1.14.1977

Apuntes para un nuevo sindicalismo agrario (1977)

De cuando estaban empezando a legalizarse los sindicatos, pero en el campo no había otros que la vertical Hermandad de Labradores y Ganaderos. Digo muchas tonterías, propias de mis 20 años, y alguna cosa con sentido, o eso creían quienes me publicaban. El otro artículo que se anuncia en la portada también es mío.


 

APUNTES SOBRE SINDICALISMO AGRARIO

Se encuentra recién nacida en nuestra región una polémica sobre sindicalismo agrario. Poco desarrollados los trabajos teóricos en este aspecto de la lucha de clases, y con todavía menos práctica sindicalista, el problema se encuentra poco menos que en un puntos muerto, aunque también posiblemente en los inicios de su desarrollo. Fernández Clemente en su «Aragón Contemporáneo» nos da noticia de un solo sindicato de mínima importancia dentro del sector agrícola antes de la implantación de la dictadura. Sin embargo, la observación del fenómeno menos nos lleva a plantearnos la base misma del sindicalismo agrarista. Sindicato, ¿de quién es?, ¿con qué fines?, ¿contra quiénes?, ¿con qué tipo de organización?

Sindicato de clase

El mayor error que podría cometerse en nuestra Región sería el desarrollo de un sindicato de clase malentendido, como sería un sindicato de jornaleros. Los trabajadores del campo, la clase trabajadora agrícola, no está únicamente compuesta por los trabajadores por cuenta ajena, sino también por los pequeños y medianos propietarios, algunos de ellos incluso contratantes de mano de obra aunque de forma no sistemática, sólo temporalmente. Un sindicato campesino, en primer lugar y desde luego, ha de ser «de clase». Y la clase campesina, repito, está compuesta por jornaleros, pequeños y medianos propietarios, es decir, por todos aquellos que de una forma u otra «venden» su fuerza de trabajo, aunque esta venta solo se vea aparentemente clara entre los jornaleros. Entenderlo de otra forma no sólo es injusto, sino también irracional, expresión de falta de análisis científico.

Contra la clase dominante

No es a los pequeños y medianos «empresarios» agrícolas a los que el «proletario» del campo debe enfrentarse, sino que todos ellos juntos deben enfrentarse a la clase dominante: latifundista, intermediarios, fabricantes de productos provenientes de la agricultura (conserveras, etc.), y en general, al capital en sus muchas manifestaciones exteriores. La clase dominante, a lo largo de estos treinta años, se ha empeñado en enfrentar a las clases medias del campo con los trabajadores por cuenta ajena, siendo sus intereses confluyentes. Los intereses de toda la clase campesina, jornaleros, pequeños y medianos propietarios, son los mismos.

Dentro de una agricultura racional, estos pequeños y medianos agricultores no necesitarían en absoluto mano de obra, por obra y gracia de la necesaria mecanización. Esto los convierte, los está convirtiendo ya, en explotaciones tipo, explotaciones familiares donde con los propios brazos, y con la ayuda de maquinaria, bien propia, bien comunitaria, se realiza la explotación de determinada cantidad de tierra, de determinado número de Has. La determinación del tamaño de una explotación familiar de este tipo es algo muy relativo al tipo de agricultura, a la región en que se desarrolle y a otros fenómenos externos e internos, por lo que deben ser los mismos agricultores, ayudados de técnicos, los que lo determinen por sí mismos.

Reforma agraria

Con una Reforma Agraria de tipo burgués desaparecería el proletariado agrícola de nuestra Región, al pasar la tierra en su totalidad a manos de los que la trabajan, esto es, repartiendo la tierra actualmente inculta, los nuevos regadíos que se construyan, es decir, mediante la expropiación de cuantas propiedades, grandes o pequeñas, no son explotadas directamente por sus dueños, o bien para su explotación utilizan determinado número de jornales. Toda esta tierra sería repartida entre los que actualmente trabajan para otros. Naturalmente que, en una Reforma de este tipo, es decir, burguesa, el Estado compra la tierra a sus actuales propietarios, a un precio justo, y la cede, o la vende con grandes facilidades, a los colonos que se instalen en ellas.

En este momento la clase campesina se homogeneiza; todos son propietarios, todos son «empresarios», pero siguen interesados, enfrentados a los del capital, sin existir intereses encontrados entre sí mismo; ni siquiera a nivel aparente (como puede suceder hoy), al ser una clase homogénea. Es en este momento cuando el sindicato es propiamente «de clase», aunque a nivel profundo ya lo fuese antes.

Un sindicato campesino ha de serlo pues de todos aquellos que cultivan la tierra de forma directa, ya que son explotados por la clase capitalista, a través de intermediarios, fabricantes de piensos y conservas, y del propio Estado burgués, cuya transformación debe estar entre los objetivos finales del sindicato.

Respecto a los fines que un sindicato campesino debe perseguir, son los mismos que los de cualquier otro sindicato por un lado, la consecución de «parcelas» de bienestar social, que han de arrebatar a los capitalistas. Por otro, y a más largo plazo, la transformación de la sociedad capitalista en socialista, así como trabajar en la preparación de las bases sobre las que se ha de fundamentar la estructura agrícola en la nueva sociedad para que la producción sea mayor, y desaparezca de forma total la explotación del hombre por el hombre o por el Estado. En este sentido, todo sindicato que no cuente con un sector crítico dentro del mismo se transforma en un instrumento al servicio de la clase dominante, ya que al perseguir solamente mejoras de tipo económico, convirtiéndose en un movimiento economicista, se olvida bajo los augurios del capital, de su fin último, que es la transformación de la sociedad.

