6.13.2026

La participación de la Sociedad Civil (2026)

La participación de la Sociedad Civil

Artemio Baigorri


Conferencia inaugural en la Jornada Ciudades Sostenibles. Agenda 2030 (Comunidades más humanas), organizada por la Federación de Asociaciones de Vecinos de Badajoz, 13 de junio 2026




Buenos días. En primer lugar agradecer la invitación a participar en este acto, y agradecer su presencia un sábado por la mañana, en un acto que ni desgrava, ni da puntos, ni ayuda en unas primarias, con lo que apetece aprovechar la fresca mañanera paseando antes de que el plomo se vierta sobre nuestras cabezas. Debo anticipar que yo no soy especialista en la materia, aunque algunas incursiones me ha tocado hacer, y que además hace años que no participo en nada, más allá de expresar mis opiniones en mi blog o en redes sociales. 

En esos versos tan famosos de Bertolt Brecht me quedé en los “muchos años”, siempre me ha dado yuyú convertirme en imprescindible. Un dictum que, por cierto, no conocía hasta que Silvio Rodriguez la metió en esa bella canción, Sueño con serpientes, y mira que de joven me sabía casi de memoria el librito de Poemas y Canciones que publicó Alianza ¡en 1968!. Y luego Internet se ha inundado del meme acompañando a cualquier causa. Pero la cita no es Brechet. Se la inventó, como tantas otras cosas buenas y malas, Silvio. Es uno de los primeros fakes, pero sólo uno más en la Historia del Panfletismo Militante. 

Pero hasta inventarse poemas para defender causas, buenas o malas, es participación. Así que bueno, podemos reflexionar un poco sobre todo eso.

Casualmente, el día que Anselmo Solana me contactó para proponerme participar en esta sesión, estaba subiendo al Blog que hace de repositorio abierto de mis textos un par de artículos que publiqué en 1993, hace casi media vida. En realidad era un solo texto, pero los directores de los periódicos en los que escribía artículos de opinión (vicio del ego del que me curé hace un cuarto de siglo con un blog) tenían más sentido común que yo y solían dividirlos en dos, y a veces incluso tres entregas, de lo largos y densos que eran. El artículo de origen, y primero de la entrega, se titulaba “Ciudadanos o idiotes”, porque por si alguien no lo sabe la palabra idiota viene directamente del griego idiote, que servía para describir a un ciudadano que se enfocaba exclusivamente en sus propios asuntos particulares.

Y arrancaba el artículo con una cita de Pericles, de su famoso Discurso fúnebre pronunciado en el 430 a.C. en honor a los caídos en el primer año de la Guerra del Peloponeso, que salvado del olvido por el historiador Tucídides se convirtió con los siglos en una de las piezas más célebres de la historia política y la retórica. 

Decía Pericles, el gran restaurador de la democracia ateniense, hace dos mil quinientos años: "Somos los únicos que consideramos no hombre pacífico, sino inútil, al que nada participa en la cosa pública". Y aún dijo más: "...no decimos que un hombre que no se interese por la política es un hombre que se ocupe de sus propios asuntos; decimos que aquí no tiene nada que hacer". Si corremos un tupido velo sobre el hecho de que aquella democracia no lo era ni para las mujeres ni para los esclavos, tenía motivos para sentirse orgulloso de la sociedad que habían construido. Una democracia que (no lo olvidemos porque la democracia siempre está en riesgo) no duró mucho, pues los sucesores de Pericles fueron un desastre.

El artículo defendía, en aquellos años noventa marcados por la primera ola de corrupción que acabaría con las mayorías absolutas parlamentarias que, paradójicamente, son la mejor garantía de la democracia, la participación política, los partidos políticos como garantía. Aún no podíamos imaginar todo lo bajo que podían llegar a caer.

Yo en aquella época era muy reticente a la Sociedad Civil, y en realidad en parte todavía lo soy, porque la Sociedad Civil no son sólo las ONGs altruistas, las organizaciones ecologistas o humanitarias. También la conforman los lobbys empresariales que defienden la energía nuclear, el uso de pesticidas, el consumo de alcohol o la fabricación de armas; también la conforman las corporaciones religiosas que tienen intereses muy claros; también la conforman todo tipo de organizaciones que defienden intereses de grupo, de casta, de etnia, intereses muy particulares que a menudo dan lugar a ese concepto que los populistas utilizan con tan mala baba, pero lo utilizan porque realmente existen, los chiringuitos que sirven más de modo de vida a algunas personas que de aportación a la supuesta causa que defienden. Pero es que la Sociedad Civil, todo ese magma de intereses y representaciones que está entre los ciudadanos concretos, usted y yo, y el aparato de Estado, esto es los partidos políticos intermediarios o directamente el Estado, es una parte esencial de la sociedad, y ojo, no sólo de las sociedades democráticas. No olvidemos que no pocas de las dictaduras autoritarias, como las que vivimos en España en un par de ocasiones en el siglo XX, precisamente articulan, o predican articular la representatividad, en base a esos grupos “naturales”. 

Pero volviendo a las sociedades democráticas, ¿de qué hablamos entonces cuando hablamos de participación? Porque la participación política sólo es una pata. La participación no es solo votar cada cuatro años, o cada dos o tres si no hay mayorías. Eso es lo mínimo, el suelo, no el techo. Participar es mucho más: es organizarse, proponer, exigir, vigilar, construir juntos.

Habría como cinco dimensiones.

De un lado la citada dimensión política, esto es la intervención ciudadana para influir en las decisiones del Estado, elegir gobernantes o diseñar políticas públicas.

Habría luego una dimensión propiamente ciudadana: esto es la acción de los individuos en la esfera pública para defender intereses colectivos y fomentar la transparencia institucional, por ejemplo creando opinión pública o haciendo lo que estamos haciendo hoy aquí. Diferenciar esa dimensión de la política no es fácil, pero yo creo que conviene hacerlo.

Habría una dimensión social en el sentido popular del término: aquí tenemos las agrupaciones de personas en organizaciones civiles (sindicatos, ONGs, asociaciones vecinales) para satisfacer necesidades comunes y representar intereses de sectores o grupos, pero de carácter general.

Pero hay también una dimensión comunitaria difícil de diferenciar de la social pero que yo creo que tiene sentido hacerlo, porque se trata de acciones locales desarrolladas por sectores de una comunidad para mejorar su calidad de vida y resolver necesidades específicas de su entorno. Es decir para mejorar su situación particular.

Y ojo, que también tiene una dimensión económica, que involucra a los actores en los procesos productivos, laborales y en la distribución de los recursos y el desarrollo local, regional, nacional, global. El emprendimiento social, por ejemplo, que en los últimos años ha alcanzado gran importancia, es un ejemplo, pero está dimensión es mucho más compleja. De nuevo el papel de los sindicatos, pero también las patronales, desarrolla esta dimensión.

Y luego tenemos niveles de participación, porque no es binaria (no se trata únicamente de participar o no), sino que varía en profundidad, según la incidencia real y efectiva de la acción participativa. Podemos distinguir tres niveles:

  • Información: que nos cuenten lo que pasa (el mínimo)

  • Consulta: que nos pregunten antes de decidir

  • Compromiso: sentirnos parte, involucrados en la acción

  • Decisión: que tengamos voz y voto real en lo que nos afecta

La mayoría de las veces nos quedamos en el primer nivel, muchas veces no por falta de voluntad de participación, sino porque faltan elementos: otros iguales interesados en el mismo asunto, que a veces es difícil de verlos, de descubrirlos aunque están ahí. O infraestructuras públicas que permitan avanzar en esos niveles. El reto sin duda es llegar al tercero. Y para eso sin duda hacen más las ganas que la disponibilidad de medios.

Las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas incluyen a menudo preguntas sobre participación ciudadana, ¿qué nos dicen en general? Pues que, si bien existe un alto interés general y disposición a colaborar en propuestas ciudadanas, la implicación real se desinfla a medida que se avanza en esos niveles de profundidad. 

