11.01.1976

¿Tudela nuclear? (1976)

 






¿TUDELA NUCLEAR?, LA RIBERA AMENAZADA DE MUERTE

ARTEMIO J. BAIGORRI

En noviembre de 1973 Iberduero solicita permiso para instalar en Tudela un grupo de 1.000 Mw. Al mes siguiente, el ayuntamiento tudelano se opone al proyecto por unanimidad.

A pesar del apoyo recibido por parte de la Diputación navarra, el proyecto se encuentra en la actualidad detenido, prácticamente desde octubre de 1974, en que la propia Diputación consideró inadecuado el emplazamiento de la central, en razón del previsible daño que podría causar en la Ribera navarra su mejor zona agrícola. Esto no quiere decir, no obstante, que no estuviese dispuesta a colaborar con Iberduero para encontrar otro emplazamiento menos conflictivo.

La oposición popular y democrática a las centrales que desde unos dos años se viene llevando a cabo ha conseguido paralizar la mayor parte de los proyectos, sin embargo, no han sido abandonados, sino guardados para mejor ocasión, y en el menor descuido, en cualquier momento en que las voces de protesta bajen de volumen, serán llevados a término. Por ello es y será durante un tiempo preciso seguir plantando batalla a la invasión nuclear de que somos objeto por parte de los monopolios USA.

La central nuclear de Tudela estaría situada en el llamado Soto Vergara, agua arriba de la toma de agua potable de Tudela y Castejón, y de los canales Imperial y de Tauste. Es decir, prácticamente en el centro de una de las mejores zonas de regadío del país: la Ribera del Ebro.

ECOLOGÍA, ESTRATEGIA, ECONOMÍA..., TODO EN CONTRA

A la instalación de la central de Tudela pueden oponerse todo tipo de argumentos. Desde su estratégica situación, cerca de la base aérea de Castejón y del importantísimo centro de enlaces ferroviarios de la misma ciudad, muy cerca asimismo de la zona de maniobras aéreas norteamericanas, etc., hasta la negativa influencia que produciría en la ecología de la zona, al tener por un lado que manipular ciclos naturales del agua, sin contar con la posible contaminación vegetal, animal y humana, como consecuencia de cualquier involuntario pero posible escape de radiactividad. Esta contaminación, sumada a la que producirá la papelera, supondría la aniquilación ecológica de la zona. Pero los argumentos más importantes que debemos oponer a este tipo de proyectos han de ser económicos, ya que por un lado sigue sin interesar la ecología a nuestros mandamases, y por otro lado éstos están obsesionados por el desarrollo económico del país.

La central nuclear de Tudela es un atentado contra la economía de la Ribera y contra la economía del país. El 16% de los regadíos españoles se encuentran en esta zona, y de ella procede el 10% de la producción agrícola, sin contar con una catástrofe real, que podría implicar la ruina del país, tan solo el peligro de que se llegase a producir un escape, o de que se hubiese producido sin llegar a tener conocimiento del mismo, sería suficiente para gravar los productos de la zona con una contaminación psicológica, tan dañina como la real. Más de un país ha amenazado ya con paralizar las importaciones agrícolas si en las zonas productoras se instalan centrales nucleares. Este punto debería bastar en una nación con control popular de los centros de decisión para paralizar y hacer desaparecer el proyecto. Pero no en el nuestro. Por ello hemos de seguir argumentando.

ENSALADAS Y PIMIENTOS O PROTONES Y NEUTRONES

Esta es la disyuntiva que los gobernantes de nuestro país casi ni deberían plantearse en una situación normal en la que la materia gris privase sobre otras materias. Por el costo aproximado de las cinco centrales nucleares que se pretenden instalar en el Valle del Ebro, unos 125.000 millones de pesetas, y según recientes estudios realizados por el CESIE, en el Valle pueden convertirse en nuevos regadíos prácticamente un millón y medio de hectáreas de tierra. Pero si el agua se destina a refrigerar centrales, no podrá utilizarse para regar el panizo, los campesinos, impotentes, estarán condenados a ver pasar de largo la preciada agua, camino de las centrales, y las papeleras, para perderse después en el subsuelo de Barcelona, donde será utilizada para hacer de la capital de los países catalanes una monstruosa megalópolis. Spain Gaviria: "la construcción de la central nuclear de Tudela y de las restantes centrales nucleares del Valle del Ebro es coherente con el trasvase de las aguas del Ebro a Catalunya y Valencia". Ella tiene su causa en el hecho de que si se instalan las centrales, el agua del Ebro deberá ser regulada para que durante el estío no les falte a los circuitos de refrigeración de las nucleares, en lugar de utilizarse para producir riqueza agrícola a través del riego. El propio Gaviria propone obtener la energía comprando petróleo a los países árabes a cambio de los alimentos que produzcan los nuevos regadíos.

Respecto al efecto multiplicador, con el que siempre tienen la boca llena, como de migas, los tecnócratas del desarrollo, viene a resultar que la central, una vez en funcionamiento, no precisa más de 300 personas a su servicio, la mayoría técnicos. Tan sólo genera puestos de trabajo, como las autopistas, durante los tres o cuatro años que duran las obras. Y si relacionamos el fenómeno con la regresión de la economía agrícola de la comarca, veremos que, por el contrario, las centrales tienen un efecto divisor. Lo que si multiplicarían estas centrales es el potencial bélico estadounidense, ya que los residuos de plutonio son devueltos al país de donde sale el uranio con el que funcionan, EE.UU., siendo utilizados allí en la construcción de bombas atómicas.

