11.01.1976

¿Tudela nuclear? (1976)

 






¿TUDELA NUCLEAR?, LA RIBERA AMENAZADA DE MUERTE

ARTEMIO J. BAIGORRI

En noviembre de 1973 Iberduero solicita permiso para instalar en Tudela un grupo de 1.000 Mw. Al mes siguiente, el ayuntamiento tudelano se opone al proyecto por unanimidad.

A pesar del apoyo recibido por parte de la Diputación navarra, el proyecto se encuentra en la actualidad detenido, prácticamente desde octubre de 1974, en que la propia Diputación consideró inadecuado el emplazamiento de la central, en razón del previsible daño que podría causar en la Ribera navarra su mejor zona agrícola. Esto no quiere decir, no obstante, que no estuviese dispuesta a colaborar con Iberduero para encontrar otro emplazamiento menos conflictivo.

La oposición popular y democrática a las centrales que desde unos dos años se viene llevando a cabo ha conseguido paralizar la mayor parte de los proyectos, sin embargo, no han sido abandonados, sino guardados para mejor ocasión, y en el menor descuido, en cualquier momento en que las voces de protesta bajen de volumen, serán llevados a término. Por ello es y será durante un tiempo preciso seguir plantando batalla a la invasión nuclear de que somos objeto por parte de los monopolios USA.

La central nuclear de Tudela estaría situada en el llamado Soto Vergara, agua arriba de la toma de agua potable de Tudela y Castejón, y de los canales Imperial y de Tauste. Es decir, prácticamente en el centro de una de las mejores zonas de regadío del país: la Ribera del Ebro.

ECOLOGÍA, ESTRATEGIA, ECONOMÍA..., TODO EN CONTRA

A la instalación de la central de Tudela pueden oponerse todo tipo de argumentos. Desde su estratégica situación, cerca de la base aérea de Castejón y del importantísimo centro de enlaces ferroviarios de la misma ciudad, muy cerca asimismo de la zona de maniobras aéreas norteamericanas, etc., hasta la negativa influencia que produciría en la ecología de la zona, al tener por un lado que manipular ciclos naturales del agua, sin contar con la posible contaminación vegetal, animal y humana, como consecuencia de cualquier involuntario pero posible escape de radiactividad. Esta contaminación, sumada a la que producirá la papelera, supondría la aniquilación ecológica de la zona. Pero los argumentos más importantes que debemos oponer a este tipo de proyectos han de ser económicos, ya que por un lado sigue sin interesar la ecología a nuestros mandamases, y por otro lado éstos están obsesionados por el desarrollo económico del país.

La central nuclear de Tudela es un atentado contra la economía de la Ribera y contra la economía del país. El 16% de los regadíos españoles se encuentran en esta zona, y de ella procede el 10% de la producción agrícola, sin contar con una catástrofe real, que podría implicar la ruina del país, tan solo el peligro de que se llegase a producir un escape, o de que se hubiese producido sin llegar a tener conocimiento del mismo, sería suficiente para gravar los productos de la zona con una contaminación psicológica, tan dañina como la real. Más de un país ha amenazado ya con paralizar las importaciones agrícolas si en las zonas productoras se instalan centrales nucleares. Este punto debería bastar en una nación con control popular de los centros de decisión para paralizar y hacer desaparecer el proyecto. Pero no en el nuestro. Por ello hemos de seguir argumentando.

ENSALADAS Y PIMIENTOS O PROTONES Y NEUTRONES

Esta es la disyuntiva que los gobernantes de nuestro país casi ni deberían plantearse en una situación normal en la que la materia gris privase sobre otras materias. Por el costo aproximado de las cinco centrales nucleares que se pretenden instalar en el Valle del Ebro, unos 125.000 millones de pesetas, y según recientes estudios realizados por el CESIE, en el Valle pueden convertirse en nuevos regadíos prácticamente un millón y medio de hectáreas de tierra. Pero si el agua se destina a refrigerar centrales, no podrá utilizarse para regar el panizo, los campesinos, impotentes, estarán condenados a ver pasar de largo la preciada agua, camino de las centrales, y las papeleras, para perderse después en el subsuelo de Barcelona, donde será utilizada para hacer de la capital de los países catalanes una monstruosa megalópolis. Spain Gaviria: "la construcción de la central nuclear de Tudela y de las restantes centrales nucleares del Valle del Ebro es coherente con el trasvase de las aguas del Ebro a Catalunya y Valencia". Ella tiene su causa en el hecho de que si se instalan las centrales, el agua del Ebro deberá ser regulada para que durante el estío no les falte a los circuitos de refrigeración de las nucleares, en lugar de utilizarse para producir riqueza agrícola a través del riego. El propio Gaviria propone obtener la energía comprando petróleo a los países árabes a cambio de los alimentos que produzcan los nuevos regadíos.