Contra el capitalismo

Un sindicato agrícola debe enfrentarse a la clase capitalista en todas sus manifestaciones, desde el Estado burgués que apoya cuantas campañas lanza el capital para conquistar más beneficios, hasta el más mínimo intermediario que medra gracias al trabajo de los campesinos.

Sindicato unitario

Llegado a este punto, parecería que lo más idóneo fuera sindicato unitario, y así algunas organizaciones sindicales creen que basta cambiar a las personas que están actualmente dentro de la Organización Sindical, y democratizar esta un poco para que la cosa funcione. Craso error. De ninguna manera puede dar resultado un sindicato único si su unión se ha realizado desde arriba. Nada es más deseable para el sindicalismo que la unidad, pero ésta sólo tiene sentido si se realiza desde la base, si es la base quien propone a los cuadros la unidad a través de sus representantes, y no al contrario, por decreto. Si somos realistas, veremos que de ninguna otra forma se podría trabajar mejor por la emancipación de la clase campesina que a través de un sólo sindicato, dentro de una única plataforma sindical. Sin embargo, es inalienable el derecho a la libertad sindical, tanto si no se sindica nadie como si en consecuencia del desempeño de tal derecho surgen 300 sindicatos.

Por otro lado, esta libertad sindical debe asimismo manifestarse dentro del propio sindicato, el cual ha de tener una estructura absolutamente democrática, y entre cuyas básicas condiciones están la elegibilidad y revocabilidad de los cargos, y ha de ser independiente del gobierno, para que realmente pueda ser representativo y reivindicativo. Un sindicato cuyos cargos no son el fruto de una elección democrática, o bien cuya organización está relacionada con el gobierno es un sindicato servil y tarde o temprano, terminará por no tener ninguna fuerza. Hemos de destacar además que, si en un sindicato se dan la independencia gubernamental y la estructura democrática, ya de por sí es una fuerza que tiende a la unidad con las demás fuerzas que luchan por la emancipación de las clases explotadas.

Relación con los partidos

El punto tal vez más conflictivo de la polémica sindical es su relación con los partidos políticos. Me coloco totalmente en contra del sindicalismo apolítico, porque conduce al economicismo, al abandono de alternativas globales. La mayor o menor dependencia del propio sindicato respecto de los partidos políticos es algo que, por otra parte, son los trabajadores los que lo han de decidir. En realidad, el problema desaparece si se realiza la unión sindical. No olvidemos, sin embargo, que en tal caso se corre el riesgo de que la dirección del sindicato caiga en manos del partido cuyos afiliados estén en mayor o menor número introducidos en el mismo. Es deseable que dentro del propio sindicato se dé la discusión política como una forma más de la formación de los trabajadores para su emancipación.

La Organización Sindical no cumple

Es en base a todas estas consideraciones que cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Cumple la Organización Sindical Española (O.S.E.) todos los presupuestos para poder ser considerada un sindicato democrático, autónomo, y de clase? La respuesta es sencilla: No, y no es la simple sustitución de las personas que conforman su engranaje lo que llevaría a su transformación. Más bien, la simple libertad sindical, con la consiguiente desaparición de la O.S.E.

La desaparición de la O.S.E. implicará pues la desaparición de las Hermandades como sindicato. La defensa de los intereses de las clases campesinas deberían llevarla a cabo los propios campesinos a través de sus sindicatos libres. Sin embargo, propugnar la desaparición sin más de las Hermandades y todo cuanto representan es un error total. Las Hermandades no sólo representan el sindicalismo agrario sino que son delegaciones locales del Ministerio de Agricultura, y realiza una serie de funciones que en absoluto corresponden a un sindicato. Las Hermandades cumplen una labor administrativa, estadística, estimable. Si los sindicatos libres han de ser los representantes de las clases trabajadoras del campo, en alguien debe delegar el Estado su representación. ¿Es función de un sindicato el reparto del guarderío de los campos, del agua, la ordenación y planificación de los cultivos, la realización técnica y administrativa de una reforma agraria? Pienso que no. Que se vaya a llamar Delegación Local del Ministerio de Agricultura o Delegación Local del Instituto de Reforma Agraria es indiferente. Son problemas semánticos. Las funciones serán parecidas. Así pues, parece poco adecuado hablar en términos globales de la sustitución de las Hermandades por los Sindicatos libres.



Referencia: Baigorri, A. (1977). Apuntes para un nuevo sindicalismo agrario. Esfuerzo Común. Num 246, pp. 4-5



11.01.1976

¿Tudela nuclear? (1976)

 






¿TUDELA NUCLEAR?, LA RIBERA AMENAZADA DE MUERTE

ARTEMIO J. BAIGORRI

En noviembre de 1973 Iberduero solicita permiso para instalar en Tudela un grupo de 1.000 Mw. Al mes siguiente, el ayuntamiento tudelano se opone al proyecto por unanimidad.

A pesar del apoyo recibido por parte de la Diputación navarra, el proyecto se encuentra en la actualidad detenido, prácticamente desde octubre de 1974, en que la propia Diputación consideró inadecuado el emplazamiento de la central, en razón del previsible daño que podría causar en la Ribera navarra su mejor zona agrícola. Esto no quiere decir, no obstante, que no estuviese dispuesta a colaborar con Iberduero para encontrar otro emplazamiento menos conflictivo.