Así, la inmensa mayoría está (o dice estar, que luego sabemos que no ocurre así en la realidad, salvo que te afecte directamente una acción, una expropiación, que te cierran el colegio de tus hijos, que trasladan el ambulatorio) dispuesta a asistir a reuniones a informarse: cerca del 83,1% de los encuestados se muestra dispuesto a participar en asambleas, reuniones de debate o apoyo a propuestas ciudadanas.

Pero sólo una cuarta parte de la población reconoce haber participado en manifestaciones o concentraciones, que ya implican una acción reivindicativa, no sólo informativa, de forma regular.

Y si vamos más allá, al nivel del asociacionismo, la afiliación y el voluntariado activo (asociaciones vecinales, ONGs, o sindicatos) agrupan a un porcentaje muy pequeño de la población (entre un 15% y un 20% dependiendo del ámbito de acción).

Por tanto hay una importante brecha entre el deseo y la acción:Los estudios de opinión del CIS indican que, a pesar de que cerca del 57% de los ciudadanos expresa un alto interés por la política, las barreras de tiempo, confianza y falta de canales directos hacen que esta participación se diluya, prefiriendo la mayoría dejar la gestión en manos de expertos institucionales.

Y además hay que ser honestos, la participación es incluso menor que la que los ciudadanos declaran en las encuestas, pues sabemos del sesgo del buenismo en las encuestas, en las que a pesar del anonimato a menudo el encuestado tienen a presentarse, especialmente si está respondiendo el cuestionario a una persona, con mejores rasgos de sí mismo . Y además de ser menor de lo que nos dicen las encuestas, es otra obviedad que ha bajado drásticamente en los últimos años. El espejismo del 15 M hizo creer que emergía una recuperación del compromiso social, pero en realidad sólo fue un movimiento político para hacerse un hueco en un espacio controlado hasta entonces por unos pocos grandes partidos. Al final en las asociaciones vecinales, en los grupos ecologistas, en las organizaciones feministas, en los cuidadores de los ríos y los animales, están quienes ya estaban antes de aquella eclosión, pero más viejos.

Y no porque la gente sea más cómoda o más egoísta, sino porque el sistema cansa. Algunos autores apuntan a tres razones principales:

La fatiga democrática. Cuando llevamos años participando, proponiendo, y nada cambia, llega un momento en que uno dice: "¿Para qué?" Eso no es apatía, es una respuesta racional ante la frustración.

La tecnificación de la política. Cada vez más decisiones se toman en despachos, con tecnicismos, con consultoras privadas. Se aleja al ciudadano de los asuntos que le conciernen. Los propios supuestamente nuevos movimientos alternativos han tecnificado incluso más los procesos, con dinámicas telemáticas que alejan a los ciudadanos comprometidos de participación efectiva en la toma de decisiones. Se pasa de votar en urna cada cuatro años a votar on line cada cuatro días y dar el visto bueno a las propuestas del líder supremo.

La precarización de la vida. Quien llega agotado del trabajo, o angustiado por llegar a fin de mes, tiene menos energía para reunirse, para organizarse. La participación también tiene un coste de tiempo y energía que no todos pueden o están dispuestos a pagar. Cuando el salario real, descontada la inflación, limita tu horizonte vital, es difícil tener ganas de participar. Hoy parece casi, en muchos sectores y ámbitos, casi un hobby de clases medias ilustradas.

Un buen ejemplo es lo que hace dos décadas considerábamos que era la panacea, los presupuestos participativos, que han seguido el ciclo clásico de muchas "innovaciones democráticas": euforia inicial, institucionalización rutinaria y, finalmente, fatiga y declive silencioso. Y la mejor prueba de su declive es que hasta los Ayuntamientos con mayorías que incluyen hasta la extrema derecha los aplican. 

Los PP nacieron en Porto Alegre (Brasil) en 1989, impulsados por la socialdemocracia, como herramienta de redistribución y democratización radical, y su expansión fue meteórica: en Brasil alcanzaron su cénit hacia 2004-2005, pero después sufrieron una caída pronunciada que redujo los casos activos a menos de la mitad en apenas una década. El propio Porto Alegre, la ciudad cuna del modelo, tiene hoy su proceso en situación incierta. En España el boom llegó con el movimiento 15M y los cambios municipales de 2015, cuando centenares de municipios iniciaron o reactivaron estos procesos. 

El problema central es la bajísima participación efectiva. En experiencias concretas documentadas, solo el 6,1% de los ciudadanos con derecho a participar como mucho lo hace, quedándose el 94% en casa. Pero el problema no es solo cuantitativo: la participación está sistemáticamente sesgada hacia los sectores con mayor capital cultural, político y organizativo, mientras los más vulnerables —migrantes, clases bajas, personas mayores sin acceso digital— quedan estructuralmente al margen. Lo que contradice la promesa original de inclusión y equidad.

Al final, según algunos analistas, se han convertido en un mito administrativo: su función real acaba reduciéndose a presentar cifras que satisfacen a los gobiernos de turno, sin garantizar ninguna corresponsabilidad ciudadana auténtica. Es una buena "fachada de innovación" mientras el diseño real está plagado de imperfecciones que garantizan su fracaso práctico. Sea por la…: 

  • Marginalidad presupuestaria: los montos sometidos a decisión ciudadana suelen ser simbólicos (a veces el 1-4% del presupuesto total), lo que desalienta la participación

  • Fatiga participativa: cada vez menos % participando; la ciudadanía se desilusiona cuando sus propuestas concretas no se ejecutan o tardan años; no les conforta que otros grupos o zonas consigan las suyas

  • Captura por actores organizados: asociaciones, grupos de interés y partidos acaban dominando el proceso

  • Desconfianza estructural: el escepticismo hacia las instituciones desincentiva la implicación

  • Brecha digital: la migración hacia formatos digitales, aunque amplía el acceso teórico, excluye a quienes no tienen competencias o conectividad

  • Baja ejecución real de proyectos ganadores

  • Prioridades políticas 

En España persisten experiencias activas, pero como cualquier modelo de innovación democrática sin respaldo institucional sólido ni cultura participativa arraigada, han demostrado ser más útiles como legitimadores simbólicos del poder local que como auténticos instrumentos de redistribución del poder político. La mayoría de las 20 ciudades más grandes de España mantienen o han mantenido presupuestos participativos activos en los últimos años, aunque con variaciones en escala, continuidad y participación. Normalmente utilizando plataformas telemáticas. En algunos ayuntamientos las ediciones ya no son anuales sino bianuales. El porcentaje del presupuesto municipal destinado suele ser bajo o muy bajo (entre el 0.5 y el 2% somo mucho de las inversiones, o un monto fijo), enfocándose en proyectos de distrito/barrio. La participación varía, siendo más alta en ciudades con tradición (Madrid, Bilbao o Zaragoza), pero es raro que pase el 1% de la población empadronada. Pensemos que en Madrid, donde se presume de la participación de más de 50.000 personas en ediciones recientes, hay 3,5 millones de empadronados, hablamos de apenas un 1,4%. 

Sin embargo, aquí estamos, convocados por las asociaciones de vecinos, que son uno de los espacios más genuinos y antiguos de democracia y participación que existen. Que a lo largo del último medio siglo han tenido grandes logros en España: los planes de remodelación de barrios en los años 70 y 80, las luchas por equipamientos —colegios, centros de salud, parques—, las movilizaciones contra desahucios de personas vulnerables más recientes. Todo eso tiene nombre y apellido: gente organizada.

Aunque seamos autocríticos. Las asociaciones tienen que renovarse para no quedarse solas con los mismos de siempre —que ya hacéis demasiado, por cierto—, y en este sentido yo creo que tienen  tres retos como más inmediatos:

Incorporar a los jóvenes, no como objetos de atención (porque en este sentido niños y jóvenes han sido siempre objeto de su atención, luchando por mejores infraestructuras y equipamientos educativos y de ocio) sino como protagonistas con voz propia

Conectar luchas: el problema de la vivienda, el del medio ambiente, el de los cuidados... todo está relacionado y deben conseguir hacer esa conexión para vincular a colectivos de otra forma desestructurados y políticamente egocéntricos, que sólo piensan en SU problema particular.