Respecto al efecto multiplicador, con el que siempre tienen la boca llena, como de migas, los tecnócratas del desarrollo, viene a resultar que la central, una vez en funcionamiento, no precisa más de 300 personas a su servicio, la mayoría técnicos. Tan sólo genera puestos de trabajo, como las autopistas, durante los tres o cuatro años que duran las obras. Y si relacionamos el fenómeno con la regresión de la economía agrícola de la comarca, veremos que, por el contrario, las centrales tienen un efecto divisor. Lo que si multiplicarían estas centrales es el potencial bélico estadounidense, ya que los residuos de plutonio son devueltos al país de donde sale el uranio con el que funcionan, EE.UU., siendo utilizados allí en la construcción de bombas atómicas.

En quince años, poniéndose en regadío el millón y medio de hectáreas comprendido entre Tudela y Sástago que venimos mencionando, con la consiguiente industrialización rural y creación de nuevos asentamientos urbanos, el Valle del Ebro y sus comarcas adyacentes se repoblarían en un millón de habitantes, con unos cuatrocientos mil puestos de trabajo.

A diferencia de las centrales nucleares —opina Gaviria—, los nuevos regadíos, embalses, nivelaciones y cultivos pueden ser hechos enteramente con productos españoles: cemento, hierro y mano de obra, lo que crearía un efecto multiplicador para la economía nacional muy superior al de las centrales nucleares, que deben ser pagadas a los Estados Unidos y que contribuyen al desarrollo de la economía americana y no al de la economía española.

Pretender supeditar nuestro futuro energético, y en consecuencia económico en tanto en cuanto supone una elección, a la instalación de centrales nucleares, es sencilla y llanamente indicativa de una total y completa falta de inteligencia. Cualquier planteamiento mínimamente racional de los próximos pasos de nuestro desarrollo no puede pasar por encima del sector agrícola, sin contar con él, como supone el dedicar el agua del Ebro a refrigerar centrales.

Y ello sin contar con que nuestros recursos energéticos no nucleares —hidráulicos y carboníferos, sin mencionar la energía solar y geotérmica—, no están en absoluto agotados ni en vías de agotamiento.

ADEMAS SOMOS HUMANOS...

...lo que quiere decir que la radiactividad puede dañar nuestro organismo hasta extremos insospechados y no del todo conocidos, bien directamente, bien a través de alimentos contaminados, como frutas, hortalizas o leche.

En un radio de 10 kms. alrededor de la central 40.000 personas podrían sufrir daños gravísimos. Pero el daño, con mayor o menor gravedad, en caso de accidente, se extendería por lo menos en un radio de 30 kilómetros. Dentro de este radio de acción se encuentran unos 40 núcleos de población que se verían afectados más o menos. En total serían entre ochenta y noventa mil personas las afectadas.

Más aún, no sólo serían estas poblaciones las afectadas por un posible accidente. Entre Castejón y Zaragoza, en un corredor de 85 km. de largo por 12 de ancho, numerosas poblaciones, incluida Zaragoza, abastecen su agua potable del Ebro, bien directamente, bien a través del Canal Imperial de Aragón (después de Zaragoza nadie se atreve a utilizar para usos domésticos la contaminadísima agua del Ebro). Las personas afectadas por la contaminación radiactiva en menor escala, al consumidor alimentos productivos en los cientos de miles de hectáreas regadas por el agua del Ebro o de sus canales. Claro que posiblemente a su llegada a Barcelona el agua estaría ya limpia de radiactividad.

ECOLOGÍA Y LUCHA DE CLASES

Son demasiados los contras como para dejarse embaucar por los cantos de sirena de los técnicos del desarrollo —malgré lui—, a pesar del propio desarrollo. No hay argumentos a favor que valgan frente a la gran cantidad de daños irreparables que su instalación podría causar. Pero la oposición a las centrales no puede ser algo aislado.

La oposición a las centrales nucleares se halla enmarcada dentro de la oposición al sistema económico que las hace posibles e incluso las pretende convertir en necesarias. La lucha contra las centrales es la lucha por un sistema en el cual los recursos naturales sean gestionados por el pueblo. Un sistema en el que no haya regiones puente, ni parques energéticos, ni regiones colonizadas y explotadas. Este tipo de atentados contra la vida que son las centrales nucleares sólo pueden darse en sistemas económicos que atentan contra el hombre y su dignidad. La lucha antinuclear es por todo ello una batalla ecológica inmensa por completo dentro de la lucha de clases. La neutralidad social que para sí reclama la argumentación ecológica, la más importante en la lucha antinuclear, recurriendo a una estrategia demostrativa científico-natural, es pura ficción. El proceso de industrialización capitalista ha convertido en inhabitables ciudades enteras y campos, y lleva camino de convertir en inhabitable toda la superficie terrestre.

