En 2012 celebramos el encuentro intercongresos del Comité 21 de Sociología y Medioambiente de la Federación Española de Sociología en Alicante. Dada la cercanía de Benidorm, en donde Gaviria desarrolló su principal investigación sobre turismo, sugerí y pareció bien, hacerle un pequeño homenaje duranmte las jornadas. Era en Alicante, en donde además habíamos trabajado juntos en 1981, el Plan General de Ordenación Urbana. Y lógicamente me tocó a mí hacer la presentación del homenajeado, en la Universidad de Alicante, el 7 de Septiembre de 2012
Presentando a Mario Gaviria
Artemio Baigorri
Mario me ha insistido en que no haga hagiografía, que me dedique a elucubrar en vez de hablar de él, y además es justamente
a él a quien hay que escuchar en este punto. Pero he de cumplir con el encargo de la organización, por lo que voy a intentar, ahorrando el máximo posible de tiempo, reduciendo al máximo lo biográfico
y apologético, y elucubrando todo lo posible, explicar de una forma sintética, y a ser posible amena, por qué Mario Gaviria es merecedor de este sencillo, pero sincero homenaje.
Como lo nuestro es la dialéctica entre Medio ambiente y Sociedad, empezaré por hacer algunos apuntes sobre por qué la figura de Gaviria es importante desde
una perspectiva medioambiental, para la cuestión ambiental, y luego haré lo mismo en relación con la Sociología.
Para simplificar la primera parte, voy a limitarme a reproducir algunos de los argumentos que justificaron la concesión del Premio Nacional de Medio Ambiente en el año
2005. Es interesante, porque tiene su miga sociológica el asunto. Píensese que el Premio Nacional de Medio Ambiente es un premio curioso. Pues por un lado la convocatoria incluye un premio para economistas, que
son justamente el sustrato ideológico del desastre ambiental del siglo XX, otro para los conservacionistas, ya sean gestores o vendedores de coleccionables, y finalmente otro para el periodismo ambiental. Es decir,
a priori no cabía un Gaviria, seguramente el padre del ecologismo español, pero ni economista, ni conservacionista, ni periodista. Qué cosas, ¿no?
Muy gracioso, porque el premio para los economistas lleva el nombre de Lucas Mallada, aquel regeneracionista (pero sobre todo geólogo) que en cierto modo planteó
la primera visión transdisciplinaria de la relación entre medio ambiente y sociedad. Pensemos en capítulos de su famoso libro dedicados a temáticas tan poco geológicas, y por supuesto económicas,
como “la desidia de la Administración Pública”, o “los defectos del carácter nacional”; una actitud que de hecho compartían otras personalidades, de entre las cuales sin duda el más eximio representante
era Joaquín Costa. Pero esos intelectuales, en realidad, no eran sino la expresión nacional de un fenómeno tan global como lo es ahora la cuestión ambiental, y que con particularidades culturales
e ideológicas expresaban un Georges P Marsh en los Estados Unidos, Patrick Geddes en el ámbito del Imperio británico, Pietr Kropotkin en Rusia, o Elisée Reclus en Francia. Fenómeno que quedaría
ahogado en un siglo que emergía marcado por el mecanicismo, la super-especialización y la organización burocrática del pensamiento y el conocimiento.
Casi un siglo más tarde aquel hilo perdido de Ariadna (transmutada para algunos en Gaia) empieza a retomarse aquí y allá. Y como entonces, hay de nuevo expresiones
locales, regionales, nacionales, bien diferenciadas, pero vuelve a plantearse el denominador común de la transdisciplinariedad. Curiosamente Henri Lefebvre será el primero en señalar como camino virtual
–es decir, posible- al conocimiento de ciertas realidades sociales, como la ciudad, o eso que aún llaman algunos la ruralidad. Y es en este punto, en ese momento histórico y en ese proceso de recuperación
del hilo perdido de la Ariadna que ayuda a Teseo a escapar del laberinto del productivismo y el economicismo, en el que la figura de Gaviria adquiere su auténtica dimensión, como uno de los principales introductores
en España no sólo de conceptos, sino también de actitudes, y valores, que a la larga han resultado fundamentales para la protección ambiental.