No dejarse domesticar: que parece un tópico decirlo, pero no lo es, porque sabemos que hay participación que sirve para legitimar lo que ya está decidido. Osea que hay que distinguir entre participación real y participación decorativa

Jane Jacobs, una socióloga autodidacta americana que también ha sido adoptada por urbanistas, economistas de la ciudad, y que impactó la Sociología Urbana en Occidente con su libro Muerte y vida de las grandes ciudades, en 1961, decía que "las ciudades tienen la capacidad de proveer algo para todo el mundo, solo porque, y solo cuando, son creadas por todo el mundo." Y quien dice la ciudad dice el barrio, la manzana, el bloque… Y es que lo hace especial al tejido asociativo, sea formal o informal (porque la presión política, de los partidos políticos,  ha hecho que muchas veces se desprecie y no se apoye la acción informal, no organizada, no burocratizada, más libertaria en el sentido auténtico del término, que nos lo han devaluado los libertarios) es algo que ninguna aplicación ni plataforma digital puede reemplazar: la confianza cara a cara. El lazo que se construye cuando uno conoce al vecino, cuando se comparte una lucha, cuando se celebra juntos un logro. Eso es capital social, y es lo más valioso que tiene un espacio de convivencia.

En momentos como este, en que mucha gente siente que la política se ha alejado de su vida, los espacios como este —una jornada de vecinos, una asamblea de barrio, una comisión de fiestas que acaba hablando de cosas más serias— son casi subversivos. Son pequeñas escuelas de democracia. Y tomando una frase muy tópica pero no por ello menos cierta de Eduardo Galeano, "mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.". Y eso es lo que quienes participáis, quienes seguís participando, hacéis. 

Un ejemplo lo tengo delante de casa, en San Fernando, en ese resto de planeamiento (de mal planeamiento, el Plan General de Badajoz es de los peores que he conocido, diseñado en función de intereses urbanísticos demasiado concretos y sin pensar en la ciudadanía), una cesión con la que en treinta años el Ayuntamiento no había hecho nada, a pesar de que está calificado como Zona Verde, pero que desde hace tres o cuatro años unos pocos vecinos, granito a granito, van transformando en un espacio verde más. Como ese hay cientos de espacios en este Badajoz mal planeado, en zonas densamente pobladas como es San Fernando. Lo que podría hacerse si para ayudar en esos microprocesos autónomos hubiese expertos (biólogos, arquitectos, agrónomos) dispuestos a echar una mano a los vecinos.

Hay una frase del sociólogo y filósofo francés Henri Lefebvre que expresa muy muy bien lo que que quiero decir, para cerrar mi intervención: "El derecho a la ciudad no es simplemente el derecho a lo que ya existe, sino el derecho a transformar la ciudad según nuestras necesidades." Y eso vale igual para el barrio, para el pueblo, para la comunidad de vecinos.

Muchas gracias, espero que haya algo de tiempo para algún diálogo.




CONVOCATORIA



12.09.2025

Los procesos sociales y culturales que configuran y extienden la placenta social modifican la conformación cerebral y son producto y causa del cerebro social (2025)

No es la primera vez que me ocupo aquí del concepto de placenta social, pues tengo el blog salpicado de notas notas sobre el tema.  

Es un concepto, que cuando lo empecé a utilizar a finales de siglo, no existía, y de hecho sigue sin existir formalmente porque no me he ocupado de él  en un paper (¿tendré que hacerlo, con lo cansino que es y lo poco que aporta?) en una revista anglosajona Q1 [1]. Y sin embargo es un concepto esencial para entender algunos de los grandes cambios sociales contemporáneos. Tendré que darle en cualquier caso algo más de forma y colgarlo en SocArchiv y Zenodo.   

Empecé a reflexionar en torno al concepto de placenta social, al tener que ocuparme (aunque no era un tema que me atrajese) de temáticas relacionadas con la Juventud, primero con temas de empleo, luego con temas de ocio nocturno, aspectos educativos, adicciones, etc. Se sucedieron una serie de ensayos preparados para intervenciones en distintos foros, y luego me tocó desarrollar algunas investigaciones de cierto impacto sobre el asunto, primero en relación con un fenómeno nuevo de ocio nocturno, en cuya publicación resultante específiqué detalladamente el concepto de placenta social (Baigorri, Fernández et al, 2003), luego en relación con los problemas de la educación en Extremadura (Baigorri y Muñoz, 2005). El tema lo incorporé a mis materiales educativos tanto en la docencia de Introducción a la Sociología como en Sociología de la Educación. Su utilización me supuso incluso sufrir a principios de siglo una de las primeras cancelaciones conocidas en nuestro país de la Era Woke [2].

Recojo tal cual lo que escribí en el apartado dedicado al tema en (Baigorri, Fernández et al. 2003), texto en el que ya introducía el concepto de generaciones que hemos desarrollado ampliamente, desde 2013 en diversas publicaciones con Manuela Caballero:

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La evolución de los animales parece conducir (es la evidencia, nada más lejos que buscar una orientación teleológica) a una creciente y más larga dependencia de las criaturas. Frente a todas las especies más viejas, el embrión de los mamíferos se adaptó a un modo de vida “parasitario” (Barnett, 1966: 86). Tienen que alimentarse, durante su gestación, de la propia madre.

Pero hay grados. Los marsupiales pesan en torno a 1 gramo al nacer, pero aún ciegos son capaces de llegar por sí mismos a la bolsa marsupial, en el caso de los walaby siendo poco más que fetos. El ganado vacuno, con un periodo de gestación similar al humano, es capaz de ponerse de pie nada más nacer y caminar torpemente en busca de las mamas de su madre. Los seres humanos, hasta pasados unos meses, no podemos ni siquiera reptar, y tardamos un mínimo de un año en poder caminar.

La clave de esta aparente estupidez de la Naturaleza está en una paradoja de un calado enorme. Lo que nos permite a los humanos escribir este libro, leerlo o comentarlo on line con alguien que resida en Sidney es, entre otras cosas, el cerebro, que tiene la particularidad de ir aumentando a medida que el feto se va desarrollando, de forma que la mujer debe dar a luz en una fase temprana, para que la cabeza del niño pueda pasar por un conducto pélvico cada vez más estrecho.

Es producto de la evolución. Al contrario de lo que ocurre con la mujer moderna, la hembra del australopitecus daba a luz en una fase avanzada porque su cráneo menos grueso podía pasar perfectamente por su conducto pélvico que además era algo más ancho. Naturalmente, la necesidad de dar a luz en una fase temprana del desarrollo del feto requiere un periodo posterior prolongado de cuidados al recién nacido. En suma, los seres humanos requerimos un largo periodo de cuidados hasta que podemos empezar a reducir la dependencia de nuestros padres; o más exactamente de la sociedad, como se pone de manifiesto en los nacidos prematuros, cuidados no por su madre sino por técnicos especializados en esa tarea.

Por lo tanto, ese mismo cerebro que aporta a los seres humanos crecientes instrumentos de creatividad e independencia, les hace cada vez más dependientes de los otros seres humanos. La evolución de nuestra especie es por tanto, hasta hoy al menos, una evolución hacia lo social. La sociedad es cada vez más imprescindible para el individuo; es, para el desarrollo del individuo, como una prolongación exterior de la placenta materna, que en cierto sentido se desprende al alcanzar la madurez.

Tan sólo se plantea aquí una analogía organicista -no un salto cuántico-, lógica si consideramos que del mismo modo que la especie viene siguiendo biológicamente ese camino, no es improbable que un proceso semejante se esté dando en lo social. Partimos, en nuestra reflexión, de una evidencia irrefutable que nos aportan las ciencias de la vida: en términos generales, y aunque podamos encontrar excepciones, a medida que crece la complejidad de los organismos biológicos, su ciclo formativo, o periodo de inmadurez, se extiende.