Por ello la alternativa ha de ser global, y la lucha continua, si queremos llegar a tiempo de salvar el medio dentro del cual se desenvuelve la vida humana.

 

N. del Autor:
Para la confección de este trabajo, además de los propios datos del autor, han sido utilizados datos y ricas observaciones procedentes del libro «Nuclearizar España», de P. Costa Morata, y sobre todo, de los artículos de Mario Gaviria: «Los peligros de las centrales nucleares» (Diario de Navarra, 21-11-73); «Centrales nucleares» (Andalán, 1-12-73); «La amenaza de la energía nuclear» (Triunfo, febrero-74), y el importantísimo «Cuenca del Ebro: centrales nucleares y trasvase» (Triunfo, 14-12-74). Su conocimiento es imprescindible, en tanto cada uno de ellos es una rica aportación a la oposición antinuclear, de cuya lucha Gaviria es pionero.



Referencia (cómo citar): Baigorri, A. (1976). ¿Tudela nuclear? La Ribera amenazada de muerte. Esfuerzo Común. Num. 241. pp.42-43

 

 

9.15.1976

Tudela: algo huele a podrido (1976)


Porque hay batallas que sí hemos ganado. Algunas incluso con muy poco ruido. "Secuestro común" llamaban los lectores a esta revista, casi órgano oficial de los carlistas "rojos" de Carlos Hugo, en la que este fue mi primer artículo. Había pasado a dirigirla un periodista, Vicente Calvo, que había sido mi "maestro" cuando empecé como corresponsal local de mi pueblo para el diario desaparecido "El Noticiero". Había publicado, también firmado con Gaviria, un artículo contra la autopista en la revista Andalán, y Vicente se había puesto algo celoso de que no se lo enviase a él (aunque en realidad lo había hecho a petición de las gente de Andalán), así que éste le prometí que se lo llevaría a él. Y así empecé un periodo de colaboración con la revista, en la que llegué a llenar un tercio de algún número. Cuando escribí éste tenía 20 años recién cumplidos. Hubiese preferido entonces ser capaz de hacer una gran canción digna de Bob Dylan, Donovan, Paul Simon o Cat Stevens, pero cada cual vale para lo que vale. Y se aguanta.




TUDELA: ALGO HUELE A PODRIDO

UNA MULTINACIONAL PAPELERA QUIERE PARTICIPAR EN LA DEGRADACIÓN DEL EBRO

Artemio Baigorri y Mario Gaviria



Cuando en Aragón nos ocupamos del problema del agua, de su utilización para fines ajenos a los intereses de sus más legítimos beneficiarios, la tierra y los ciudadanos que la beben, así como de su contaminación, nos olvidamos, las más de las veces, de mirar más allá de Caspe, por un extremo, y de Zaragoza por el otro, siguiendo el eje transversal de nuestra región. Sin embargo, más allá de uno de los extremos mencionados, sobre la zona del Valle del Ebro aragonés que se extiende entre Zaragoza y Mallén, localidad fronteriza con Navarra, se cierne en la actualidad un grave peligro: la contaminación de las aguas utilizadas para beber y regar. El mismo peligro es compartido por parte de la Ribera navarra, de Tudela a Cortes. La posible instalación de una central nuclear en Tudela ya ha sido comentada, aunque sólo por encima, por algunos medios informativos, y de ello, aunque el proyecto por ahora parece detenido, nos ocuparemos próximamente. Pero en estos momentos existe un peligro mucho más grave, desde el punto de vista contaminante, que una central nuclear. La cuestión es que el pasado 9 de abril el Pleno del Ayuntamiento de Tudela aprobó el Proyecto de instalación en sus tierras de una papelera.

El problema es enfocable desde varias perspectivas: línea no aconsejable para el desarrollo industrial de Navarra; deficiente ordenación del suelo urbano e industrial, al dedicarse 45 Has de regadío urbanizado a la instalación de una industria contaminante; atentado contra el desarrollo agrícola del Valle del Ebro..., y su gravedad exige un rápido tratamiento. En cualquier caso, hemos de tener presente que no podemos abstraer la cuestión de su contexto general: la lucha de clases.

Una fuente de contaminantes llamada «Transpapel»

Como hemos comentado más arriba, el 9 de abril de 1976 el Pleno del Ayuntamiento tudelano —con excepción de tres concejales— decidió la instalación en la ribera del Ebro de la factoría papelera denominada «Transpapel», mediante la aprobación de la venta de terrenos a la empresa interesada y con la declaración de la misma como de Interés Municipal, acogiéndose por tanto a los usuales beneficios municipales y forales.

