12.02.2020

Prólogo a "Ciudadanía y voluntariado senior en la Sociedad Telemática" (2020)

Este texto, que parte de otros textos precedentes, actualizado a la situación más actual, es el prólogo esdcrito para el libro del sociólogo Santiago Cambero, "Ciudadanía y voluntariado senior en la Sociedad Telemática", que recoge la tesis doctoral que durante siete largos años dirigí. No es pues un prólogo al uso, que hable de la obra que prologa, sino que es un texto que prologó en su día el propio desarrollo de la obra, y que se ha actualizado fruto de sucesivas lecturas y atención a la actualidad a que la dirección de una tesis doctoral te obliga. Pasó su momento de ser publicado como artículo (quizás una nueva versión en el futuro), pero queda aquí al alcance de quien lo necesite.



" Las sociedades humanas necesitan de pavores colectivos. Desde el origen mismo de la humanidad los grandes terrores a fenómenos aparentemente incontrolables que pudieran acabar con la comunidad han sido instrumentos muy funcionales, como el sociólogo Emile Durkheim descubrió, como instrumento de cohesión social, y también de control. 

Las religiones durante milenios, y luego la Ciencia, han sido los mecanismos de los que los humanos se han servido para exorcizar esos miedos. Y así ocurre de nuevo, con un fenómeno que conduce a menudo incluso a la parálisis de los gobiernos, que dudan sobre cómo enfrentarlo porque no alcanzan a disponer de diagnósticos definitivos sobre su posible evolución e impactos: el envejecimiento de la población. El mundo se llena de viejos, con los que no sabe muy bien qué se va a hacer, ni siquiera si son una carga o un bien. El tema ha generado innume-rables investigaciones sobre sus muchos aspectos, uno de los cuales (el envejecimiento activo vinculado a actividades solidarias) se aborda en el trabajo que se presenta. 

Ocurrió casi repentinamente en los años 80 del siglo XX. Tras medio siglo de preocupación (a menudo en términos aún más apocalíp-ticos) por el crecimiento de la población, los demógrafos empezaron a dar la alarma sobre un problema casi antitético: el estancamiento demográfico. “Explosión demográfica” es el término que venía utilizándose desde principios de siglo en biología, aplicado a ciertos procesos ecológicos de sobrepoblación que podían conducir a la extinción, pero el sociólogo y demógrafo Kingsley Davis empezó a utilizarlo en los años 40 para referirse explícitamente a las peligrosas consecuencias de todo tipo que podrían derivarse de la llegada del proceso de Transición Demográfica a aquellos países menos desarrollados que empezaban a disfrutar de los bienes de la salud pública y la satisfacción de las necesidades básicas . Y ahora se hablaba sin embargo de envejecimiento, iniciado primero en los países más desarrollados del planeta, como antes ocurrió la Transición Demográfica y su última expresión (el baby boom que siguió a la II Guerra Mundial). Lo que parecía un logro (la ampliación de la esperanza de vida de los seres humanos) empezaba a verse como un problema.

Efectivamente había factores para preocuparse. La caída de la na-talidad que se inició en la segunda mitad del siglo en los países ricos, una vez agotado el baby boom, se había extendido a finales del siglo XX a Asia y Latinoamérica, y empezaba a percibirse incluso en África . El desarrollo de la higiene y la sanidad pública, el creciente acceso al agua potable y a los beneficios del desarrollo económico, alejaba el fantasma de la Bomba Población que en 1968 dio título al bestseller apocalíptico de los entomólogos Paul y Anne Ehrlich. De hecho, hace años que nadie se preocupa por el crecimiento demográfico en ningún país del mundo.