Es en este sentido en el que planteábamos, desde una perspectiva teórico-epistemológica, la cuestión del límite superior. Como hemos puesto de manifiesto en otros trabajos (Baigorri, 1997, 1998, 1999), en la actualidad nos enfrentamos a un proceso de cambio social de carácter estructural, a una readaptación orgánica, en función del alargamiento de todos los ciclos vitales, y que por tanto influye entre otras cosas en un progresivo atraso del momento de incorporación al trabajo de los seres humanos. 

Consideremos, de una parte, que en nuestras sociedades ricas y tecnológicamente avanzadas las necesidades materiales básicas de cualquier familia están cubiertas, sea de forma autónoma o mediante ayudas públicas; son ya muy escasos los jóvenes que deben buscar trabajo de forma imperiosa para que su familia pueda comer, como ha ocurrido históricamente.

De otra parte, la cantidad de conocimientos, saberes y hábitos que el ser humano ha debido asimilar antes de enfrentarse a cualquier ocupación son crecientes: un niño de 8 años podía incorporarse hace cien años, o hace incluso unas pocas décadas, a buena parte de las tareas agrícolas, o a las minas... Hoy, a pesar de que en apariencia la tecnología simplifica nuestras vidas, los conocimientos que hay que dominar para ejercer cualquier oficio, e incluso para desenvolverse en la vida cotidiana, son mucho mayores [3]. 


No es extraño así que en todas las encuestas en las que se pregunta por el grado de acuerdo con el enunciado "Nuestra sociedad exige cada vez a los jóvenes los porcentajes de acuerdo sean muy altos". En la realizada por el INJUVE-CIS en 1997 entre jóvenes de entre 15 y 29 años, el 83 % de los propios jóvenes se mostraba de acuerdo con la misma (CIS, 1999). En la realizada en Extremadura en el año 2002, padres (con un 63,6 %) madres (con un 68,9 %) e hijos (con un 61,3 %) están de acuerdo con esa afirmación.

¿Qué tiene de particular que, así como los humanos, en tanto que mamíferos más evolucionados, somos los que más tardíamente nos convertimos en seres orgánicamente autosuficientes, asimismo la evolución conduzca a un periodo cada vez más amplio de preparación para la autosuficiencia social, como se expresa en el gráfico que resume el modelo?.

En este sentido, ya en (Baigorri, 1991) señalábamos la necesidad de incorporar al epígrafe de jóvenes, en todo lo que al mercado de trabajo se refiere, a los menores de 30 años, en consonancia con el retraso en la edad de la emancipación que se venía observando desde los años ‘80, y que en modo alguno puede atribuirse en exclusividad al paro o la carestía de la vivienda.

Desde hace más de una década se apuntan tendencias en esa dirección, aunque sin llegar a plantearse explícitamente. Así, el ya clásico estudio sobre la familia de C.C. Harris apuntaba a mediados de los ‘80, como tendencia histórica, el alargamiento de la estancia en el nido de los jóvenes (Harris, 1986). Por su parte, Roberts ya definía en la misma época lo que denominaba como un “nuevo modo de vida”, en el que los jóvenes pasaban una larga etapa dedicada a la formación, dependían más tiempo de sus familias y tenían una mayor inseguridad respecto de la vida adulta (Roberts, 1985). En la literatura sociológica española de la época se presta atención a ese fenómeno, pero no se termina de ver que el de hecho de que “la generación de los años ‘80 está dejando de ser joven sin que sus miembros logren insertarse plenamente como ‘adultos’ en la sociedad” (Zárraga, 1985: 385) no se debía únicamente al bloqueo del camino por parte de la llamada generación del 68 (algo que, por lo demás, era y es obvio), sino que se trataba también, y en mayor medida, de una tendencia general observaba en otras sociedades.

En los últimos años, sin embargo, parece que también en España hay entre los investigadores consciencia de esas tendencias. Así, (Pallarés, Feixa, 2000) consideran que las transformaciones en el mundo de los jóvenes vienen determinadas por: a) alargamiento de la edad de incorporación al trabajo y de abandonar el domicilio familiar; b) aumento de la dependencia familiar; c) ampliación del tiempo de escolarización; d) pérdida de peso demográfico; y e) diferencias en los contenidos y formas de socialización. Parece, por tanto, que hay una lenta pero creciente confluencia global, desde hace casi dos décadas, en el diagnóstico.

Y poco a poco los datos vienen corroborando en mayor medida el modelo. Según la encuesta más reciente del INJUVE el 74 % de los jóvenes vive en el domicilio familiar, por mucho que la mitad (50,8 %) dicen estar dispuestos a emanciparse. De hecho, y según datos procedentes de la Encuesta de Población Activa, a lo largo de la pasada década se ha venido reduciendo el número de hogares en los que la persona principal (cabeza de familia) es un joven entre 16 y 29 años, pasando e 591.600 hogares, en 1990, a 453.300 en 1997.

Algunos investigadores, como ocurre por ejemplo de forma sistemática en los informes sobre la juventud vasca, aún siguen creyendo que la razón de que la edad de emancipación se haya alargado en los últimos 25 años hay que buscarla "principalmente en la falta de ingresos y el elevado precio de la vivienda"; pero lo cierto es que, según la oleada del sondeo del INJUVE del cuarto trimestre del 2001, entre los jóvenes españoles de 15 a 29 años la vivienda (a pesar de su carestía objetiva, que ha alcanzado niveles propios de república bananera) sólo la incluyen entre sus dos principales preocupaciones el 4,4 % de los encuestados [4]; un porcentaje del 26,8 % incluyen los problemas relacionados con el trabajo o su búsqueda entre esos dos problemas que más les preocupan, pero lo cierto es que un porcentaje similar, un 26 % de los encuestados, dicen no tener ningún problema, o al menos ninguno importante. Y es que nuestros jóvenes están, en realidad, felices, y por eso les gusta divertirse ruidosamente. Volveremos a ello.

El sondeo a nivel europeo realizado en los quince países miembros durante la primavera del 2001 por el European Opinion Research Group, entre jóvenes de 15 a 24 años (nuevamente horquillas no coincidentes unas con otras) muestra que, aunque la mayoría de los entrevistados alega no tener los medios suficientes para independizarse, un 37 % declara no hacerlo simplemente porque prefieren el “confort sin responsabilidades” del domicilio familiar que la autonomía, y un 32 % que prefieren aprovechar las posibilidades del hogar familiar para acumular ahorros para prepararse unas buenas condiciones de salida, así como un 29 % declara simplemente que “cuanto más tarde se salga, mejor”. Un 28 % considera que el hecho de los padres sean menos estrictos es una buena razón para quedarse.

Naturalmente, bajo los presupuestos que he puesto de manifiesto, no podemos estar de acuerdo con la creencia, extendida entre algunos investigadores, de que “la juventud no se define tanto como un periodo de transición a la vida adulta, sino como una nueva etapa de la vida del individuo, plena y autónoma” (Casanovas, Coll, 1998). A la vista de los datos y conclusiones de numerosos estudios realizados en los últimos veinte años, parece evidente que sí se trata de una transición, que además cada vez se alarga más.

Volviendo a los límites, a tenor de lo visto parece razonable el situar el límite superior de la categoría de jóvenes en los 35 años. De hecho, aunque no hemos podido explotar los datos correspondientes al Censo de Población de 2001, una encuesta realizada por el INJUVE en 1996 mostraba que ya entonces un 27 % de los jóvenes de entre 30 a 34 años convivían todavía con sus padres, cifra que sin duda se ha incrementado sensiblemente en los últimos años.

En diversas ocasiones se ha propuesto, y parecía la solución sociológicamente más razonable, incluir como jóvenes a los comprendidos entre los 14 y los 30 años. De hecho, el INJUVE considera la horquilla de los 15 a los 29 en sus estudios desde la primera mitad de los años ‘90. Sin embargo, al día de hoy y habida cuenta de esa tendencia general que venimos explicando, seguramente habría que revisar esos límites operativos, y extenderlos desde los 14/15 a los 34/35 años[5].

En cualquier caso, hechas estas consideraciones, no hay que olvidar que tampoco podemos hacer un paquete indiferenciado con los jóvenes, consideremos una horquilla de edades u otra.