La oposición popular y democrática a las centrales que desde unos dos años se viene llevando a cabo ha conseguido paralizar la mayor parte de los proyectos, sin embargo, no han sido abandonados, sino guardados para mejor ocasión, y en el menor descuido, en cualquier momento en que las voces de protesta bajen de volumen, serán llevados a término. Por ello es y será durante un tiempo preciso seguir plantando batalla a la invasión nuclear de que somos objeto por parte de los monopolios USA.

La central nuclear de Tudela estaría situada en el llamado Soto Vergara, agua arriba de la toma de agua potable de Tudela y Castejón, y de los canales Imperial y de Tauste. Es decir, prácticamente en el centro de una de las mejores zonas de regadío del país: la Ribera del Ebro.

ECOLOGÍA, ESTRATEGIA, ECONOMÍA..., TODO EN CONTRA

A la instalación de la central de Tudela pueden oponerse todo tipo de argumentos. Desde su estratégica situación, cerca de la base aérea de Castejón y del importantísimo centro de enlaces ferroviarios de la misma ciudad, muy cerca asimismo de la zona de maniobras aéreas norteamericanas, etc., hasta la negativa influencia que produciría en la ecología de la zona, al tener por un lado que manipular ciclos naturales del agua, sin contar con la posible contaminación vegetal, animal y humana, como consecuencia de cualquier involuntario pero posible escape de radiactividad. Esta contaminación, sumada a la que producirá la papelera, supondría la aniquilación ecológica de la zona. Pero los argumentos más importantes que debemos oponer a este tipo de proyectos han de ser económicos, ya que por un lado sigue sin interesar la ecología a nuestros mandamases, y por otro lado éstos están obsesionados por el desarrollo económico del país.

La central nuclear de Tudela es un atentado contra la economía de la Ribera y contra la economía del país. El 16% de los regadíos españoles se encuentran en esta zona, y de ella procede el 10% de la producción agrícola, sin contar con una catástrofe real, que podría implicar la ruina del país, tan solo el peligro de que se llegase a producir un escape, o de que se hubiese producido sin llegar a tener conocimiento del mismo, sería suficiente para gravar los productos de la zona con una contaminación psicológica, tan dañina como la real. Más de un país ha amenazado ya con paralizar las importaciones agrícolas si en las zonas productoras se instalan centrales nucleares. Este punto debería bastar en una nación con control popular de los centros de decisión para paralizar y hacer desaparecer el proyecto. Pero no en el nuestro. Por ello hemos de seguir argumentando.

ENSALADAS Y PIMIENTOS O PROTONES Y NEUTRONES

Esta es la disyuntiva que los gobernantes de nuestro país casi ni deberían plantearse en una situación normal en la que la materia gris privase sobre otras materias. Por el costo aproximado de las cinco centrales nucleares que se pretenden instalar en el Valle del Ebro, unos 125.000 millones de pesetas, y según recientes estudios realizados por el CESIE, en el Valle pueden convertirse en nuevos regadíos prácticamente un millón y medio de hectáreas de tierra. Pero si el agua se destina a refrigerar centrales, no podrá utilizarse para regar el panizo, los campesinos, impotentes, estarán condenados a ver pasar de largo la preciada agua, camino de las centrales, y las papeleras, para perderse después en el subsuelo de Barcelona, donde será utilizada para hacer de la capital de los países catalanes una monstruosa megalópolis. Spain Gaviria: "la construcción de la central nuclear de Tudela y de las restantes centrales nucleares del Valle del Ebro es coherente con el trasvase de las aguas del Ebro a Catalunya y Valencia". Ella tiene su causa en el hecho de que si se instalan las centrales, el agua del Ebro deberá ser regulada para que durante el estío no les falte a los circuitos de refrigeración de las nucleares, en lugar de utilizarse para producir riqueza agrícola a través del riego. El propio Gaviria propone obtener la energía comprando petróleo a los países árabes a cambio de los alimentos que produzcan los nuevos regadíos.

Respecto al efecto multiplicador, con el que siempre tienen la boca llena, como de migas, los tecnócratas del desarrollo, viene a resultar que la central, una vez en funcionamiento, no precisa más de 300 personas a su servicio, la mayoría técnicos. Tan sólo genera puestos de trabajo, como las autopistas, durante los tres o cuatro años que duran las obras. Y si relacionamos el fenómeno con la regresión de la economía agrícola de la comarca, veremos que, por el contrario, las centrales tienen un efecto divisor. Lo que si multiplicarían estas centrales es el potencial bélico estadounidense, ya que los residuos de plutonio son devueltos al país de donde sale el uranio con el que funcionan, EE.UU., siendo utilizados allí en la construcción de bombas atómicas.

En quince años, poniéndose en regadío el millón y medio de hectáreas comprendido entre Tudela y Sástago que venimos mencionando, con la consiguiente industrialización rural y creación de nuevos asentamientos urbanos, el Valle del Ebro y sus comarcas adyacentes se repoblarían en un millón de habitantes, con unos cuatrocientos mil puestos de trabajo.

A diferencia de las centrales nucleares —opina Gaviria—, los nuevos regadíos, embalses, nivelaciones y cultivos pueden ser hechos enteramente con productos españoles: cemento, hierro y mano de obra, lo que crearía un efecto multiplicador para la economía nacional muy superior al de las centrales nucleares, que deben ser pagadas a los Estados Unidos y que contribuyen al desarrollo de la economía americana y no al de la economía española.