Su revisión, desde presupuestos ecológicos,
de la Ordenación del Territorio, y más específicamente tanto del Urbanismo como de la Ordenación Rural, no sólo introdujeron nuevas –y antiguas- ideas, sino que sobre todo animaron
a muchos especialistas de la arquitectura, el urbanismo, la ordenación rural, la sociología, la ingeniería hidráulica y de caminos, la gestión de la energía,... y por supuesto la economía,
a reorientar su trabajo en una dirección nueva.
Pero sobre todo, en síntesis, podríamos decir que, como antes los regeneracionistas, desarrolló una ingente actividad creativa, científica
y de difusión de los valores ecológicos, promoviendo justamente el que desde diversas disciplinas de las Ciencias Sociales se prestase, en España, una atención a los problemas ambientales. Una labor
que, como en el caso de los regeneracionistas españoles, ahora calificaríamos como transdisciplinaria.
Por tanto, Gaviria parecía el candidato ideal para un Premio Lucas Mallada de Ciencias Sociales
y Medio Ambiente, pero resulta que como ante decía, el premio se limita, se especializa, a los méritos en cuanto “al estudio y caracterización de los vínculos que unen a la Economía con el medio ambiente en España”, en suma, a los economistas (lo que en términos medioambientales no deja de ser una divertida paradoja).
En cuanto a la modalidad “Conservación de la Naturaleza” pretende reconocer la “labor creadora, de investigación o de difusión (que) haya representado una contribución importante para la conservación de la fauna o flora de España”. Fíjense cómo, de nuevo, se cierra corporativamente el campo, con los términos “fauna y flora”. Sí, sabemos de qué target hablamos, ¿no?
Pero resulta que Gaviria Labarta, sin ser biólogo, ni redactor de coleccionables, había hecho mucho para la conservación de la fauna y la flora de este
país. Voy a citar únicamente seis hitos (aunque podían ser sesenta)
1. Desempeño, entre 1968 y primeros años de los ’80, de una intensa labor de difusión de la conciencia ecológica, mediante escritos, investigaciones,
conferencias, debates e intervenciones en los medios de comunicación, durante una buena parte de ese periodo bajo el riesgo de sufrir los efectos de la represión política por parte de la dictadura franquista.
Hoy, casi cuarenta años después de que, en 1968 y en el prólogo a la edición española de “El derecho a la ciudad” de Lefebvre, Gaviria escribiese que "el derecho a la vivienda, el derecho a la naturaleza, el derecho a la vida urbana para todos, acabarán siendo inscritos en los Derechos Humanos", eso parece un lugar común, casi una obviedad. Pero sin el concierto y compromiso de algunas personas, y entre ellas muy significadamente de Mario Gaviria Labarta, ese lugar común, esa obviedad,
no lo serían en España.
2. Articulación de la oposición, entre 1977 y 1980, a la construcción de una fábrica papelera, y de una central nuclear, en Tudela (Navarra), presentando
argumentos económicos, sociales, y sobre todo ecológicos que llevaron a numerosos grupos sociales a asumir dicha reivindicación y, finalmente, impedir dicha construcción, contribuyendo así
a la conservación de la vegetación de ribera del río Ebro.
3. Articulación, entre 1975 y 1878, del proceso de investigación y difusión de criterios, en colaboración con
otros científicos sociales y técnicos, en base a los cuales pudo evitarse la construcción de varias centrales nucleares en las comarcas aragonesas del Bajo Aragón.
4. Articulación
del proceso de investigación y difusión de criterios, en colaboración con otros científicos sociales y otros activistas ambientales, para la oposición a la construcción de una central
nuclear en Valdecaballeros (Badajoz), contribuyendo de una manera importante a crear el estado de opinión en base al cual pudo quedar, años después, definitivamente abandonada, la construcción de
dicha central. Contribuyendo así a la conservación de la fauna de las Vegas del Guadiana, y muy especialmente de la especie humana. Y no sólo a ello, sino incluso a la conformación de una identidad
regional en Extremadura, con los libros Extremadura Saqueada (1978) y El modelo extremeño (1980), dentro de la que el medio ambiente constituye un factor de identidad fundamental.