Por un lado, son evidentes las profundas diferencias que marca la edad a lo largo del proceso de transición de la infancia a la vida adulta. Podríamos hablar, al menos, de un estadio adolescencia (cuya duración probablemente se viene ampliando por arriba y por abajo) hasta los 16/17 años; un estadio de juventud estricta (hasta los 26/27); y un estadio de juventud funcional (hasta los 34/35). En realidad, esos límites intermedios, deberían ajustarse pensando en la eficiencia empírica, esto es, en la disponibilidad de fuentes primarias de información sobre cada tramo, puesto que es indiferente a efectos de programas de acción poner el límite un año arriba o abajo.

Otros muchos autores introducen otro tipo de diferenciación entre los jóvenes al utilizar el concepto de generaciones, sugerido por José Ortega y Gasset y Margaret Mead, manejado ampliamente por Julián Marías y convertido en concepto operativo para la Sociología por Nerina Jansen. Se trata de un concepto que intenta una especie de cuadratura del círculo entre los conceptos de cambio y permanencia, al considerar que "el Hombre no crea nuevos valores y normas, crea perspectivas sobre las normas y valores reinantes en un momento dado. Estas perspectivas, aunque difieren entre las generaciones coexistentes, a menudo sólo suponen ligeros cambios, sin implicar, normalmente, una ruptura radical con las perspectivas que existieron en el pasado" (Jansen, 1976, 158). En España el concepto de las generaciones ha sido y es ampliamente utilizado; pero sociólogos de perspectivas tan distintas como Karl Mannheim o David Riesman nos advirtieron de que "no es fácil decir cuándo termina una generación y empieza otra, porque las gentes no se producen en hornadas, como tortas, sino que nacen constantemente. Y sólo en ciertos países y en ciertas épocas los acontecimientos históricos, inconscientemente transmitidos de padres a hijos, conducen a un vacío entre generaciones" (Riesman, 1965: 341). Por lo que hay que manejarlo con sumo cuidado. 

Pero más importante me parece hacer otro tipo de distinciones al tratar de la juventud. A menudo, el concepto juventud no es sino una estratagema de la razón para ocultar, o disminuir la importancia, de otro tipo de divisiones sociales bastante más determinantes que la edad. Me es indiferente si otorgamos mucha o poca importancia al concepto de clase social, o preferimos utilizar categorías como el género, o los grupos de status... Lo importante es que, con independencia de que, desde una perspectiva psicológica, o incluso microsociológica, las distintas edades conlleven niveles de madurez distintos, problemas de interacción  distintos, sin embargo las grandes fracturas están no en la edad, sino en el acceso a los bienes, ya pensemos en el acceso a los medios de producción, o a aquellos bienes que hoy constituimos indicadores del bienestar y la riqueza. Las diferencias que repetidamente muestran los estudios sobre jóvenes nos alertan sobre la importancia de esas clasificaciones. 

¿Cómo vamos a hablar entonces del comportamiento, actitudes o necesidades de los jóvenes extremeños? ¿Qué tienen que ver los jóvenes de los barrios marginales con los de las zonas nobles de la ciudad, los hijos de jornaleros o empleados de comercio con los hijos de terratenientes o profesionales liberales?. Por supuesto que todos ellos tienen problemas de comunicación con sus padres, y un cierto toque de inseguridad; todos se enamoran y bajan entonces el rendimiento en los estudios. Sin duda alguna, pero ese es un problema que atañe a los psicólogos y psico-pedagogos. Pero a los sociólogos nos interesa más conocer las diferencias estrategias de integración en la sociedad (Casal, 1997), los distintos elementos utilizados para la construcción de su identidad (Ariza, Langa, 1998), los esquemas excluyentes de ocupación del espacio (Rathzel, 1998) que utilizan esos grupos sociales plenamente diferenciados, y a menudo enfrentados. En suma, nos interesa conocer qué persiguen, y qué capacidad de elección tienen para alcanzar lo que persiguen. Sobre todo, porque las estructuras sociales tienen bastante cerrado el campo de elección para muchos sectores de la población juvenil (Tepperman,Wilson, 1990)."

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 Bien. Pues lo interesante a fecha de hoy es que una amplia investigación sobre cambios en la configuración cerebral recientemente publicada (Kanakaraj P, et. al, 2025) confirma, sobre una base biológica, mi teoría de la placenta social. Como estoy perezoso, dejaré que Gemini ponga todo esto en limpio.

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"La teoría sociológica de la "placenta social" de Artemio Baigorri se alinea conceptualmente de forma notable con los hallazgos neurocientíficos sobre la prolongación de la maduración cerebral. 

La "placenta social" es el concepto utilizado por Baigorri para explicar cómo el desarrollo social (específicamente en la Sociedad Telemática o Postindustrial) conlleva un retraso sistemático en la incorporación de los nuevos miembros a las funciones adultas de la sociedad. 

Puntos de conexión entre ambas ideas:

Periodo de Dependencia Extendido: Baigorri argumenta que, en las sociedades avanzadas, el período de maduración efectiva se extiende. La edad de independencia (emancipación) se sitúa, según sus análisis sociológicos, entre los 25 y los 30 años, debido a factores económicos y sociales como la dificultad para encontrar trabajo fijo o acceder a una vivienda.

Correlación Neurobiológica: El estudio neurocientífico, al ubicar el punto de maduración cerebral máximo y el final de la adolescencia (en términos de plasticidad y desarrollo de la materia blanca) alrededor de los 32 años en países occidentales, proporciona un posible sustrato biológico o una correlación empírica a la observación sociológica de Baigorri.

Influencia del Entorno: Ambas perspectivas (sociológica y neurocientífica) convergen en la idea de que la maduración no es solo un proceso biológico interno e inmutable, sino que está profundamente influenciado por el entorno social y cultural en el que se desarrolla el individuo. La "placenta social" es el andamiaje (educación prolongada, dependencia económica) que retrasa la "incorporación" a la adultez. 

En resumen, los datos de la neurociencia y la teoría sociológica parecen ser caras de la misma moneda, describiendo cómo las estructuras sociales modernas están reconfigurando la trayectoria vital y el desarrollo humano, tanto a nivel social como (probablemente, por plasticidad) a nivel biológico."

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Me queda por encontrar demostración empírica y biológica (llegará), en el marco de los avances de la epigenética, de cómo todos esos cambios terminan generando "líneas" en el código genético de la especie, bien a nivel de especie o grupal. Pero esa es otra (aunque sea la misma) historia.


Placenta social y cerebro social

Pero una "placenta social", sostengo, necesita de un "cerebro social" para pensarla, implantarla, gestionarla y ampliarla...¿hasta qué límite de edad? 

Un artículo de Joseph Henrich analiza cómo la capacidad humana para hacer inferencias causales podría ser el núcleo del éxito evolutivo de la cultura, más que la simple imitación o el aprendizaje social "ciego". Desde la perspectiva de la evolución cultural discute por qué los humanos desarrollan culturas material y simbólicamente tan sofisticadas en comparación con otros animales, utilizando como caso empírico a cazadores‑recolectores Hadza y el diseño de arcos para explorar cómo la gente entiende qué rasgos técnicos realmente afectan al rendimiento.

Y el psiquiatra Pablo Malo anota, al comentar el artículo, anota que

"la evolución cultural acumulativa, y no la inteligencia individual ni un entendimiento causal completo, es el motor principal del extraordinario éxito tecnológico humano.

Tendemos a pensar que las innovaciones surgen del ingenio personal -como defiende Steven Pinker al hablar de una "inteligencia improvisacional”-, pero la evidencia muestra que las herramientas sofisticadas emergen de procesos colectivos: aprendizaje social, imitación, recombinaciones afortunadas y retención selectiva de variantes útiles a lo largo de generaciones.

Henrich pone el ejemplo de los cazadores-recolectores Hadza de Tanzania, que fabrican arcos de caza extremadamente potentes -comparables en rendimiento a los usados en competiciones olímpicas- transmitiendo el conocimiento por observación desde la infancia, pero sin comprender plenamente los principios mecánicos y de diseño que los hacen eficaces. En pruebas realizadas, sus intuiciones causales sobre mejoras en el arco fueron a menudo erróneas o peores que el azar.