Pretender supeditar nuestro futuro energético, y en consecuencia económico en tanto en cuanto supone una elección, a la instalación de centrales nucleares, es sencilla y llanamente indicativa de una total y completa falta de inteligencia. Cualquier planteamiento mínimamente racional de los próximos pasos de nuestro desarrollo no puede pasar por encima del sector agrícola, sin contar con él, como supone el dedicar el agua del Ebro a refrigerar centrales.

Y ello sin contar con que nuestros recursos energéticos no nucleares —hidráulicos y carboníferos, sin mencionar la energía solar y geotérmica—, no están en absoluto agotados ni en vías de agotamiento.

ADEMAS SOMOS HUMANOS...

...lo que quiere decir que la radiactividad puede dañar nuestro organismo hasta extremos insospechados y no del todo conocidos, bien directamente, bien a través de alimentos contaminados, como frutas, hortalizas o leche.

En un radio de 10 kms. alrededor de la central 40.000 personas podrían sufrir daños gravísimos. Pero el daño, con mayor o menor gravedad, en caso de accidente, se extendería por lo menos en un radio de 30 kilómetros. Dentro de este radio de acción se encuentran unos 40 núcleos de población que se verían afectados más o menos. En total serían entre ochenta y noventa mil personas las afectadas.

Más aún, no sólo serían estas poblaciones las afectadas por un posible accidente. Entre Castejón y Zaragoza, en un corredor de 85 km. de largo por 12 de ancho, numerosas poblaciones, incluida Zaragoza, abastecen su agua potable del Ebro, bien directamente, bien a través del Canal Imperial de Aragón (después de Zaragoza nadie se atreve a utilizar para usos domésticos la contaminadísima agua del Ebro). Las personas afectadas por la contaminación radiactiva en menor escala, al consumidor alimentos productivos en los cientos de miles de hectáreas regadas por el agua del Ebro o de sus canales. Claro que posiblemente a su llegada a Barcelona el agua estaría ya limpia de radiactividad.

ECOLOGÍA Y LUCHA DE CLASES

Son demasiados los contras como para dejarse embaucar por los cantos de sirena de los técnicos del desarrollo —malgré lui—, a pesar del propio desarrollo. No hay argumentos a favor que valgan frente a la gran cantidad de daños irreparables que su instalación podría causar. Pero la oposición a las centrales no puede ser algo aislado.

La oposición a las centrales nucleares se halla enmarcada dentro de la oposición al sistema económico que las hace posibles e incluso las pretende convertir en necesarias. La lucha contra las centrales es la lucha por un sistema en el cual los recursos naturales sean gestionados por el pueblo. Un sistema en el que no haya regiones puente, ni parques energéticos, ni regiones colonizadas y explotadas. Este tipo de atentados contra la vida que son las centrales nucleares sólo pueden darse en sistemas económicos que atentan contra el hombre y su dignidad. La lucha antinuclear es por todo ello una batalla ecológica inmensa por completo dentro de la lucha de clases. La neutralidad social que para sí reclama la argumentación ecológica, la más importante en la lucha antinuclear, recurriendo a una estrategia demostrativa científico-natural, es pura ficción. El proceso de industrialización capitalista ha convertido en inhabitables ciudades enteras y campos, y lleva camino de convertir en inhabitable toda la superficie terrestre.

Por ello la alternativa ha de ser global, y la lucha continua, si queremos llegar a tiempo de salvar el medio dentro del cual se desenvuelve la vida humana.

 

N. del Autor:
Para la confección de este trabajo, además de los propios datos del autor, han sido utilizados datos y ricas observaciones procedentes del libro «Nuclearizar España», de P. Costa Morata, y sobre todo, de los artículos de Mario Gaviria: «Los peligros de las centrales nucleares» (Diario de Navarra, 21-11-73); «Centrales nucleares» (Andalán, 1-12-73); «La amenaza de la energía nuclear» (Triunfo, febrero-74), y el importantísimo «Cuenca del Ebro: centrales nucleares y trasvase» (Triunfo, 14-12-74). Su conocimiento es imprescindible, en tanto cada uno de ellos es una rica aportación a la oposición antinuclear, de cuya lucha Gaviria es pionero.



Referencia (cómo citar): Baigorri, A. (1976). ¿Tudela nuclear? La Ribera amenazada de muerte. Esfuerzo Común. Num. 241. pp.42-43

 

 

9.15.1976

Tudela: algo huele a podrido (1976)


Porque hay batallas que sí hemos ganado. Algunas incluso con muy poco ruido. "Secuestro común" llamaban los lectores a esta revista, casi órgano oficial de los carlistas "rojos" de Carlos Hugo, en la que este fue mi primer artículo. Había pasado a dirigirla un periodista, Vicente Calvo, que había sido mi "maestro" cuando empecé como corresponsal local de mi pueblo para el diario desaparecido "El Noticiero". Había publicado, también firmado con Gaviria, un artículo contra la autopista en la revista Andalán, y Vicente se había puesto algo celoso de que no se lo enviase a él (aunque en realidad lo había hecho a petición de las gente de Andalán), así que éste le prometí que se lo llevaría a él. Y así empecé un periodo de colaboración con la revista, en la que llegué a llenar un tercio de algún número. Cuando escribí éste tenía 20 años recién cumplidos. Hubiese preferido entonces ser capaz de hacer una gran canción digna de Bob Dylan, Donovan, Paul Simon o Cat Stevens, pero cada cual vale para lo que vale. Y se aguanta.