Según afirma la propia empresa, su inversión va a ser de 2.000 millones de pesetas, que van a crear 260 puestos de trabajo. Nada habría de particular en el asunto, si no fuese porque la industria en cuestión, cuya intención es la de dedicarse a transformar el papel usado en reutilizable, va a verter en el agua destinada entre otras cosas al abastecimiento de agua potable de Zaragoza y otros muchos pueblos gran cantidad de sustancias altamente contaminantes, lo que lógicamente repercutiría asimismo en la calidad de los productos agrícolas regados por dichas aguas. La cantidad de agua necesaria para el proceso de fabricación es gigantesca. De ahí que su instalación vaya a llevarse a cabo en el mismo borde del Ebro, a sólo 6 ú 8 metros de altura con respecto al cauce, para poder tomar el agua necesaria sin dificultad, asimismo realizar el vertido de residuales. El problema estriba en que a lo largo del proceso de fabricación se van vertiendo en el agua utilizada micropartículas de metales, minerales y productos sintéticos, que se disuelven en el agua, siendo imposible realizar luego una perfecta depuración, ya que no se trata de materia orgánica en suspensión. El gran caudal del río tanto en invierno como en verano servirá para diluir entre sus aguas los residuos de la depuradora; ante esto, la empresa, el 50 por ciento de la cual es propiedad norteamericana, alega que en EE.UU. o Suiza este tipo de fábricas no contaminan, dado el rigor de la normas y los escrupulosos controles que se realizan. Ni que decir tiene que no podemos hacernos semejantes ilusiones. La realidad de la fantasmagórica «Comisión Ministerial del Medio Ambiente», la no publicación de la Ley de Contaminación Atmosférica, así como la tolerancia ante la degradación del medio ambiente, nos hacen pensar que la empresa multinacional que nos ocupa no va a estar dispuesta a hacer un gasto que no va a producirle beneficios siendo que no se le obliga a ello. Su «altruismo» colonial no llega a tanto, ni tampoco a mucho menos.

En cualquier caso, los navarros piensan que es suficiente la degradación de sus aguas producida por las papeleras de Leiza, Allo y Sangüesa, entre otras industrias contaminantes, como para que a ellas se les sume otra.

Está comprobado que la papelera es la industria más despalmadora de agua. Los agricultores valencianos consiguieron oponerse a la instalación de una de esas fábricas en el Alto Turia (concretamente en Teruel), y los pescadores y marisqueros gallegos están llevando a cabo en la actualidad una dura batalla contra las papeleras de las Rías, mientras en la Ribera, con toda tranquilidad, «me toda su cachaza», dirían en mi pueblo, un consistorio municipal aprueba contentísimo un proyecto para la instalación de una de ellas sin conocer la realidad de las mismas, y en unas condiciones de ensueño. Resulta curioso que el mismo Ayuntamiento se haya opuesto a la instalación de la Central Nuclear, por la contaminación de las aguas. Con todo el riesgo que presentan las Centrales Nucleares, contra las cuales la lucha ha de ser larga y dura, el grado de contaminación de las aguas utilizadas, caso de que no se produzca un accidente, es ridículo comparado con la degradación de las mismas producida por una papelera. La degradación del río Aragón en ciertas épocas del año —gracias a la papelera de Sangüesa es realmente alarmante, siendo constante denuncia por los Sindicatos de Riegos y las Sociedades de Pescadores.

Pero lo tremendo, lo más grave, es que la fábrica se instalará más arriba de la toma de agua para el abastecimiento de Tudela, del canal de Tauste y del Canal Imperial de Aragón, del que bebe Zaragoza además de otros pueblos; lo cual constituye un verdadero acto de falta de solidaridad, por parte de quien ha permitido tal emplazamiento, con las regiones hermanas.

Por otra parte, habría que saber a nivel exacto hasta qué punto se van a ver afectadas las tierras regadas por ese agua contaminada. No olvidemos que a lo largo de muchos kilómetros ya proliferan en la actualidad los peces muertos en las orillas del Ebro.

Un negocio redondo

Pero «las cosas de Transpapel» no terminan en la contaminación. Es probable que el despilfarro del Patrimonio Comunal de Tudela, parte del cual se va a utilizar para la instalación de la factoría, motive un verdadero escándalo.