Pero como decíamos, las sociedades necesitan de los pavores co-lectivos, así que pronto las previsiones alcanzaron un tono tan apocalíp-tico como las anteriores, aunque ahora el leitmotiv fuese bien distinto. Sociólogos y economistas miraron de nuevo a la demografía con preocupación, y alarmaron tan exageradamente como antes a las gentes: los sociólogos elaboraron el concepto de dependencia (que actualmente no sólo forma parte de la terminología sobre el tema, sino que ha pasado a constituirse en factor de un derecho, y dado nombre a numerosos organismos y servicios públicos) y auguraron una sombría y socialmente insostenible sociedad futura; y los economistas (no en vano son los prac-ticantes de la llamada ciencia lúgubre) han hecho temer a los trabajadores, durante décadas,  por el futuro de sus pensiones. Buena parte de los debates políticos de las últimas tres décadas en los países europeos se centran en torno a la capacidad del sistema para mantener las pensiones, o al papel de la inmigración en ese sostenimiento de las pensiones. Y no sólo los científicos sociales se alarmaron. 

(...)"

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Baigorri, A. (2020), "Prólogo" en S.Cambero, Ciudadanía y voluntariado senior en la Sociedad Telemática, Editamas, Badajoz, pp. 11-28

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9.04.2020

Chicos y chicas, dos formas de vivir la religiosidad en la generación 1.5. El caso de la inmigración marroquí en Extremadura (2020)

Este trabajo constituye un avance de una investigación en marcha sobre la religiosidad entre la población inmigrante de origen marroquí en Extremadura.

Se trata de una población cuya religiosidad de origen (el Islam marroquí) ya tiene unas características particulares dentro del Islam, así como culturales (por proceder de territorios rurales bastante homogéneos y atrasados) y que además se instalan en una región a su vez marcada por bajos niveles de urbanización y un desarrollo económico, social y cultural por debajo de la media española.

El trabajo se centra en un segmento de la población estudiada, los jóvenes de la llamada generación 1.5 (socializada parcialmente en las dos sociedades), y analiza las diferencias, en función del género, en la forma de sentir y vivir la religión. Las conclusiones evidencian las mayores dificultades de las chicas para vivenciar su religión en un marco de aculturación y libertad y desarrollo de una carrera como escritor que existían a finales del siglo XVIII

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9.01.2020

Propuesta de investigación  sobre la Juventud de Extremadura (2020)

Otro ítem en el CV de fracasos. Una historia un poco de risa, y que me hizo llegar a la conclusión de que con organismos de Jóvenes, nevermore. Derivó de una especie (digo especie) de oferta pública (que no incluía ni presupuesto, y todo lo demás iba como muy abierto, flexible, fluido) que llegó a través de un vicerrectorado. 

Tras haber tenido un par de experiencias malas con una cohorte anterior del Consejo de la Juventud en una seudoconvocatoria parecida, el equipo se planteó no jugarles el juego en esta ocasión. Pero uno de los compañeros, bien relacionado con "los jóvenes", insistió en que hiciésemos una propuesta, que ahora no sé qué y no sé cuántos..., y nuestra nueva IP, ilusionada por hacer cosas.

Así que ¡hala!, metidos otra vez a preparar una propuesta, extractar entre todos, de nuestros cv, cuatro páginas de ítems de experiencia en estudios de juventud y relacionados, deprisa y corriendo, con un gran y completo equipo..., esas cosas, ahí abajo está propuesta.

Para nada, naturalmente. El trabajo se "adjudicó" a un equipo menos potente en cuanto a recursos humanos y cualificación, y sin experiencia curricular conocida en estudios de juventud y similares. Un dato, que seguro que no tuvo influencia, pero que ahí está: una miembro del equipo, profesora de Didáctica y Organización Escolar, era la vicerrectora que mantiene normalmente las relaciones con el Consejo de la Juventud. Eso sí, la IP de la propuesta "ganadora" dos años después publicaba un libro de los de pago en Dykinson  (se supone que financiado por el propio Consejo de la Juventud) pero que valen igual para sumar puntos en las acreditaciones y baremaciones) como coautora con la responsable de adjudicar el estudio. Además de figurar en los créditos del libro resultado de la investigación:


Un libro en el que por cierto, no tienen ningún capítulo escrito según muestra el índice. Qué cosas, de verdad. Bueno, lo han hecho, y ya está. Cualquiera podemos hacer cualquier estudio. Lo gracioso es que el argumento definitivo que se nos dió para la "adjudicación" a tan diminuto equipo era que nosotros nos planteábamos una encuesta presencial entre otras cuatro opciones (¡cuatro!) mientras que el otro equipo la incluía con menor coste. Bueno, esta fue la "encuesta más fiable", recogida en el propio informe. 