TUDELA: ALGO HUELE A PODRIDO

UNA MULTINACIONAL PAPELERA QUIERE PARTICIPAR EN LA DEGRADACIÓN DEL EBRO

Artemio Baigorri y Mario Gaviria



Cuando en Aragón nos ocupamos del problema del agua, de su utilización para fines ajenos a los intereses de sus más legítimos beneficiarios, la tierra y los ciudadanos que la beben, así como de su contaminación, nos olvidamos, las más de las veces, de mirar más allá de Caspe, por un extremo, y de Zaragoza por el otro, siguiendo el eje transversal de nuestra región. Sin embargo, más allá de uno de los extremos mencionados, sobre la zona del Valle del Ebro aragonés que se extiende entre Zaragoza y Mallén, localidad fronteriza con Navarra, se cierne en la actualidad un grave peligro: la contaminación de las aguas utilizadas para beber y regar. El mismo peligro es compartido por parte de la Ribera navarra, de Tudela a Cortes. La posible instalación de una central nuclear en Tudela ya ha sido comentada, aunque sólo por encima, por algunos medios informativos, y de ello, aunque el proyecto por ahora parece detenido, nos ocuparemos próximamente. Pero en estos momentos existe un peligro mucho más grave, desde el punto de vista contaminante, que una central nuclear. La cuestión es que el pasado 9 de abril el Pleno del Ayuntamiento de Tudela aprobó el Proyecto de instalación en sus tierras de una papelera.

El problema es enfocable desde varias perspectivas: línea no aconsejable para el desarrollo industrial de Navarra; deficiente ordenación del suelo urbano e industrial, al dedicarse 45 Has de regadío urbanizado a la instalación de una industria contaminante; atentado contra el desarrollo agrícola del Valle del Ebro..., y su gravedad exige un rápido tratamiento. En cualquier caso, hemos de tener presente que no podemos abstraer la cuestión de su contexto general: la lucha de clases.

Una fuente de contaminantes llamada «Transpapel»

Como hemos comentado más arriba, el 9 de abril de 1976 el Pleno del Ayuntamiento tudelano —con excepción de tres concejales— decidió la instalación en la ribera del Ebro de la factoría papelera denominada «Transpapel», mediante la aprobación de la venta de terrenos a la empresa interesada y con la declaración de la misma como de Interés Municipal, acogiéndose por tanto a los usuales beneficios municipales y forales.

Según afirma la propia empresa, su inversión va a ser de 2.000 millones de pesetas, que van a crear 260 puestos de trabajo. Nada habría de particular en el asunto, si no fuese porque la industria en cuestión, cuya intención es la de dedicarse a transformar el papel usado en reutilizable, va a verter en el agua destinada entre otras cosas al abastecimiento de agua potable de Zaragoza y otros muchos pueblos gran cantidad de sustancias altamente contaminantes, lo que lógicamente repercutiría asimismo en la calidad de los productos agrícolas regados por dichas aguas. La cantidad de agua necesaria para el proceso de fabricación es gigantesca. De ahí que su instalación vaya a llevarse a cabo en el mismo borde del Ebro, a sólo 6 ú 8 metros de altura con respecto al cauce, para poder tomar el agua necesaria sin dificultad, asimismo realizar el vertido de residuales. El problema estriba en que a lo largo del proceso de fabricación se van vertiendo en el agua utilizada micropartículas de metales, minerales y productos sintéticos, que se disuelven en el agua, siendo imposible realizar luego una perfecta depuración, ya que no se trata de materia orgánica en suspensión. El gran caudal del río tanto en invierno como en verano servirá para diluir entre sus aguas los residuos de la depuradora; ante esto, la empresa, el 50 por ciento de la cual es propiedad norteamericana, alega que en EE.UU. o Suiza este tipo de fábricas no contaminan, dado el rigor de la normas y los escrupulosos controles que se realizan. Ni que decir tiene que no podemos hacernos semejantes ilusiones. La realidad de la fantasmagórica «Comisión Ministerial del Medio Ambiente», la no publicación de la Ley de Contaminación Atmosférica, así como la tolerancia ante la degradación del medio ambiente, nos hacen pensar que la empresa multinacional que nos ocupa no va a estar dispuesta a hacer un gasto que no va a producirle beneficios siendo que no se le obliga a ello. Su «altruismo» colonial no llega a tanto, ni tampoco a mucho menos.

En cualquier caso, los navarros piensan que es suficiente la degradación de sus aguas producida por las papeleras de Leiza, Allo y Sangüesa, entre otras industrias contaminantes, como para que a ellas se les sume otra.

Está comprobado que la papelera es la industria más despalmadora de agua. Los agricultores valencianos consiguieron oponerse a la instalación de una de esas fábricas en el Alto Turia (concretamente en Teruel), y los pescadores y marisqueros gallegos están llevando a cabo en la actualidad una dura batalla contra las papeleras de las Rías, mientras en la Ribera, con toda tranquilidad, «me toda su cachaza», dirían en mi pueblo, un consistorio municipal aprueba contentísimo un proyecto para la instalación de una de ellas sin conocer la realidad de las mismas, y en unas condiciones de ensueño. Resulta curioso que el mismo Ayuntamiento se haya opuesto a la instalación de la Central Nuclear, por la contaminación de las aguas. Con todo el riesgo que presentan las Centrales Nucleares, contra las cuales la lucha ha de ser larga y dura, el grado de contaminación de las aguas utilizadas, caso de que no se produzca un accidente, es ridículo comparado con la degradación de las mismas producida por una papelera. La degradación del río Aragón en ciertas épocas del año —gracias a la papelera de Sangüesa es realmente alarmante, siendo constante denuncia por los Sindicatos de Riegos y las Sociedades de Pescadores.