Las 45 Has de tierra de huerta vendidas por el Ayuntamiento (30 has para su utilización inmediata y 15 de reserva) constituyen no sólo la mejor localización posible para una industria en España, sino también una de las mejores de Europa. Las características del terreno, que se va a vender al ridículo precio de 100 pesetas el metro cuadrado, son excepcionales. Además del río, junto al terreno pasa una línea férrea electrificada de doble vía (de la que pueden sacar una derivación para el movimiento de las materias en la propia fábrica) integrada a la red nacional, teléfono automático con líneas disponibles, télex, carreteras nacionales, proximidad de dos cruces de autopista, varias líneas de alta tensión y próximamente gaseoducto. Todo aquello que una industria puede desear tener más a mano lo va a tener casi regalado, como luego veremos, Transpapel. Sin contar con las obras de perfeccionamiento de la infraestructura que la Diputación deberá realizar de forma gratuita, al haber sido declarada la factoría como de Interés Municipal.

Pero la infraestructura es tan sólo una parte del negocio. Por otro lado, la forma de pago del terreno no puede ser más ventajosa, ya que, excluyendo toda forma de intereses, se programa así:

  • Año 1976: 10.000.000 Pts.
  • Año 1977: 10.000.000 Pts.
  • Año 1979: 6.000.000 Pts.
  • Año 1982: 4.000.000 Pts.

Si tenemos en cuenta que las subvenciones del Plan de Promoción Industrial de la Diputación Foral de Navarra pueden llegar a incluir un 20 por ciento del precio de adquisición de los terrenos, y que la inflación de estos últimos años supera el 15 por ciento anual, cabe deducir que la adquisición de los terrenos resultará prácticamente gratuita.

La otra cara es que, en función no sólo de la permanente depreciación de la moneda, sino asimismo por la creciente carestía del suelo industrial con estas características, el precio del terreno debería andar ya en la actualidad entre las 1.500 y las 2.000 pesetas por metro cuadrado, pudiendo alcanzar en los próximos cinco años las 3.500 pesetas. Esto por un lado. Por otro nos encontramos con que, a razón de los 80 puestos de trabajo por hectárea de suelo industrial que dan como media la generalidad de nuestros polígonos industriales, las 45 Has de tierra comunal debieran instalar 3.600 puestos de trabajo en lugar de los 260 de que habla Transpapel. Ni la Authi (ahora Seat) de Pamplona, ni la propia Seat de Barcelona, ni muchas fábricas que emplean 4.000 y 5.000 obreros han necesitado 45 Has de tierra dotadas con una infraestructura tan rica y completa como las que pretende esta fábrica.

Quizás hallemos la razón última de este desaguisado comercial en el hecho de que la única limitación en las condiciones de compra impuestas a Transpapel es que los terrenos se dediquen «única y exclusivamente a la fabricación de regeneradores de papel prensa y otros tipos de papel a partir del papel usado». Teniendo en cuenta que este tipo de industrias está adquiriendo creciente importancia mundial, y que Transpapel ha «comprado» tierra «para dar y vender», es decir, en cantidad desmesurada, bien pudiera ser que precisamente dedicase posteriormente la tierra sobrante a «darla» a alguna filial suya, o venderla a otras factorías papeleras que quieran instalarse allí. Además de a reciclar papel, Transpapel es muy posible que se dedique también a reciclar solares. Y no olvidemos que esos solares son propiedad comunal.

Sobran multinacionales

A más de uno puede llamar a engaño el hecho de que el presidente de la empresa a la que nos estamos refiriendo sea don Fernando Liñán Zofio, ex-ministro español de Información y Turismo. Sin embargo, tan sólo el 50 por ciento es propiedad española. La otra mitad pertenece por completo a la Polythermic Organization Limited (Estados Unidos, desde luego). Con ésta, son más de 65 las empresas multinacionales implantadas en Navarra a lo largo de los últimos diez años. Piher, Sanyo, SKF, Seat, Magnesitas, figuran entre las más importantes. Es radicalmente contradictorio el presente proyecto con las aspiraciones de muchos navarros, que claman por la creación de un verdadero Instituto Navarro de Industria y Recursos, que posibilitaría la creación de numerosos puestos de trabajo aplicando las exenciones fiscales y subvenciones a la industrialización propia y peculiar de Navarra.

Se está hipotecando el futuro del país. Existen en España métodos de reciclaje de papel en menor escala que, con una localización adecuada, deberían ser impulsados por nuestra tecnología, sin supeditarnos a patentes y tecnología extranjera y sin crear un gigantismo industrial en absoluto beneficioso a largo plazo. Al fin y al cabo, el obtener beneficios con el suelo comunal de Tudela y con el agua del Ebro es algo que los propios navarros también lo pueden hacer.

Una alternativa

Desde luego, muchos tudelanos están dispuestos a llevar el caso si es preciso, a los tribunales, y las alternativas al proyecto van surgiendo.

Supongamos que se puede llegar a una depuración perfecta, y que la fábrica es afectada por los regantes y consumidores de agua potable aguas abajo. A pesar de ello, su instalación en Tudela seguirá siendo una medida arbitraria e irracional. Acumular las fábricas en Tudela es contrario a los intereses de los pueblos que la rodean y, en consecuencia, contrario a Tudela, por cuanto su futuro está en parte condicionado por el futuro económico y demográfico de los pueblos de la Merindad.

