31 años, está casado y tiene tres niños; el mediano, de 28 años, está también casado y tiene un hijo; el pequeño, de 20 años, aún está en casa. En total son 10 personas. Como mínimo, en la ca sa de los padres (un piso de 110 m²) tenemos un salón (con TV, vídeo, equipo de música para el pequeño que sigue en casa, y mobiliario completo), cuatro dormitorios completos, cocina completamente equipada, dos baños, un coche y una moto 'para el niño', además de una casa de segunda residencia en el pueblo, de 150 m². En la casa del hijo mediano (un piso de 80 m² que aún e stá pagando) tenemos un salón (con TV, HIFI y mobiliario incompleto), dos dormitorios, cocina completamente equipada, un baño y un coche (en las vacaciones comparten con los padres la casa familiar del pueblo). En fin, en la casa del hijo mayor (tanto él como su esposa trabajan como profesionales liberales, y tienen un piso de 120 m² que aún están pagando) disponen de un salón (con TV,vídeo, HIFI y mobiliario completo supermoderno y supercaro), cuatro dormitorios, dos baños, trastero, dos coches (el de la mujer de segunda mano) y un apartamento en la playa de 50 m² que aún están pagando. 
Si sumamos veremos que, en realidad, para tan sólo 10 personas tenemos en la ciudad un conjunto de tres viviendas, que totalizan 310 m², con tres salones (con tres TV, tres HIFI, tres vídeos y numerosos muebles), diez dormitorios, tres cocinas completas, cinco baños y un trastero. Es decir, el equivalente a un palacete completo del siglo XIX, que estaría ocupado en aquella época (con muy inferior nivel del equipamientos) por no menos de 15 miembros de una familia, incluyendo el servicio, de la gran burguesía. Además disponen de otros 200 m² de Segunda Residencia, cuatro coches y una moto. 
Con independencia de las diferencia s tecnológicas, los medios acumulados por esta familia de clase media de finales del siglo XX constituirían un lujo asiático para una familia de la alta burguesía del XIX. 
Pero si desarrollamos todo ésto en términos económicos (costes de mantenimiento, de sustitución, de alimentación...) llegaremos a observar una situación teóricamente absurda, aunque habitual. Más aún si sabemos que el hijo mayor y su mujer comen fuera a diario, porque casi no tienen tiempo, y por la misma razón los hijos comen en el colegio; mientras la abuela está aburrida y desquiciada, y estaría más a gusto guisando para todos, y el abuelo no sabe qué hacer y estaría encantado de entretenerse en traer y llevar a los nietos al colegio, entre otras posibles ocupaciones. Y no hablemos ya de los costes de todo tipo que esta situación supone para la Administra ción, especialmente para el municipio. 
En realidad, no hace falta ser un lince del análisis sociológico para darse cuenta de que este proceso de 'extensificación' de la familia se está dando ya en la sociedad española. Basta mirar a nuestro alrededor. En las grandes ciudades el proceso es de más difícil realización (en realidad en las grande s ciudades, salvo la diversión, van a tenerlo casi todo bastante más crudo en los próximos años), y aún más complicada cuantificación, pero también puede detectarse en ciertas áreas y sectores, primero y especialmente entre las clases altas en términos económicos y/o culturales. Pero en los pueblos, y en las pequeñas ciudades, donde esto es más factible a corto plazo, se percibe ya la decadencia de la construcción de pisos, y la vuelta al sistema tradicional de levantar sobre la casa del padre las de los hijos, para vivir en la práctica todos revueltos. Incluso los 'singles' dejan de serlo, y por mucho dinero que ganen deben agruparse a menudo con otros -en este caso por razones fundamentalmente económicas, pero también afectivas- para compartir vivienda, gastos y estados depresivos; reproduciendo en muchos casos una estructura seudofamiliar. 
La familia extendida es mucho más eficiente en términos económicos -y ecológicos-. Además de mucho más útil para garantizar la paz social en sistemas en los que el paro estructural se cuenta por millones. Estas, y no otras (como pudieran ser las modas o la evolución moral, que sin duda se razonarán cuando los investigadores comiencen a ocuparse de este tema) son las causas que están agudizando la decadencia de la familia nuclear y el resurgimiento de una estructura de familia extendida, casi tribal, en la que el apoyo mutuo es más practicable.  
Naturalmente, el desarrollo de la familia extendida trae consigo otro tipo de cuestiones más difíciles de cuantificar. Fundamentalmente, desde mi punto de vista, el reforzamiento de estructuras piramidales de poder, porque al menos hoy por hoy las familias extendidas siguen siendo esencialmente patriarcales. 
Posiblemente, en consecuencia, ello pueda llevar a la pérdida de algunos de los logros conseguidos por las mujeres en las últimas generaciones de esa misma familia; así como en conjunto a un mayor conformismo social. 
La valoración del fenómeno resulta, en cualquier caso, difícil todavía. Es incluso difícil intentar predecir la importancia que este tipo de familia pueda alcanzar en el conjunto social -un estudio realizado a principios de la década en un barrio negro de Chicago llegó a identificar hasta 86 diferentes formas de estructura 'familiar', y posiblemente en España no andaríamos lejos ahora mismo de esa cifra-. 
Por ahora bástenos el alerta sobre este nuevo cambio social que se avecina, masivo y desde luego muy distinto del que soñaban los 'antiguos' comuneros."