5. Contribución a la difusión, y sobre todo a la concienciación local y regional, sobre
la problemática de la gestión del agua, con trabajos colectivos desde Vivir del Ebro en 1978 hasta La quimera del agua en 1995. Sus trabajos de análisis y diagnóstico fueron fundamentales para la construcción de una estrategia
no basada en sentimientos primarios, sino en razones técnicas y socio-económicas, de oposición a los trasvases intercuencas, y muy especialmente al trasvase del Ebro a las cuencas mediterráneas.
Todo eso de la Nueva Cultura del Agua no habría existido sin esa labor previa.
6. Su tarea formadora de técnicos relacionados con el urbanismo y la ordenación territorial preocupados por la cuestión
ambiental, mediante su participación en cursos de postgrado, seminarios y conferencias dirigidos a arquitectos e ingenieros de caminos, en los años ’70, es asimismo inseparable de las nuevas actitudes que
hoy podemos observar en muchos de esos técnicos a la hora de afrontar el planeamiento urbano y territorial.
Por más que los avatares personales, y las señas de identidad de la sociedad española
(que cambia de sistema político, de caballos de tiro, de ideas y de actitudes, y por tanto de predicadores, con la misma facilidad con que se cambia una chaqueta o se expulsa a un participante en Gran Hermano) alejasen
parcialmente a Mario Gaviria de “la cuestión ambiental”, era innegable que su labor creadora, de investigación y de difusión contribuyeron profundamente, a lo largo de casi dos décadas, a la protección de la flora y la fauna de este
país.
Así que no sé en base a qué apartado, o a los dos, el caso es que el dieron el Premio Nacional de Medio Ambiente, aunque no se adaptaba, a priori, a ninguno de los dos.
¿Y con la Sociología?
Para eso tenemos que dar un pequeño salto teórico.
Yo conocí a Gaviria hace muchos años. Como él siempre cuenta la historia de forma reconstruida, para hacerla más épica o más
divertida, me adelantaré esta vez y la contaré como fue.
Yo estudiaba entonces periodismo, pero había decidido no seguir haciéndolo en la UAB, en donde estudiaba, porque era un coste insostenible
para mi familia, y además había una creciente y cada vez más evidente exclusión de los estudiantes no catalanes. Así que andaba por Zaragoza, malviviendo con pequeños trabajos, a veces
trabajando en el campo en casa para legitimarme ante la familia. Entre mis trabajos precarios estaba la corresponsalía en mi pueblo de un diario zaragozano, que me daba para algún que otro paquete de tabaco, desde donde llevaba
mi particular batalla contra la autopista del Ebro, en la que había embarcado a mi padre, a la sazón presidente de la Hermandad de Labradores (nombre mucho más digno que el falsamente empresarial de Cámara
Agraria, que lógicamente ha fenecido).
Tenía 19 años cuando me contactaron desde la revista progre de Aragón, Andalán, para que escribiese para ellos un artículo
sobre la autopista. Yo, lógicamente, me emocioné, y me dispuse a escribirlo. Pero cuando casi lo tenía acabado me llaman diciendo que Mario Gavioria, que pertenecía al consejo de la revista, había
venido de Benidorm a Zaragoza, y me planteaban que hiciésemos el trabajo juntos. Y a mí aquello a priori no me gustó por dos razones: primera, porque soy muy individualista, y en plena adolescencia no
digamos con la cosa de las autorías. Y segunda, porque llevaba yo semanas leyendo críticamente y subrayando, anotando, un número monográfico de Cuadernos para el Dialogo sobre la agricultura española,
y el artículo de Gaviria me había cabreado bastante, aunque a la vez me había estimulado e inquietado. Venía yo de leer al socialdemócrata Kaustky, de La cuesgtión agraria con su entusiasmo por la mecanización y la tecnología agraria, y
al anarquista Kropotkim de Campos, fábricas y talleres, y el artículo de Gaviria ponía en solfa todo eso de la industrialización.
Como además, por lo visto, venía habitualmente a robarnos agua de la fuente a mi pueblo, Mallén, porque en el suyo, Cortes, apenas a dos kilómetros de distancia, tenían un agua muy mala, me llamó
y me dijo que si no me importaba se pasaba por mi casa a llenar las garrafas, y ya hablábamos lo del artículo. En realidad el artículo ya lo tenía terminado, y cuando él lo leyó le
encantó y me dijo que por él no cambiaba nada, que lo firmábamos juntos porque era lo que querían los de Andalán.