Pero lo tremendo, lo más grave, es que la fábrica se instalará más arriba de la toma de agua para el abastecimiento de Tudela, del canal de Tauste y del Canal Imperial de Aragón, del que bebe Zaragoza además de otros pueblos; lo cual constituye un verdadero acto de falta de solidaridad, por parte de quien ha permitido tal emplazamiento, con las regiones hermanas.

Por otra parte, habría que saber a nivel exacto hasta qué punto se van a ver afectadas las tierras regadas por ese agua contaminada. No olvidemos que a lo largo de muchos kilómetros ya proliferan en la actualidad los peces muertos en las orillas del Ebro.

Un negocio redondo

Pero «las cosas de Transpapel» no terminan en la contaminación. Es probable que el despilfarro del Patrimonio Comunal de Tudela, parte del cual se va a utilizar para la instalación de la factoría, motive un verdadero escándalo.

Las 45 Has de tierra de huerta vendidas por el Ayuntamiento (30 has para su utilización inmediata y 15 de reserva) constituyen no sólo la mejor localización posible para una industria en España, sino también una de las mejores de Europa. Las características del terreno, que se va a vender al ridículo precio de 100 pesetas el metro cuadrado, son excepcionales. Además del río, junto al terreno pasa una línea férrea electrificada de doble vía (de la que pueden sacar una derivación para el movimiento de las materias en la propia fábrica) integrada a la red nacional, teléfono automático con líneas disponibles, télex, carreteras nacionales, proximidad de dos cruces de autopista, varias líneas de alta tensión y próximamente gaseoducto. Todo aquello que una industria puede desear tener más a mano lo va a tener casi regalado, como luego veremos, Transpapel. Sin contar con las obras de perfeccionamiento de la infraestructura que la Diputación deberá realizar de forma gratuita, al haber sido declarada la factoría como de Interés Municipal.

Pero la infraestructura es tan sólo una parte del negocio. Por otro lado, la forma de pago del terreno no puede ser más ventajosa, ya que, excluyendo toda forma de intereses, se programa así:

  • Año 1976: 10.000.000 Pts.
  • Año 1977: 10.000.000 Pts.
  • Año 1979: 6.000.000 Pts.
  • Año 1982: 4.000.000 Pts.

Si tenemos en cuenta que las subvenciones del Plan de Promoción Industrial de la Diputación Foral de Navarra pueden llegar a incluir un 20 por ciento del precio de adquisición de los terrenos, y que la inflación de estos últimos años supera el 15 por ciento anual, cabe deducir que la adquisición de los terrenos resultará prácticamente gratuita.

La otra cara es que, en función no sólo de la permanente depreciación de la moneda, sino asimismo por la creciente carestía del suelo industrial con estas características, el precio del terreno debería andar ya en la actualidad entre las 1.500 y las 2.000 pesetas por metro cuadrado, pudiendo alcanzar en los próximos cinco años las 3.500 pesetas. Esto por un lado. Por otro nos encontramos con que, a razón de los 80 puestos de trabajo por hectárea de suelo industrial que dan como media la generalidad de nuestros polígonos industriales, las 45 Has de tierra comunal debieran instalar 3.600 puestos de trabajo en lugar de los 260 de que habla Transpapel. Ni la Authi (ahora Seat) de Pamplona, ni la propia Seat de Barcelona, ni muchas fábricas que emplean 4.000 y 5.000 obreros han necesitado 45 Has de tierra dotadas con una infraestructura tan rica y completa como las que pretende esta fábrica.

Quizás hallemos la razón última de este desaguisado comercial en el hecho de que la única limitación en las condiciones de compra impuestas a Transpapel es que los terrenos se dediquen «única y exclusivamente a la fabricación de regeneradores de papel prensa y otros tipos de papel a partir del papel usado». Teniendo en cuenta que este tipo de industrias está adquiriendo creciente importancia mundial, y que Transpapel ha «comprado» tierra «para dar y vender», es decir, en cantidad desmesurada, bien pudiera ser que precisamente dedicase posteriormente la tierra sobrante a «darla» a alguna filial suya, o venderla a otras factorías papeleras que quieran instalarse allí. Además de a reciclar papel, Transpapel es muy posible que se dedique también a reciclar solares. Y no olvidemos que esos solares son propiedad comunal.

Sobran multinacionales

A más de uno puede llamar a engaño el hecho de que el presidente de la empresa a la que nos estamos refiriendo sea don Fernando Liñán Zofio, ex-ministro español de Información y Turismo. Sin embargo, tan sólo el 50 por ciento es propiedad española. La otra mitad pertenece por completo a la Polythermic Organization Limited (Estados Unidos, desde luego). Con ésta, son más de 65 las empresas multinacionales implantadas en Navarra a lo largo de los últimos diez años. Piher, Sanyo, SKF, Seat, Magnesitas, figuran entre las más importantes. Es radicalmente contradictorio el presente proyecto con las aspiraciones de muchos navarros, que claman por la creación de un verdadero Instituto Navarro de Industria y Recursos, que posibilitaría la creación de numerosos puestos de trabajo aplicando las exenciones fiscales y subvenciones a la industrialización propia y peculiar de Navarra.