 

Referencia:

Baigorri, A. (1989), "Donde comen dos, comen tres (la familia ataca de nuevo)", El Día de Aragón, 28 de mayo de 1989, pag. 3 


5.01.1989

Artesanía y construcción en Castila La Mancha (1989)

El texto responde a un encargo rápido de la empresa pública ARTESPAÑA sobre las vinculaciones entre los sectores de la artesanía y la construcción en Castilla la Mancha. Durante varias semanas recorrí entre pensiones y campings la región , entrevistando a artesanos, constructores, responsables de las administraciones y expertos. El texto recuperado corresponde a la ponencia invitada presentada en las II Jornadas Técnicas de Artesanía de Castilla-La Mancha, celebradas en Toledo en 1989, en las que presentaba un resumen del trabajo. 

"Nos interesa ver ahora, una vez mostrado el excelente estado de salud en que se encuentran tanto la Artesanía como la Construcción en esta Comunidad, cómo y en qué punto entran en contacto ambos sectores, las posibilidades que se detectan al respecto y las carencias que todavía se perciben. 
En  realidad  no  hace  demasiado  tiempo  (y  menos  aún  en  las  zonas  rurales)  la construcción en su totalidad era pura artesanía en esta como en otras regiones de bajo desarrollo. Sin embargo, la irrupción de los nuevos materiales, la tecnificación de los proyectos constructivos y el aumento de la escala condujo a su mecanización a todos los niveles (desde el proyecto, que hoy se reconoce a menudo 'fabricado' en serie, hasta las recientemente incorporadas carpinterías exteriores de PVC). En fin, las propias modas arquitectónicas en cuanto a estilos se refiere han tenido una gran influencia en el cambio. Evidentemente la arquitectura funcional-racionalista no precisaba de buenos oficiales que manejasen con finura el yeso, la teja, el ladrillo árabe... bastaban brazos fuertes para manejar la hormigonera, y para alicatar a destajo sin perderse en detalles. No ya los grandes bloques de viviendas populares, sino incluso  las  viviendas  de  élite  o  la  arquitectura  institucional,  se  bastaban  con  el hormigón, el hierro y el cristal.

Esta  situación  comienza  a  cambiar,  en  distintos  periodos  para  cada  tipo  de arquitectura, de forma casi imperceptible. En los años 60 y 70 el boom del turismo condujo a la recuperación de estilos tradicionales de construcción y decoración en alojamientos turísticos, establecimientos hosteleros y tiendas de souvenirs (estas últimas fueron especializándose en muchos casos hacia la artesanía propiamente dicha). En estos años carpinteros, tallistas de madera y herreros fueron ampliamente solicitados por los constructores para ese tipo de construcción/decoración.