En definitiva, la cultura actúa como un "cerebro colectivo" que acumula mejoras incrementales más allá de la comprensión individual, permitiendo a nuestra especie conquistar entornos extremos desde el Paleolítico y explicando por qué somos ecológicamente dominantes sin necesidad de que cada inventor entienda completamente su creación."

Y efectivamente, es el cerebro social el que genera la cultura en el sentido sociológico y antropológico del término (es decir, todo aquello que permite a las sociedades vivir y sobrevivir), con pruebas y errores (que se corrigen gracias a la circulación de la información).

La forma moderna de ese cerebro social es la noosfera que intuyó Vladimir Vernadsky y comprendió Theilard de Chardin, cuya expresión más refinada actualmente es la IA, que como nunca antes conecta, unifica conocimientos, reflexiones, hipótesis, análisis y propuestas gestadas por cerebros individuales para producir algo que no es de nadie en particular. Y por tanto, no debería ser nunca DE una empresa, pues es un producto de la Humanidad toda, aunque empresas negocien, como han hecho con los libros desde su origen, con su manejo y distribución. 

Lo he venido formalizando desde finales del siglo XX en sucesivos trabajos

https://textosdeartemiobaigorri.blogspot.com/1995/11/el-derecho-la-ciudad-revisitado-la.html

https://textosdeartemiobaigorri.blogspot.com/2019/08/hacia-la-urbe-global-el-fin-de-las.html

https://textosdeartemiobaigorri.blogspot.com/2007/05/la-gran-promesa-y-sus-descontentos.html

https://lacisoc.blogspot.com/2023/12/nueva-publicacion-hacia-la-sociedad.html

Relacionar los hallazgos del artículo de Henrich sobre inferencia causal en la evolución cultural con el "cerebro social" inspirado en la noosfera de Teilhard de Chardin permite escalar la tesis individualista del estudio hacia una dimensión colectiva telemática, donde la inferencia no es solo cognitiva personal sino un proceso distribuido en redes sociales y digitales que conforman una "capa pensante" global. Esto enfatiza que el éxito cultural humano radica en la acción coordinada de un "cerebro social" emergente, alimentado por tecnologías telemáticas, que filtra causalidades colectivas más allá de la imitación tribal como en los Hadza.

Vinculo el "cerebro social" a la noosfera teilhardiana en tanto es una esfera de pensamiento colectivo que evoluciona con las TIC, superponiéndose a la biosfera como interconexión neuronal planetaria. Los hallazgos del artículo encajan aquí porque la inferencia causal, al pasar de individuos a grupos telemáticos, genera conocimiento acumulativo no local, similar a sinapsis en una red global que prioriza causas eficaces sobre correlaciones superficiales.

Y precisamente la placenta social -como extensión colectiva del cuidado infantil, ampliada por procesos sociales que modifican incluso la conformación cerebral- surge de esa acción colectiva evolutiva, donde la inferencia causal grupal (no individual) sostiene la dependencia prolongada humana y su nicho de desarrollo cooperativo. De alguna forma artículo ilustra cómo este mecanismo cultural-telemático "nutre" la placenta, extendiéndola temporal y funcionalmente en la sociedad postindustrial, desde la aloparentalidad primitiva hasta redes globales de soporte.

En suma, la evolución cultural demanda acción colectiva porque la inferencia causal aislada limita la complejidad (como en cazadores-recolectores), pero en un "cerebro social" telemático genera innovación acumulativa que retroalimenta la placenta social, confirmando empíricamente su impacto biológico y cultural. Esto posiciona la placenta no como epifenómeno, sino como motor de transiciones evolutivas hacia mayor interdependencia global.

Lógicamente, todo esto no está acabado, ni de lejos. Seguiré desarrollando estas notas, porque creo que dan para mucho más.

 

Bibliografía

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Baigorri, A. (2025, enero). Temas pendientes: Del conocimiento a la estupidez... [Blog]. Artemio Baigorri. URL: https://baigorri.blogspot.com/2025/01/temas-pendientes-del-conocimiento-la.html

Baigorri, A. et.al.(2023). Hacia la Sociedad Telemática. LCS

Baigorri, A. (1999). 'Jóvenes en Extremadura. Pocos datos, y algunas reflexiones'. Curso de Gestión de Programas Juveniles. Escuela de Administración Pública de Extremadura

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Baigorri, A. (1997). 'Jóvenes y mercado de trabajo en Extremadura'. I Jornadas Transfronterizas sobre Empleo Juvenil. Secretaría Técnica del Plan Integral de la Juventud

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Casal, J. (1998). ‘Recesión y emergencia de modalidades de transición a la vida adulta'- REIS. Num 75, pp. 295-317

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Castilla, A. (2015, 26 de abril). Teilhard de Chardin y la Noosfera. Economía y Futuro. URL: https://economiayfuturo.es/teilhard-de-chardin-y-la-noosfera/

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Riesman, D. (1965). Abundancia, ¿para qué?. Fondo de Cultura Económica

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Tepperman, L., Wilson, S. (1990). Choices and Chances. Sociology for everyday life. Westwiew Press

Zárraga, J.L. de (1985). Informe Juventud en España. La inserción de los jóvenes en la sociedad. Instituto de la Juven­tud/Ministerio de Cultura



Notas

[1] La búsqueda del mismo nos dice mucho de cómo está funcionando la difusión de la Ciencia en estos momentos, y de cómo funciona la IA. Cuando pregunto a Google sobre el concepto, es capaz de inventarse un artículo que existe, pero en el que en absoluto se utiliza el concepto de "placenta social", ni se refiere a ella, sino que trata de la placenta biológica.


Sólo cuando le activo "Profundizar en modo IA" parece enterarse de qué estamos hablando, y entonces sí cita tanto el origen de quien tomé el término (Moreno lo utilizó circunstancialmente refiriéndose a la identidad familiar, para la que no es una denominación adecuada) como la utilización sociológica y antropológica que yo hago del mismo. Osea que ya vemos qué chapuza de la IA básica y del buscador, no hay que dejarse llevar nunca por la primera impresión.

 


[2] Durante varios años, la principal organización feminista de la región (no citaré su nombre por piedad, porque su acción sólo evidencia una incultura atroz) me invitó a participar (pro bono, por supuesto) en charlas y seminarios sobre temas relacionados con la mujer (sucesivamente con intervenciones sobre mujer y publicidad, situación de la mujer, hombres y mujeres, violencia de género, etc.). Pero en mi última intervención, no consigo recordar la naturaleza y temática del seminario, utilicé mi analogía de la placenta social para explicar algún aspecto que tampoco recuerdo. Y se montó la marimorena nada más y nada menos que por decir que nacíamos sin terminar de formar, al contrario de otros mamíferos, debido a la conformación del esqueleto de la hembra bípeda. No sé qué demonios entendieron algunas pero a la salida vinieron varias ofendidas, y por supuesto quedé cancelado para siempre, nunca me han vuelto a llamar enel cuarto de siglo siguiente.   

[3] Imaginemos uno de los empleos de más bajo status en nuestra sociedad: el de basurero. Hace apenas diez años el basurero se limitaba a arrojar sacos de basura o vaciar cubos en un remolque de tractor o incluso de caballería. Llevaba el remolque al vertedero y lo descargaba en bruto. Hoy el basurero -que habrá pasado algún tipo de examen- debe manejarse con eficiencia adaptando los contenedores al elevador hidráulico, y manejar una herramienta que envuelve y compacta con sumo cuidado para no sufrir accidentes; debe hacer una separación básica, distinguiendo al menos aquellos materiales que pueden dañar la máquina; incluso la fuerza que hay que desarrollar es superior, para manejarse con los grandes contenedores; debe moverse con soltura entre el complejo tráfico nocturno de las ciudades... en suma, la complejidad de las tareas de ese puesto aparentemente tan simple se ha multiplicado: un niño de 12 años no podría andar ayudando a su padre a recoger la basura por los barrios de una ciudad, como recordamos haberlos visto en nuestros pueblos.