Se está hipotecando el futuro del país. Existen en España métodos de reciclaje de papel en menor escala que, con una localización adecuada, deberían ser impulsados por nuestra tecnología, sin supeditarnos a patentes y tecnología extranjera y sin crear un gigantismo industrial en absoluto beneficioso a largo plazo. Al fin y al cabo, el obtener beneficios con el suelo comunal de Tudela y con el agua del Ebro es algo que los propios navarros también lo pueden hacer.

Una alternativa

Desde luego, muchos tudelanos están dispuestos a llevar el caso si es preciso, a los tribunales, y las alternativas al proyecto van surgiendo.

Supongamos que se puede llegar a una depuración perfecta, y que la fábrica es afectada por los regantes y consumidores de agua potable aguas abajo. A pesar de ello, su instalación en Tudela seguirá siendo una medida arbitraria e irracional. Acumular las fábricas en Tudela es contrario a los intereses de los pueblos que la rodean y, en consecuencia, contrario a Tudela, por cuanto su futuro está en parte condicionado por el futuro económico y demográfico de los pueblos de la Merindad.

En Ribaforada, aguas abajo de la toma de agua potable de Tudela, y del nacimiento de los canales de Tauste e Imperial, se realizaron al parecer negociaciones, pero indudablemente las condiciones de sus terrenos no podían semejarse a las de la Corraliza del Molino, término tudelano donde se halla el solar «vendido».

Sin duda alguna, el lugar más adecuado para su instalación, caso de resolverse, naturalmente, las cuestiones técnicas, sería Buñuel, el pueblo de la zona con mayor porcentaje de trabajadores por cuenta ajena —jornaleros—, 420 de 2.828 habitantes, a sabiendas de sus insuficiencias debido a estar relativamente marginado de los circuitos industriales, carreteras general y ferrocarril. La instalación en esta comarca polarizaría en unas áreas cercanas a 16.000 habitantes, de los cuales unos 1.400 son jornaleros, más del 80 por ciento eventuales, que necesitan en consecuencia puestos de trabajo permanentes. Las cercanías de Ribaforada serían un lugar idóneo.

De cualquier forma, está claro que una fábrica de menos de 300 obreros no va a resolver los problemas agrícolas de 1.400 trabajadores eventuales. Por el contrario, si las subvenciones a fondo perdido, los créditos y las facilidades que se dan a la industria multinacional, se diesen para instalaciones ganaderas acompañadas de una redistribución de tierras y de una revalorización de los Montes Comunales, posibles regadíos en Cabanillas, Fustiñana, Ablitas, etc., tendrían un efecto multiplicador mayor y colonizador multinacional menos. Las líneas del desarrollo navarro, como las de todo el Estado español, no pueden seguir siendo convergentes en la industria. Antes al contrario, debe planificarse el desarrollo con vistas a una revalorización de la agricultura.

Una vez más, nos encontramos ante una consecuencia de la planificación democrática de la economía. En el fondo, tan sólo una manifestación exterior más de la lucha de clases: consecución de rápidos beneficios por parte de una minoría a costa de los intereses de la mayoría y de la nación, frente a planificación democrática de la economía y control popular sobre el aprovechamiento racional de los recursos naturales.

¡Quién sabe! A lo peor lo que pretenden es convertir rápidamente el Ebro en una cloaca inservible para regar, para de esta forma, cuando la oposición al mismo no tenga sentido, poder realizar tranquilamente el trasvase.

El peligro contaminante de la papelera de Tudela va a ser una buena prueba para conocer la verdadera utilidad de la Comisaría de Aguas del Ebro, del M.O.P. y saber si realmente cumple su función de guardián de la potabilidad del agua del Ebro. No fuera a ser que ocurra como en Valencia, donde la Ford, ante las protestas populares por arrojar los residuos venenosos a la Albufera, ventiló el asunto arrojándolos a partir de entonces en la acequia de riego más importante de la comarca, envenenando cultivos, y desde luego, envenenando la Albufera porque a ella van a parar las aguas sobrantes de la acequia. Ni en Tudela, ni en la ribera del Jalón, ni en ningún otro punto de la cuenca del Ebro debe ser permitida una factoría de las características de Transpapel.


Referencia; Baigorri, A. (1976), Tudela:algo huele a podrido. Esfuerzo Común, Num. 239, pp. 40-41



 

8.09.1976

Escatrón, la identidad perdida (1976)


Mi primera investigación sociológica, sin yo saberlo. Tenía veinte años, estudiaba Ciencias de la Información, creía que hacía Nuevo Periodismo, pero hacía Vieja (o clásica) Sociología: estaba analizando un proceso de cambio social y el impacto de la industria en el medio rural. Es un capítulo del libro El Bajo Aragón expoliado, dirigido por Mario Gaviria. 

Me había instalado en Zaragoza para seguir los estudios a distancia, porque era un coñazo pasarse los días yendo y viniendo entre Barcelona y Bellaterra, una media de cuatro o cinco horas diarias entre metro, tren, autobús y pies, para casi nada (porque casi nada aprendí en aquella facultad: un poco de Sociología y de Economía es lo único que me sirvió alguna vez). Pero sobre todo, en casa no podían financiarlo (el primer curso, simultaneado trabajando, había sido un poco desastroso, y el segundo lo pasamos en huelga de penenes, aún más desastre). 