En Ribaforada, aguas abajo de la toma de agua potable de Tudela, y del nacimiento de los canales de Tauste e Imperial, se realizaron al parecer negociaciones, pero indudablemente las condiciones de sus terrenos no podían semejarse a las de la Corraliza del Molino, término tudelano donde se halla el solar «vendido».

Sin duda alguna, el lugar más adecuado para su instalación, caso de resolverse, naturalmente, las cuestiones técnicas, sería Buñuel, el pueblo de la zona con mayor porcentaje de trabajadores por cuenta ajena —jornaleros—, 420 de 2.828 habitantes, a sabiendas de sus insuficiencias debido a estar relativamente marginado de los circuitos industriales, carreteras general y ferrocarril. La instalación en esta comarca polarizaría en unas áreas cercanas a 16.000 habitantes, de los cuales unos 1.400 son jornaleros, más del 80 por ciento eventuales, que necesitan en consecuencia puestos de trabajo permanentes. Las cercanías de Ribaforada serían un lugar idóneo.

De cualquier forma, está claro que una fábrica de menos de 300 obreros no va a resolver los problemas agrícolas de 1.400 trabajadores eventuales. Por el contrario, si las subvenciones a fondo perdido, los créditos y las facilidades que se dan a la industria multinacional, se diesen para instalaciones ganaderas acompañadas de una redistribución de tierras y de una revalorización de los Montes Comunales, posibles regadíos en Cabanillas, Fustiñana, Ablitas, etc., tendrían un efecto multiplicador mayor y colonizador multinacional menos. Las líneas del desarrollo navarro, como las de todo el Estado español, no pueden seguir siendo convergentes en la industria. Antes al contrario, debe planificarse el desarrollo con vistas a una revalorización de la agricultura.

Una vez más, nos encontramos ante una consecuencia de la planificación democrática de la economía. En el fondo, tan sólo una manifestación exterior más de la lucha de clases: consecución de rápidos beneficios por parte de una minoría a costa de los intereses de la mayoría y de la nación, frente a planificación democrática de la economía y control popular sobre el aprovechamiento racional de los recursos naturales.

¡Quién sabe! A lo peor lo que pretenden es convertir rápidamente el Ebro en una cloaca inservible para regar, para de esta forma, cuando la oposición al mismo no tenga sentido, poder realizar tranquilamente el trasvase.

El peligro contaminante de la papelera de Tudela va a ser una buena prueba para conocer la verdadera utilidad de la Comisaría de Aguas del Ebro, del M.O.P. y saber si realmente cumple su función de guardián de la potabilidad del agua del Ebro. No fuera a ser que ocurra como en Valencia, donde la Ford, ante las protestas populares por arrojar los residuos venenosos a la Albufera, ventiló el asunto arrojándolos a partir de entonces en la acequia de riego más importante de la comarca, envenenando cultivos, y desde luego, envenenando la Albufera porque a ella van a parar las aguas sobrantes de la acequia. Ni en Tudela, ni en la ribera del Jalón, ni en ningún otro punto de la cuenca del Ebro debe ser permitida una factoría de las características de Transpapel.


Referencia; Baigorri, A. (1976), Tudela:algo huele a podrido. Esfuerzo Común, Num. 239, pp. 40-41



 

8.09.1976

Escatrón, la identidad perdida (1976)


Mi primera investigación sociológica, sin yo saberlo. Tenía veinte años, estudiaba Ciencias de la Información, creía que hacía Nuevo Periodismo, pero hacía Vieja (o clásica) Sociología: estaba analizando un proceso de cambio social y el impacto de la industria en el medio rural. Es un capítulo del libro El Bajo Aragón expoliado, dirigido por Mario Gaviria. 

Me había instalado en Zaragoza para seguir los estudios a distancia, porque era un coñazo pasarse los días yendo y viniendo entre Barcelona y Bellaterra, una media de cuatro o cinco horas diarias entre metro, tren, autobús y pies, para casi nada (porque casi nada aprendí en aquella facultad: un poco de Sociología y de Economía es lo único que me sirvió alguna vez). Pero sobre todo, en casa no podían financiarlo (el primer curso, simultaneado trabajando, había sido un poco desastroso, y el segundo lo pasamos en huelga de penenes, aún más desastre). 