¿Gracioso? Pues la gracia no termina ahí. Tras informarnos de tal criterio de adjudicación, la parte "adjudicadora" nos dice que de todas formas no hay problema, que aunque quieren que lo haga el otro equipo, todo nuestro equipo podría integrarse en el equipo adjudicatario, si queríamos. 

- ¿Es un chiste?

- No es un chiste

Por supuesto, a quienes están necesitados de CV en el grupo de investigación les animamos a que se integrasen. Sin embargo, nadie del grupo quiso integrarse tras tamañana cacicada.

Tan sólo lo hicieron las dos personas que en realidad figuraban en nuestra propuesta como colaboradores, pero no formaban parte del equipo de investigación propiamente dicho. Una que en realidad aún no formaba parte del Grupo de Investigación pues no tenía "relación permanente" con la Universidad (oigan, son las normas, ridículas, pero normas), respondió a esa oferta, integrándose en el equipo adjudicatario. Luego pudo integrarse en nuestro grupo de investigación, y en él ha permanecido un par de años, pero hoy (lógicamente) está en el grupo de los miembros de aquel equipo. Y la otra que, bueno....

Bien, ahí está la propuesta, y digo lo de siempre: a alguien puede que le sirva. Se agradecerá si lo hace saber. 

Y lo dicho, con frentes de Juventudes, ni de lejos. Ni de joven, ni de viejo. Por algo sería que mi padre no me llevó nunca al susodicho Frente de Juventudes.


M. Caballero,  A. Baigorri, M. Centella, M. Chaves, L. Domínguez, R. Fernández (2020), " Propuesta de investigación sobre la Juventud de Extremadura"  

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12.14.2019

Badajoz esquizo: un patchwork-ensayo (2019)


Este texto responde a la solicitud del historiador Miguel Angel Naranjo, de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, radicada en Badajoz, de contribuir con un capítulo a uno de los tomos de la colección sobre historia de Badajoz que editan. Un volumen que estaría dedicado a la dialéctica entre pasado, presente y futuro.

El encargo, que abordé como una reflexión compuesta por fragmentos de algunas de las sucesivas miradas y reflexiones que he hecho sobre la ciudad, desde mi primer contacto con ella, circunstancial, en 1977. El texto no tiene nada que ver con el formato esperado, pero los editores tuvieron la paciencia de incluirlo tal cual en el volumen. A mí me vino bien para recopilar/referenciar casi todo lo que he escrito sobre la ciudad. Y me dí cuenta de que he escrito mucho sobre ella.




"Introducción
Este trabajo se escribe para una colección erudita, académica en su concepción y gestión, dirigida por un historiador con amplia experiencia investigadora, que viene recogiendo trabajos eruditos e investigaciones académicas sobre Badajoz. Sin embargo, no es un artículo erudito, no es el resultado de una investigación histórica. Está compuesto bajo la forma del ensayo y en un estilo, en primera persona, que a algún lector puede incluso perturbar. Aunque en realidad sí en el resultado de una investigación histórica, sobre la propia relación del autor con la ciudad objeto de análisis, tras un arduo trabajo en los archivos de la memoria neuronal y escrita.
Sobre Badajoz he escrito algunos cientos de páginas, no todas publicadas: informes oficiales, informes discretos, un libro, artículos, conferencias, sugerencias de acción a iniciativa propia, de colectivos, o también a petición de políticos, incluso algún pequeño discurso ajeno. Y he respondido a algunas entrevistas en prensa, radio o televisión, sobre asuntos de interés para la ciudad. Mucho de lo escrito probablemente hoy esté obsoleto, mientras que otras páginas siguen tan de actualidad como hace diez, veinte o treinta años. Este texto está compuesto, como un patchwork, con fragmentos de algunos de esos textos. Por supuesto, los más castos intelectualmente hablando.
Imagen 1: El patchwork
 