[4] Otros informes de ámbito regional, como el más reciente sobre la juventud catalana, ponen el acento en que “si bien los costes de la vivienda pueden haber sido el principal factor a la hora de explicar el retardo de la emancipación durante la segunda mitad de los ochenta y la primera mitad de los noventa, hoy en día estos costos ya no son el principal obstáculo para la emancipación” (Serracant, 2001: 76). Señalándose como un factor mucho más importante, en la línea de la teoría que apuntamos, el alargamiento del periodo de formación. En suma, se habla también de una “estrategia de adaptación acomodándose a las posibilidades” (ibidem: 78), lo que -si tenemos en cuenta la perspectiva del individualismo metodológico que marca ese estudio- perfectamente podríamos conciliar con nuestro modelo evolutivo de carácter más ecológico-funcional.

[5] Aunque no servirá de mucho si no hay un consenso a nivel internacional; pues mientras España utiliza ya en casi todos sus estudios la horquilla 15-29, el Eurobarómetro sigue utilizando la horquilla 14-24.



Referencia (como citar): Baigorri, A. (2025). Los procesos sociales y culturales que configuran y extienden la placenta social modifican la conformación cerebral y son producto y causa del cerebro social. URL: https://textosdeartemiobaigorri.blogspot.com/2025/12/se-confirma-empiricamente-que-los.html


12.04.2025

Generación Greta: menos lobos (2025)

 


"4. Conclusiones

Los sucesivos análisis empíricos que se vienen haciendo y el que nos ocu-
pa en la actualidad así lo evidencian también. Muestran la contradicción 
flagrante que existe entre los discursos generacionales, esto es las actitudes 
aparentemente mostradas por las distintas generaciones, y que los medios de 
comunicación reflejan continuamente faltando a la realidad, y sus hábitos y 
prácticas de consumo o vida.
A nuestro juicio el origen hipotético de esta decadencia generacional de 
los valores ambientales bien podría estar en lo que Baigorri (2012) plantea: 
el excesivo alarmismo ante las cuestiones ambientales. Lo que algunos de-
nominan apocalipsis en realidad desanima y desincentiva a la población del 
compromiso ambiental, por cuanto parece que no hay remedio y, por tanto, 
cabe aplicar el dictum clásico: carpe diem. Es decir, pasa de todo y disfruta 
mientras puedas."



Cita: Baigorri, A., Caballero, M. (2025): Generación Greta: menos lobos. en Gobernanza de riesgos desde los estudios socioambientales: desafíos y avances en el ámbito iberoamericano , Universitat d'Alacant. pp.195-206


12.30.2024

Réinventer, revendiquer ou assumer le Sud ? (2024)

La revista  Desenvolvimento e Sociedade. Revista Interdisciplinar em Ciências Sociais, de la universidad de Évora, recoge en un monográfico algunas de las ponencias de coloquio organizado por la AISLF (Association internationale des sociologues de langue française) y el polo CICS.NOVA de la universidad de Évora "Asymétries territoriales : enjeux socio-environnementaux et facteurs d’inégalités" el 2 y 3 de junio de 2022. El artículo recoge una versión más académica de la ponencia. Al final del texto se incluye la presentación utilizada durante la exposición.

  


Resumo

O texto propõe uma reflexão, em forma de ensaio, apresentado em mesa redonda, sobre o relativismo social da dialética Norte/Sul, bem como sobre o potencial civilizatório do Sul do Norte, ou seja, do Sul Europeu.

Assim como levanta toda a relevância e necessidade de valorização de alguns autores que, tendo contribuído para um conhecimento mais profundo das nossas sociedades, ficaram fora do “mainstream” sociológico.

Palavras-Chave: Dialética Norte/Sul; Desenvolvimento desigual; Sul global; Mediterrâneo.

Résumé

Le texte propose une réflexion, sous la forme d'un essai présenté lors d'une table ronde, sur le relativisme social de la dialectique Nord/Sud, ainsi que sur le potentiel civilisateur du Sud du Nord, c'est-à-dire le Sud européen.

Il soulève également la pertinence et la nécessité de valoriser certains auteurs qui, ayant contribué à une meilleure compréhension de nos sociétés, ont été laissés à l'écart du courant sociologique dominant.

Mots clés : dialectique Nord/Sud ; développement inégal ; Sud global ; Méditerranée.


 1 Introduction

Je vais commencer mon exposition de manière introspective. Parce que je suis né, élevé et éduqué dans le Nord du Sud du Nord, au milieu de la banane bleue ibérique, mais je vis dans le Sud depuis longtemps.

Quand j'étais enfant, je ne connaissais pas le Nord et le Sud. Nous avons utilisé une dichotomie haut/bas : on montait et descendait dans une autre ville, selon qu'elle était située plus haut ou plus bas en altitude que notre ville. Nous ignorions tellement les points cardinaux que nous attribuions à une montagne située à l'Est à l’origine du vent cierzo, sœur du mistral, qui vient en réalité du Nord.

Ensuite, nous avons appris avec la géographie qu’une région, une montagne, tout se situe dans des coordonnées précises, mais la vie sociale est plus complexe : par exemple, le Nord espagnol est le Sud français. Le peuple catalan, apprécié en Espagne comme sérieux, travailleur, dans le sud de la France est apprécié comme tapageur, amoureux des taureaux et de fêtes. Le Pays basque, qui dans le premier tiers du vingtième siècle était notre Nord, la modernité industrielle en Espagne, berceau des grands intellectuels, était un Sud étrange et primitif pour la France.

Puis j'ai quitté le Nord géographique et social pour venir dans une poche de pauvreté du Sud géographique et social : l'Estrémadure.



L'Estrémadure et l'Alentejo étaient des régions pauvres dans les années quatre-vingt. Les plus pauvres d'Europe lorsque nos pays ont rejoint l'Union européenne. Mais plusieurs millions d'habitants de la planète aimeraient aujourd'hui avoir le niveau de développement que l'Estrémadure, ou l'Alentejo, avait alors.

On dit d'un sage qu'un jour il était si pauvre et misérable qu'il ne mangeait que des herbes qu'il avait cueillies. Y en aura-t-il un autre, se dit-il, plus pauvre et plus triste que moi? Et quand le visage revint, il trouva la réponse, voyant qu'un autre sage ramassait les herbes qu'il a jetées.(Calderón de la Barca, 1996, p.12)

En fait, lorsque les pays d'Europe de l'Est sont entrés dans l'Union européenne, ces régions ont découvert qu'elles étaient presque riches. C'est pourquoi on ne peut pas parler de Sud Global, concept qui fait aujourd’hui partie du courant dominant de les sciences sociales (19,500.000 apparitions sur Google en anglais) parce que le Sud est une position relative, et parce qu'il y a des Suds qui se font concurrence et se pillent.

2 Sud ou périphéries?

Je préfère le concept classique de centre-périphérie de Raúl Prebisch, qui visualise le système capitaliste mondial comme des espaces développés et sous-développés interdépendants (Prebisch, 1971). Avec ce modèle, nous analysons le pillage (de la population, de l’eau, de l'énergie, de la nourriture pas chère) auquel certains territoires espagnols ont été soumis par les régions riches, dans le cas d’Aragon(Gaviria, 1977), du sud de la Catalogne(Baigorri, 1979) , ou de l’Extremadure (Baigorri, 1978; Gaviria & Naredo, 1978).

Pendant des siècles, le Sud n'a pas existé. Il y avait le monde, la civilisation, et au-delà la terre inconnue peuplée de monstres. Le domaine grec s'est étendu pendant des siècles par certaines fondations isolées en Méditerranée. Depuis, la latinité était la civilisation. L'humanité était la latinité qui a colonisé le Nord, homogénéisant la diversité tribale.