Pero si en el artículo no cambiamos cosas, sí que me hizo entender
algunos otros aspectos territoriales, de dialéctica, conflictos…. Y como flautista de Hamelín, como hizo con tantos otros, con su verbo fácil me arrastró del periodismo a algo que durante años no sabía cómo definir ante mis padre,
hasta que muchos años más tarde decidí hacer la carrera de Sociología para poder decirles que era sociólogo.
¿Quién era ese flautista de Hamelin? Alguien destinado a ser un abogado de provincias al que el mundo le cambió la vida. No sé si antes, o
después de terminar Derecho, un profesor de la facultad, que luego sería alcalde de Zaragoza, Sainz de Varanda, le anima a ver mundo y lo envía a Estrasburgo, en donde casualmente había dado con
sus huesos Henri Lefebvre, seguramente harto de la intelligentsia parisina, controlada por el Partido Comunista del que había puesto pies en polvorosa al consolidarse el estalinismo. Bueno… Todo esto son hipótesis
mías, que no pìenso contrastar.
El caso es que, como a tantos otros, Lefebvre (y el extranjero, de por sí) le abrió mundos mucho más complejos. Y sin Lefebvre no se puede entender
la aportación de Gaviria a la Sociología, igual que sin Gaviria no se puede entender buena parte de la difusión de Lafebvre, pues fue su introductor en el mundo hispano con sus ediciones y traducciones.
Yo creo que Lefebvre tuvo tres hijos reconocibles, aunque seguro que los lefebrevianos californianos o suizos no lo reconocen así, porque no salen al extranjero
(osea, no conocen España): por un lado Manuel Castells, que es el hijo que quiere matar al padre, e intenta matarlo a conciencia, desde la tropa althusseriana apoyada por los cañones del Partido Comunista Francés. Se creyó que era un Marx frente a un Hegel, a intenta darle la vuelta, pero lo que hizo fue poner la cabeza en los pies, y luego
pisarla sin gracia ni estilo. La conclusión: los comunistas consiguieron hacer desaparecer a Lefebvre de las universidades. Hoy de la cuestión urbana de Castells no queda nada, porque era una soberana tontería, mientras que Lefebvre
es adorado en las escuelas de urbanismo, y es recuperado por la teoría sociológica.
Jean Baudrillard, por el contrario, intenta sobrepasar al maestro, y casi lo logra volviéndonos locos a medio occidente, con una crítica de la postmodernidad que produce
más postmodernos quie ningún otro autor, al menos en la Sociología.
Y finalmente Mario Gaviria, que es el buen hijo. El único que recupera viejos textos y los publica (De lo rural a lo urbano, hoy uno de los clásicos esenciales lefebrevianos),
que le busca casa en la costa española, que lo trae a comer y beber… que le busca incluso un apoyo para liberarse de algunas ataduras familiares… Pero sobre todo, lo respeta y agradece.
Ha aportado saber hacer, mirada sociológica
Es Lefebvre, más Costa, más Lucas Mallada, más Ganivet (aunque de eso ni él ni nadie de sus generación son conscientes)… más
California.
Cuando yo fui a Chicago… descubrí que allí en los USA el pope de la sociología ambiental resulta que hacía, con mucha menos
profundidad y lo digo sin abuela, lo que aquí habíamos hecho, o a la vez o un poquito antes, en torno a la competencia por los usos del suelo. Pero nuestra producción está desperdigada en
informes técnicos, no publicada enm revistas que leen los quince universitarios que mandan en un campo disciplinario.
Cómo dejar atrás a los maestros sin matarlos. A eso tenemos que aprender en la Sociología española. Sobre todo en la Sociologías críticas.
Porque la otra lo hace muy bien. Porque en serio, ¿a alguien le ha inspirado alguna línea, si es que lo ha leído, de Gomez arboleya, o alguno de esos otros supuestos fundadores de la Sociología española?
Sin embargo, los textos y sobre todo el verbo de Mario han inspirado, y siguen inspirando, a varias generaciones de sociólogos.
Es su turno.