En quince años, poniéndose en regadío el millón y medio de hectáreas comprendido entre Tudela y Sástago que venimos mencionando, con la consiguiente industrialización rural y creación de nuevos asentamientos urbanos, el Valle del Ebro y sus comarcas adyacentes se repoblarían en un millón de habitantes, con unos cuatrocientos mil puestos de trabajo.

A diferencia de las centrales nucleares —opina Gaviria—, los nuevos regadíos, embalses, nivelaciones y cultivos pueden ser hechos enteramente con productos españoles: cemento, hierro y mano de obra, lo que crearía un efecto multiplicador para la economía nacional muy superior al de las centrales nucleares, que deben ser pagadas a los Estados Unidos y que contribuyen al desarrollo de la economía americana y no al de la economía española.

Pretender supeditar nuestro futuro energético, y en consecuencia económico en tanto en cuanto supone una elección, a la instalación de centrales nucleares, es sencilla y llanamente indicativa de una total y completa falta de inteligencia. Cualquier planteamiento mínimamente racional de los próximos pasos de nuestro desarrollo no puede pasar por encima del sector agrícola, sin contar con él, como supone el dedicar el agua del Ebro a refrigerar centrales.

Y ello sin contar con que nuestros recursos energéticos no nucleares —hidráulicos y carboníferos, sin mencionar la energía solar y geotérmica—, no están en absoluto agotados ni en vías de agotamiento.

ADEMAS SOMOS HUMANOS...

...lo que quiere decir que la radiactividad puede dañar nuestro organismo hasta extremos insospechados y no del todo conocidos, bien directamente, bien a través de alimentos contaminados, como frutas, hortalizas o leche.

En un radio de 10 kms. alrededor de la central 40.000 personas podrían sufrir daños gravísimos. Pero el daño, con mayor o menor gravedad, en caso de accidente, se extendería por lo menos en un radio de 30 kilómetros. Dentro de este radio de acción se encuentran unos 40 núcleos de población que se verían afectados más o menos. En total serían entre ochenta y noventa mil personas las afectadas.

Más aún, no sólo serían estas poblaciones las afectadas por un posible accidente. Entre Castejón y Zaragoza, en un corredor de 85 km. de largo por 12 de ancho, numerosas poblaciones, incluida Zaragoza, abastecen su agua potable del Ebro, bien directamente, bien a través del Canal Imperial de Aragón (después de Zaragoza nadie se atreve a utilizar para usos domésticos la contaminadísima agua del Ebro). Las personas afectadas por la contaminación radiactiva en menor escala, al consumidor alimentos productivos en los cientos de miles de hectáreas regadas por el agua del Ebro o de sus canales. Claro que posiblemente a su llegada a Barcelona el agua estaría ya limpia de radiactividad.

ECOLOGÍA Y LUCHA DE CLASES

Son demasiados los contras como para dejarse embaucar por los cantos de sirena de los técnicos del desarrollo —malgré lui—, a pesar del propio desarrollo. No hay argumentos a favor que valgan frente a la gran cantidad de daños irreparables que su instalación podría causar. Pero la oposición a las centrales no puede ser algo aislado.

La oposición a las centrales nucleares se halla enmarcada dentro de la oposición al sistema económico que las hace posibles e incluso las pretende convertir en necesarias. La lucha contra las centrales es la lucha por un sistema en el cual los recursos naturales sean gestionados por el pueblo. Un sistema en el que no haya regiones puente, ni parques energéticos, ni regiones colonizadas y explotadas. Este tipo de atentados contra la vida que son las centrales nucleares sólo pueden darse en sistemas económicos que atentan contra el hombre y su dignidad. La lucha antinuclear es por todo ello una batalla ecológica inmensa por completo dentro de la lucha de clases. La neutralidad social que para sí reclama la argumentación ecológica, la más importante en la lucha antinuclear, recurriendo a una estrategia demostrativa científico-natural, es pura ficción. El proceso de industrialización capitalista ha convertido en inhabitables ciudades enteras y campos, y lleva camino de convertir en inhabitable toda la superficie terrestre.

Por ello la alternativa ha de ser global, y la lucha continua, si queremos llegar a tiempo de salvar el medio dentro del cual se desenvuelve la vida humana.

 

N. del Autor:
Para la confección de este trabajo, además de los propios datos del autor, han sido utilizados datos y ricas observaciones procedentes del libro «Nuclearizar España», de P. Costa Morata, y sobre todo, de los artículos de Mario Gaviria: «Los peligros de las centrales nucleares» (Diario de Navarra, 21-11-73); «Centrales nucleares» (Andalán, 1-12-73); «La amenaza de la energía nuclear» (Triunfo, febrero-74), y el importantísimo «Cuenca del Ebro: centrales nucleares y trasvase» (Triunfo, 14-12-74). Su conocimiento es imprescindible, en tanto cada uno de ellos es una rica aportación a la oposición antinuclear, de cuya lucha Gaviria es pionero.



Referencia (cómo citar): Baigorri, A. (1976). ¿Tudela nuclear? La Ribera amenazada de muerte. Esfuerzo Común. Num. 241. pp.42-43

 

 

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