Seguía con mis crónicas como corresponsal de mi pueblo para el diario El Noticiero de Zaragoza y a finales de 1975 me solicitaron de la revista Andalán un artículo sobre la autopista del Ebro, que terminé firmando con Gaviria, y una cosa llevó a otra. Se presentó un día en Mallén para comentar el artículo (que en realidad tenía casi acabado y simplemente le dio el visto bueno a que lo firmásemos juntos) pero sobre todo a llenar agua. Se acostumbró a ir mi casa a llenar garrafones de agua (el agua de Mallén llegaba del Moncayo, mientras que en Cortes bebían agua de poca calidad de una toma directa del Ebro), y en una de esas me propuso irme con toda la troupe con la que se iba a ir en verano al Bajo Aragón para elaborar un informe que ayudase a la lucha contra las nucleares que se pretendía instalar. 

Aunque por poco se frustra mi participación, porque en primavera tuve un accidente de moto (sin carnet), con la LUBE de mi padre ("La Única Birria Española" llamaban a aquella moto). Estaba regando un campo grande y bien nivelado (se regaba lento) y creí que me daba tiempo a irme por un camino al pueblo donde acaba de echarme novia, a unos 10 kms, pero en un tramo de grava se me resbaló y me dí una buena leche, con rotura del brazo por varios sitios, así que acabé en el hospital y con el brazo en cabestrillo y con varios hierrosdentro. Aún llevaba el yeso en el primer viaje al trabajo de campo.

La experiencia de aquella primera investigación (que no trabajo, por no remunerado, digamos que como becario) con Gaviria fue lógicamente iluminadora, y a ratos alucinante. Empezando con mi convivencia con el alocado Ismael Abizanda Zaforas, el cura de La Puebla de Híjar que terminaría convertido en asesor de bolsa, en cuya casa (nunca cerrada con llave) me alojaba, y que me llevaba en moto (yo detrás con el brazo enyesado en cabestrillo) a Escatrón a hacer las entrevistas (algunas tardes tras pasar por la puerta de la iglesia, donde le esperaban las beatas, para despedirlas con cajas destempladas con un "iros a casa, que esta tarde no hay misa"). 
"Esto tiene una clara relación con el concepto de empresa estatal que manejábamos en páginas anteriores. La empresa lo es todo para Escatrón, lo domina todo. Así, todas las formas culturales y los usos sociales que colaboran en la formación de una Identidad, están en sus manos. La enseñanza, las diversiones de una manera indirecta, la ordenación urbana incluso, nada de ello es espontáneo, creado por los propios Interesados. Todo, absolutamente todo se les da hecho. Sólo lea resta dlgerlrlo, y lo demás vendrá dado por añadidura. La única conciencia es la de ser "de la empresa". "Es como si ya fuese un poco nuestra" , nos decía un trabajador ya jubilado, olvidando, porque para ello se les ha programado, que en absoluto es de él. Además de la propia acción de la empresa, a todo esto contribuyen también las condiciones objetivas. Nos encontramos ante un pseudonúcleo Industrial dentro de una zona rural, hasta el extremo de que algunos trabajadores de la central todavía son a la vez agricultores, en sus ratos libres.Una joven percibía la contradicción y nos la exponía: "Esto ni es pueblo, ni es nada. En los sitios donde vive la gente de las fábricas se ve otra cosa, como más moderno, otra manera de vivir más liberal. Aquí nada de nada. Dicen todos que son industriales, pero vivimos como en el pueblo más atrasado que pueda haber". En Escatrón se ha llegado a un dramático grado de alienación. Naturalmente que esta situación tan sólo beneficia a la empresa, que logra una mayor productividad de cada obrero, porque éstos sólo piensan y viven para, por, y de la empresa"

REFERENCIA
Baigorri, A. (1976), "Escatrón: la identidad perdida", en Gaviria, M. dir, El bajo Aragón expoliado. Recursos Naturales y Autonomía Regional, DEIBA, Zaragoza, pp.114-147



7.15.1976

(Con M.Gaviria) Tudela: algo huele a podrido (1976)




"Cuando en Aragón nos ocupamos del problema del agua, de su utilización para fines ajenos a los intereses de sus más últimos beneficiarios, la tierra y los ciudadanos que la beben, así como de sucontaminación, nos olvidamos, las más de las veces, de mirar más allá de Caspe, por un extremo, y de Zaragoza por el otro, siendo el eje transversal de nuestra reflexión. Sin embartgo, más allá de uno de los extremos mencionados, sobre la zona del Valle del Ebro aragonés que se extiende entre Zaragoza y Mallén, localidad fronteriza con Navarra, se cierne en la actualidad un grave peligro: la contaminación de las aguas utilizadas para beber y regar. El mismo peligro es compartido por parte de la Ribera navarra, de Tudela a Cortes. La posible instalación de una central nuclear en Tudela ya ha sido comentada, aunque sólo por encima, por algunos medios informativos, y de ello, aunque el proyecto por ahora parece detenido, nos ocuparemos próximamente. Pero en estos momentos existe un peligro mucho más grave, desde el punto de vista contaminante, que una central nuclear. La cuestión es que el pasado 9 de abril el Pleno del Ayuntamiento de Tudela aprobó el Proyecto de instalación en sus tierras de una papelera.
El problema es enfocable desde varias perspectivas: línea no aconsejable para el desarrollo industrial de Navarra; deficiente ordenación del suelo urbano e industrial, al dedicar 45 Has de regadío urbanizado a la instalación de una industria contaminante..."