Le sociologue Edgar Morin disait, à la fin du siècle, que

l'Europe n'est qu'un fragment de l'Occident, alors qu'il y a quatre siècles l'Occident n'était qu'un fragment de l'Europe. Il n'est plus au centre du monde, elle a été jetée à la périphérie de l'histoire (Morin, 1988, p.169)

Mais quand on parle du Sud on parle à la première personne. Je parle du Sud d'une Europe qui est peut-être déjà à la périphérie de l'Histoire, mais qui n'en reste pas moins un espace d'où personne ne sort et auquel chacun veut accéder. Un Sud qui bénéficie des plus-values ​​que le Nord obtient du Sud pauvre, mais qui est aussi, conceptuellement, une partie indissociable du Nord.

3 Le Sud comme fondement du Nord

Je me perds quand la question rhétorique de ce que le Sud peut apporter est soulevée. Parce qu'il a déjà assez contribué. Dans ce Sud il y a des institutions politiques comme le Tribunal de l'Eau de Valencia, qui se réunit à l'ombre de la cathédrale pour dicter la justice aux utilisateurs du système d'irrigation, qui fonctionne depuis plus de deux mille ans(Beltrán & Willi, 2011). Lorsque les Romains ont occupé l'Hispanie, ils ont trouvé des systèmes locaux complexes de gestion de l'eau, qu'ils ont respectés et codifiés (Galvez, 2016).

Les abus commis par les conquérants espagnols et portugais en Amérique, dénoncé par certains religieux espagnols, ont suscité, au XVIe siècle, une réflexion intellectuelle et politique, générant un nouveau corps doctrinal des droits pour les indigènes. Bien que, paradoxalement, ces plaintes qui ont donné lieu à de nouvelles formes de droit aient été utilisées par les dirigeants de Grande-Bretagne et des Pays-Bas, grands exploiteurs de colonies, pour construire la fameuse Légende noire de l'Empire espagnol, contre lequel ils se sont battus pour l'hégémonie dans les océans(Payne, 2019).

Ces innovations dans le droit des gens ont eu leur effet démographique: lorsque les processus d'indépendance ont commencé en l’Amérique Hispanique, selon des chiffres recueillis dans (Rosenblat, 1967), le pourcentage de population indigène aux États-Unis et au Canada était de 3% (entre 1848, lorsque les États-Unis ont occupé la Californie, et 1880, la population indienne est passée d'environ 150 000 à 16 000), en Guyane française de 4% et au Brésil de 9%. Cependant, au Mexique il était 55%. Bien qu'actuellement il n'y aurait guère de chiffre contesté, selon l'Institut National de la Statistique et de la Géographie de México oscillerait entre 6 et 19%, selon les variables considérées (INEGI, 2022)

Je veux citer deux auteurs (inconnus en dehors de l'Espagne et de l'Amérique hispanique) car ils expriment, au dix-neuvième siècle, deux manières d'aborder la dialectique Nord/Sud.

Angel Ganivet était un andalou passionné qui s'est suicidé à l'âge de trente-trois (33) en Europe du Nord. Mais il a eu le temps de construire des analyses de l'urbain á (Ganivet, 1905) au moins aussi subtil que celles de Simmel ou de Park (Baigorri, 2001).

Et Joaquin Costa était un Aragonais intéressé par une compréhension scientifique de la société espagnole et de ses défis (Gómez Benito, 2021), mais dans un sens plus général était un sociologue non universitaire intéressé par des sujets aussi divers comme l'histoire agraire (comme Max Weber), les religions primitives (comme Durkheim), et par les questions que David McClelland développera un demi-siècle plus tard, comme «achieving societies» (McClelland, 1976). En analysant le déclin espagnol Costa soutient que la société espagnole était ancrée au quinzième siècle, morte de succès, et propose de "mettre sept clés au tombeau du CID” et devenir un Nord, européanisant l'Espagne (Costa, 1914), alors que les penseurs basques Unamuno et Baroja qui, décoloniaux avant la lettre, voulaient hispaniser l'Europe. Costa veut que l'Espagne oublie son passé colonial qui, contrairement au reste des pays européens, cela n'a pas apporté la richesse, mais la folie et la ruine, comme l'aventure chevaleresque à Don Quichotte.

Angel Ganivet veut une modernisation qui ne laisse pas de côté ce que l'Espagne accumule, du fait d'être peut-être le plus grand creuset de l'histoire, après mille invasions de peuples du Nord, du Sud et de l'Est. La dernière, sans succès, depuis la France (A. Ganivet, 1990).

Comme exemple de ce creuset, aussi de la France, des familles sont venues dans ma ville il y a des siècles. Ils ont émigré d'un Nord pauvre, dans les montagnes, vers un Sud plein de promesses, dans la vallée de l'Èbre. De nombreux patronymes de ma commune sont des toponymiques qui correspondent à des communes de Basse-Navarre, les territoires du Royaume de Navarre faisant aujourd'hui partie de la France. Ainsi, mon propre nom de famille, Baigorri (de Baïgorry), et d'autres comme Espeleta (de Espelette), Suescun (de Suhescun), Yoldi (de Iholdy), Larralde o Sola (de Soule). J'en accumule plusieurs dans ma généalogie.

André Siegfried a proposé que

ce n'est pas l'Europe latine qui a fait la révolution industrielle, mais (...) le point de vue latin, dans la considération des problèmes, dans la conception même que l'on se fait de la vie, constitue un aspect indispensable de notre civilisation. (Siegfried, 1950, p.47).

Il y en aura qui se révolteront pour avoir cité Siegfried dans ce siècle. Mais la psychologie des peuples, c'est ce qu'a fait Inglehart, et il n'y a pas de valeurs plus postmatérialistes que celles qui ont gouverné Don Quichotte.

4 Sud local vs. Sud global

Mais revendiquer le Sud ne peut être revendiquer des identités, des rites, des folklores, que comprennent les stigmates: l'irrationalisme, le dolce far niente, une vie subventionnée. Le Sud auquel je peux prétendre est celui qui a construit l'État, les droits pour les indigènes, la tolérance, la diversité. Un Sud qui est en fait le Nord, car le Nord est construit avec des briques du Sud.

C'est pourquoi j'évite le concept de Sud Global, cette réinvention du Sud. Je n'accepte pas une fusion étrange avec d'anciennes cultures prédatrices et oppressives sur lesquelles des histoires de pureté souillée sont maintenant reconstruites. Celui qui est libre des péchés ancestraux, jette la première pierre, mais ne mélange pas mon Sud avec celui qui opprime les femmes ou celui qui exalte ceux qui, il y a quelques siècles, Ils s'exerçaient à arracher les cœurs, et pas dans le sens surréaliste de Boris Vian. Même Rousseau serait effrayé par le creuset du bon sauvage proposé aujourd'hui. Parfois je pense que dans les années soixante-dix, quand on voulait ouvrir une brèche dans l'édifice presque soviétique de la pensée structuraliste, de la modernité éclairée, on jetait le bébé avec l'eau du bain.

5 Conclusion

Quand je pense à mon Sud, je ne pense pas aux mythes ancestraux. Je pense aux trains et aux autoroutes. Je pense à l'arrivée, un jour, du train à grande vitesse. Qui relie Extremadura et Alentejo au Nord. Je pense à une autoroute pour relier la Méditerranée à l'Atlantique. Que nos territoires ruraux disposent de réseaux numériques de qualité pour que les promesses de la Société Télématique puissent se concrétiser ici aussi. Un Sud intégré dans la marche de la civilisation. Pour le meilleur et pour le pire.

Un Sud vers lequel ceux qui ont émigré peuvent revenir. Ma fille est retournée en Estrémadure il y a quelques mois. Après avoir travaillé pendant près de vingt ans dans des compagnies de ballet en Espagne, en Irlande, au Portugal, en Allemagne et en Italie, il souhaite revenir dans sa ville, créer sa propre compagnie dans la périphérie Sud. Je veux que cela soit maintenant possible. C'est le seul Sud que je revendique. Le reste pour les touristes

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Presentación utilizada en la ponencia


 


 Cómo citar

Baigorri, A. (2024). Desenvolvimento e Sociedade. n.º 12. pp. 129-134. ISSN eletrónico: 2184-2647

URL: https://www.revistas.uevora.pt/index.php/desenvolvimento_sociedade/article/view/722/1193