En los años 80 el desarrollo del estado de las autonomías ha contribuído sin duda a los intentos de recuperación de las culturas regionales. Y dentro de este fenómeno la arquitectura vernácula ha renacido con fuerza. El propio fenómeno de la segunda residencia ha contribuído a ello en gran medida. Cuando los madrileños (sean o no de origen castellano-manchego) acuden a las provincias limítrofes, a sus pueblos o directamente al campo, no sólo buscan naturaleza sino restos de una cultura rural perdida hace años en la gran ciudad. En este ambiente (primero en Toledo y algunas áreas de Cuenca, luego también en Guadalajara y poco a poco en proporción diversa en todas las provincias) la arquitectura tradicional constituye un primer auxilio en su proceso  de  recuperación  de  la  memoria  perdida.  Primero  en  algunas  grandes mansiones de segunda residencia, y luego más masivamente a nivel popular, poco a poco los propios habitantes de los pueblos y ciudades han sido influenciados por los "domingueros" y turistas, retornando en muchos casos también a la arquitectura tradicional."

Acceso al texto completo
REFERENCIA:
Baigorri, A. (1989), "Artesanía y construcción en Castilla La Mancha", II Jornadas Técnicas de Artesanía de Castilla-La Mancha, Toledo

2.19.1989

El solar de San Atón: contra especulación, imaginación (1989)

Artículo publicado en el diario Extremadura, en relación al conflicto social desencadenado por la demolición del antiguo Seminario de san Atón, en el centro de Badajoz, en donde me había instalado a finales de 1995 y ya había decido quedarme. Lógicamente, lo que salió adelante no fue esta propuesta, sino la vía de la especulación: una plaza sobre aparcamientos, que revalorizó automáticamente los caserones (con vocación anticipada de solares) del entorno. Aunque curiosamente, varias décadas más tarde, el vecino Hospital Provincial ha venido a parecerse en parte a lo propuesto para el solar del seminario.




" Los que tenemos alguna experiencia de planeamiento urbanístico estamos acostumbrados a los manejos de los especuladores, capaces de 'levantar' a todo un pueblo (bien inmediatas están las experiencias de Don Benito y Miajadas) sin otro interés que el lucro personal. Saben decirle a éste que no se le va a permitir levantar un segundo piso para la vivienda de su hijo; a ése que se le va a 'quitar' parte de su parcela; al peón de albañil que se va a quedar sin trabajo porque 'no van a dejar construir'; al agricultor que no va a poder construirse un corralón en su finca... Maravilla su capacidad para producir rebeliones sin que nadie sepa que lo único que les mueve es reconquistar la excesiva edificabilidad que el planeamiento anterior otorgaba como por arte de magia a su céntrico solar, y que generalmente el nuevo planeamiento ha venido a rebajar. Como si la edificabilidad de un terreno, cual el petróleo, se la hubiese concedido la Madre Natura aún antes de existir la ciudad.

En esta tesitura, es comprensible (aunque no justificable, y nunca moralmente aceptable) que en no pocos municipios se acabe optando por pactar paso a paso prácticamente todo el planeamiento con las 'fuerzas vivas' (osea con los grandes propietarios del suelo, los promotores y sus técnicos), con tal de poder llegar a aprobar el Plan con mil santos. A todos nos ha tocado, y desde luego esto se ve muy bien en el PGOU de Badajoz: que pasó de un Avance imaginativo y valiente a un proyecto en trance ya de aprobación definitiva, anodino y timorato, en el que quedan grandes espacios en blanco en lugares estratégicos para los que la figura urbanística a aplicar (si ésta existiese) sería la de "a negociar". En realidad, es la materialización en el Urbanismo de ese aspecto tan viejo de la lucha de clases al que los nuevos ideólogos a la violeta han dado en llamar 'corporatismo'; es decir, la presión de los grupos de poder fáctico sobre el Poder representativo.

Aunque ya no se lleve en estos tiempos de florilegios y componendas, creo que son precisos algunos planteamientos previos 'duros', como los de los párrafos anteriores, para poder entender el fondo de las movidas habidas a lo largo del proceso de revisión del PGOU de Badajoz en torno al hoy solar de la Plaza Minayo. Poco pudieron hasta que consiguieron que se derribase el seminario (uno de los pocos edificios antiguos del centro de Badajoz, por más que no fuese de gran valor artístico), y no cejarán hasta convertir el solar en una plaza que permita multiplicar los precios de los solares circundantes (porque los edificios cicundantes, aunque todavía edificados, no son viviendas sino ya mismo auténticos solares, oscuro objeto del deseo especulador); naturalmente, de las dos mil y pico firmas que avalan esa propuesta (que en sí no son ni un 0,2 % de la población de Badajoz), supongo que no más de quince o veinte acabarán obteniendo beneficio directo de todo esto.