Seguía con mis crónicas como corresponsal de mi pueblo para el diario El Noticiero de Zaragoza y a finales de 1975 me solicitaron de la revista Andalán un artículo sobre la autopista del Ebro, que terminé firmando con Gaviria, y una cosa llevó a otra. Se presentó un día en Mallén para comentar el artículo (que en realidad tenía casi acabado y simplemente le dio el visto bueno a que lo firmásemos juntos) pero sobre todo a llenar agua. Se acostumbró a ir mi casa a llenar garrafones de agua (el agua de Mallén llegaba del Moncayo, mientras que en Cortes bebían agua de poca calidad de una toma directa del Ebro), y en una de esas me propuso irme con toda la troupe con la que se iba a ir en verano al Bajo Aragón para elaborar un informe que ayudase a la lucha contra las nucleares que se pretendía instalar. 

Aunque por poco se frustra mi participación, porque en primavera tuve un accidente de moto (sin carnet), con la LUBE de mi padre ("La Única Birria Española" llamaban a aquella moto). Estaba regando un campo grande y bien nivelado (se regaba lento) y creí que me daba tiempo a irme por un camino al pueblo donde acaba de echarme novia, a unos 10 kms, pero en un tramo de grava se me resbaló y me dí una buena leche, con rotura del brazo por varios sitios, así que acabé en el hospital y con el brazo en cabestrillo y con varios hierrosdentro. Aún llevaba el yeso en el primer viaje al trabajo de campo.

La experiencia de aquella primera investigación (que no trabajo, por no remunerado, digamos que como becario) con Gaviria fue lógicamente iluminadora, y a ratos alucinante. Empezando con mi convivencia con el alocado Ismael Abizanda Zaforas, el cura de La Puebla de Híjar que terminaría convertido en asesor de bolsa, en cuya casa (nunca cerrada con llave) me alojaba, y que me llevaba en moto (yo detrás con el brazo enyesado en cabestrillo) a Escatrón a hacer las entrevistas (algunas tardes tras pasar por la puerta de la iglesia, donde le esperaban las beatas, para despedirlas con cajas destempladas con un "iros a casa, que esta tarde no hay misa"). 
"Esto tiene una clara relación con el concepto de empresa estatal que manejábamos en páginas anteriores. La empresa lo es todo para Escatrón, lo domina todo. Así, todas las formas culturales y los usos sociales que colaboran en la formación de una Identidad, están en sus manos. La enseñanza, las diversiones de una manera indirecta, la ordenación urbana incluso, nada de ello es espontáneo, creado por los propios Interesados. Todo, absolutamente todo se les da hecho. Sólo lea resta dlgerlrlo, y lo demás vendrá dado por añadidura. La única conciencia es la de ser "de la empresa". "Es como si ya fuese un poco nuestra" , nos decía un trabajador ya jubilado, olvidando, porque para ello se les ha programado, que en absoluto es de él. Además de la propia acción de la empresa, a todo esto contribuyen también las condiciones objetivas. Nos encontramos ante un pseudonúcleo Industrial dentro de una zona rural, hasta el extremo de que algunos trabajadores de la central todavía son a la vez agricultores, en sus ratos libres.Una joven percibía la contradicción y nos la exponía: "Esto ni es pueblo, ni es nada. En los sitios donde vive la gente de las fábricas se ve otra cosa, como más moderno, otra manera de vivir más liberal. Aquí nada de nada. Dicen todos que son industriales, pero vivimos como en el pueblo más atrasado que pueda haber". En Escatrón se ha llegado a un dramático grado de alienación. Naturalmente que esta situación tan sólo beneficia a la empresa, que logra una mayor productividad de cada obrero, porque éstos sólo piensan y viven para, por, y de la empresa"

REFERENCIA
Baigorri, A. (1976), "Escatrón: la identidad perdida", en Gaviria, M. dir, El bajo Aragón expoliado. Recursos Naturales y Autonomía Regional, DEIBA, Zaragoza, pp.114-147



7.15.1976

(Con M.Gaviria) Tudela: algo huele a podrido (1976)




"Cuando en Aragón nos ocupamos del problema del agua, de su utilización para fines ajenos a los intereses de sus más últimos beneficiarios, la tierra y los ciudadanos que la beben, así como de sucontaminación, nos olvidamos, las más de las veces, de mirar más allá de Caspe, por un extremo, y de Zaragoza por el otro, siendo el eje transversal de nuestra reflexión. Sin embartgo, más allá de uno de los extremos mencionados, sobre la zona del Valle del Ebro aragonés que se extiende entre Zaragoza y Mallén, localidad fronteriza con Navarra, se cierne en la actualidad un grave peligro: la contaminación de las aguas utilizadas para beber y regar. El mismo peligro es compartido por parte de la Ribera navarra, de Tudela a Cortes. La posible instalación de una central nuclear en Tudela ya ha sido comentada, aunque sólo por encima, por algunos medios informativos, y de ello, aunque el proyecto por ahora parece detenido, nos ocuparemos próximamente. Pero en estos momentos existe un peligro mucho más grave, desde el punto de vista contaminante, que una central nuclear. La cuestión es que el pasado 9 de abril el Pleno del Ayuntamiento de Tudela aprobó el Proyecto de instalación en sus tierras de una papelera.
El problema es enfocable desde varias perspectivas: línea no aconsejable para el desarrollo industrial de Navarra; deficiente ordenación del suelo urbano e industrial, al dedicar 45 Has de regadío urbanizado a la instalación de una industria contaminante..."

Referencia:
Baigorri, A., Gaviria, M. (1976), "Tudela. Algo huele a podrido", Esfuerzo Común, Num. 239, pp. 40-41

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