Referencia:
Baigorri, A., Gaviria, M. (1976), "Tudela. Algo huele a podrido", Esfuerzo Común, Num. 239, pp. 40-41

Enlace al texto


1.21.1976

(con M. Gaviria) La Ribera contra la autopista (1976)




Mi primer artículo "serio", cuando apenas andaba en 2º de Periodismo, en una revista considerada entonces muy sesuda, ANDALÁN. Andaba atacando las dinámicas derivadas de la construcción de la Autopista del Ebro en mis crónicas locales en el diario EL NOTICIERO, y ayudando a mi padre (o más bien metiéndole en el lío), Presidente de la Hermandad de Labradores de Mallén, a organizar la oposición, con la asesoría legal del que luego sería alcalde de Zaragoza por el PSOE, Sainz de Varanda, y la asesoría en agit-prop de Manuel Porquet Manzano, un antiguo exiliado republicano, por entonces agricultor de Huesca dedicado al agit-prop en cuantos frentes podía. Y a los de ANDALÁN (o a Luis Granell, más bien) les gustaron mis crónicas y me pidieron un artículo. Pero como uno del consejo de la revista, Mario Gaviria, que acababa de escribir un libro negro contra el proyecto de autopista del Mediterráneo, andaba esos días por su casa en Cortes de Navarra, al lado de mi pueblo, al poco me llamaron para que lo hiciese con él. Después de charlar un rato, Gaviria me dijo que lo escribiese yo y que lo firmaba conmigo a ciegas, como así fue. Bueno, debía tener motivos para fiarse pues trabajamos juntos a partir de ahí durante diez años. Aunque como las cosas son como son, y muy libertarios de prédica pero clasistas de arriba a abajo, en la revista rompieron incluso el orden alfabético en la autoría.

Firmaba "Artemio J. Baigorri" porque en mis primeras crónicas de corresponsal unos años antes (todavía con Franco vivo) en El Noticiero, firmaba solo Artemio, pero algunas crónicas (que se salían del tiesto, y aun así me las publicaban) inquietaron a algún jerifalte de la capital, que creyó que las escribía mi padre, y hombre, siendo el Presidente de la Hermandad, no es de recibo, mire usted... Mi padre dijo que me pediría poner la J. de José (mi segundo nombre), para evitar confusiones, pero que de lo que yo escribía, si el periódico lo publicaba, él no tenía nada que decirme. Y ahí se quedó la J., mientras ejercí de periodista.  

"UNA AGRESION AL ESPACIO AGRICOLAEsta autopista, como todas las demás del país no son sino una expresión más de la supeditación del interés agrícola a los intereses de la gran burguesía industrial - urbana. Los grandes capitales catalanes y vascos necesitan una comunicación cómoda y se la montan, sin más. No les importa tener que destruir cientos de hectáreas del mejor regadío. Sus intereses están por encima de todo. Las autoridades no satisfacen de forma real ninguna de las necesidades del país a largo plazo. AI poco de comenzar su explotación se convierten en deficitarias y en ese momento las concesionarias se las traspasan al Estado, para que sea el país (nosotros, ¿saben?), quien enjuague las pérdidas.Parece, por otra parte, que los ingenieros, después de sus años de carrera, no han aprendido a diseñar autopistas. No saben todavía que una hectárea de huerta por la que cruza una autopista es un trozode vida muerto, una cantidad de alimentos menos, una cantidad menor de riqueza para el país. No han aprendido todavía que las autopistas si fueran necesarias, cosa discutible, deben pasar, al precio que sea, por el secano. (...) Nos encontramos con que por la zona de regadío del valle del Ebro, entre Tudela y Zaragoza (una banda de tan sólo 11 kilómetros de anchura), discurran tres canales, una línea de ferrocarril, varias tendidos de líneas eléctricas, de teléfonos, de telégrafos, dos carreteras, ahora la autopista y pronto un gaseodicto. Dentro de poco, los agricultores tendrán que cultivar el panizo en macetas, y los oficinistas de las ciudades comerán tornillos y neumáticos."


REFERENCIA Y ACCESO
Gaviria, M., Baigorri, A. (1976), "La Ribera contra la autopista", ANDALÁN, Num. 81, Enero, pag. 4
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