La verdad es que si uno mira el asunto en términos puramente urbanísticos, resulta bastante absurdo construir una plaza al lado de una ya existente de más de 500 m², que a su vez está conectada con otra que hace de centro estratégico de la ciudad y que tiene una o dos Hectáreas de extensión. El casco antiguo de Badajoz precisa de algunos espacios libres, plazas y pequeños jardines más de los que hoy tiene, pero no precisamente en esta zona.

De otro lado, también es cierto que tampoco es 'otro' centro cultural lo que necesita esta zona. En un escaso radio se concentran la Casa de Cultura Estatal, el Centro municipal del Teatro López de Ayala, la Sala de Exposiciones del Colegio de Arquitectos, en un futuro posiblemente lo que resulte del traslado del Hospital Provincial, y algunos centros públicos más (eso sin contar con las actividades 'culturales' que la iniciativa privada desarrolla de vez en cuando en el Garaje Plá).

Si uno mira el asunto además desde la perspectiva del que vive y trabaja en el casco antiguo, las cosas pueden verse un poco más claras. Lo que realmente hacen falta en esta zona, en este nido de especulación, son viviendas sociales, son oficinas y despachos sociales, son locales sociales. Son espacios de vida y trabajo para aquéllos que prefieren vivir y trabajar en el casco antiguo y se encuentran con el freno de la especulación desatada (precisamente por la especie de propietarios y promotores que más han hecho  por la decadencia de los cascos antiguos) en los últimos meses/años. Basta pensar en el gran número de Talleres Ocupacionales relacionados con actividades y servicios propios del centro de una ciudad que el Ayuntamiento podría instalar aquí (pues no sólo hay que pensar en la albañilería): Publicidad, Reprografía, Autoedición, Delineación Digitalizada, Diseño Artístico, Reparación electrónica, Servicios Informáticos a la Empresa, Hostelería, Vídeo..., en suma trabajos de futuro para los que falta cualificación. Uno puede imaginar sin esfuerzo un gran edificio por un gran espacio libre porticado interior (como en alguna ocasión ya se ha planteado); en cuyos bajos habría locales 'sociales' para este tipo de actividades, y en las plantas superiores viviendas sociales para los hijos del casco antiguo que ahora deben 'emigrar' a Valdepasillas.

Que no les va lo social, o no lo permiten los grupos 'corporatistas' de turno..? Pues a especular en beneficio público. En tal caso lo más oportuno sería mantener ese mismo edificio citado, que ocupe todo el solar con la misma altura y volumen del Hospital Provincial, pero con el mismo tipo de viviendas y locales de alto standing que ahora se ofrecen a los nuevos ricos de la ciudad en otros edificios cercanos. Por supuesto que acusarán al Ayuntamiento de especulador, como ocurrió al plantearse la remodelación del Centro Hernán Cortés. Pero lo que es por mí, ganas tengo de que sea mi Ayuntamiento el que se lleve las plusvalías, que algún servicio me llegará de eso, y no de que sea mi vecino, que además nunca me prestará el yate. Yo creo que algo más de un 0,2 % de la población de Badajoz votaríamos por eso. Todos los que deploramos la especulación, y especialmente a los especuladores que encima pretenden tener la exclusiva.

En cualquier caso, el impasse en que se encuentra el dichoso solar es una buena excusa para que el Ayuntamiento de Badajoz rompa una mala costumbre y convoque un auténtico concurso público de ideas para la resolución formal, funcional y patrimonial de este espacio. De toda la imaginación que hay dispersa por la ciudad algo bueno saldría. Seguro."

Referencia: Baigorri, A. (1989). El solar de San Atón: contra especulación, imaginación. Diario Extremadura (19 de febrero). pág. 5