Escribo parte de estas líneas introductorias en Nueva York, viendo por la ventana de un hotel vetusto unos no menos vetustos y sucios edificios, tras los que sin embargo emerge la elegante aguja del edificio Chrysler que en la noche se tiñe de mil colores. Hoy tiene los del arcoiris de la fiesta del Orgullo LGTBI.
Y se me hace aquí difícil pensar en Badajoz como en ciudad. Virtualmente vuelvo a casa desde Manhattan, planeando sobre Google Maps, y apenas veo una aldea. Una aldea perdida en el cuasi-desierto extremeño, casi invisible si tomamos como escala ese enjambre,  BosWash (acrónimo compuesto por las primeras sílabas de Boston y Washington, en los extremos de la conurbación), que se extiende a lo largo de 800 kilómetros de Norte a Sur, habitado por casi 70 millones de habitantes. en cuyo centro está Nueva York y en cuyo núcleo está Manhattam, yo en esta habitación de hotel barato. Badajoz se vería perdida no ya en esa conurbación que inspiró el concepto de megalópolis a Jean Gottman , sino tomando como referencia únicamente la ciudad de Nueva York. Podría ser poco más que el barrio, el Harlem español. ¿Cómo me atrevo entonces a hablar de “la ciudad de Badajoz” sin sentir que caigo en el más espantoso ridículo analítico?. Véase la imagen, en la que los dos fragmentos de mapa están tomados exactamente a la misma escala.
Imagen 2: La escala de las ciudades
Pero enseguida pienso en el bucólico pueblo de la corona mesopolitana  en el que ejerzo de “commuter”  durante seis meses, y entonces consigo hacer visible la condición urbana de Badajoz. Incluso la condición metropolitana de los pueblos de su entorno, desde los que a diario se desplazan a Badajoz (a trabajar, a estudiar, a comprar, a pleitear, a pagar impuestos, a ligar) decenas de miles de personas.  No sabemos cuántas porque desde hace décadas no se realizan investigaciones serias sobre la ciudad y su entorno. La conversión en pueblos-dormitorio de buena parte de la corona mesopolitana, Elvas incluida, debido a la burbuja inmobiliaria sufrida la pasada década, no ha sido aún estudiada en sus consecuencias. Carreteras como la de Olivenza (cuya conversión en autovía sigue a la espera desde que el gobierno del presidente Monago detuviera la obra en 2011) constituyen de hecho tramos viarios de riesgo muy alto.
Imagen 3: Área mesopolitana
 
Más aún, mi propia teoría de la Urbe Global plantea que en realidad sería indiferente el tamaño de Badajoz. Pues lo urbano, la ciudad, la civis, la urbe, más allá de los espacios concretos, y es
"un continuum inacabable en el que se suceden espacios con formas y funciones diversas, con mayores y menores densidades habitacionales, pero que en su totalidad participan de una u otra forma de la civilización y la cultura urbanas", hasta el punto de que, al abarcarlo todo y descansar sobre las telecomunicaciones, la ciudad "deja de existir como espacio físico (...), se hace virtual" 
Y no hay que olvidar que las mesópolis
“cumplen la función de integrar lo rural en lo urbano en términos de igualdad. Son las que más eficazmente transmiten los valores y cultura urbana a los intersticios rurales incorporándolos progresivamente a la urbe global” 
Entre la aldea y la urbe global, por tanto, está Badajoz. Algo tiene de aldea perdida todavía. A la hora de proponer la realización de un Congreso Académico indefectiblemente aparece el asunto de las comunicaciones, la enorme distancia a casi cualquier punto de España. Alegamos entonces tener un aeropuerto internacional en Lisboa, que dentro de unos años incluso estará algo más cerca, a apenas 180 kms. Pero, ciudad al fin aunque haya quién lo ignore, también sigue siendo habitual ver llegar viajeros que esperan encontrar aquí la España profunda, la miseria, las gitanillas correteando por la Plaza Alta, y se sorprenden. Hay quién llega esperando ver pasar las cachanillas, esas cinematográficas plantas secas que el viento hace rodar en el desierto de Arizona.
- Oye, pues resulta que se come bien aquí, ¿no?
- Oye, pues no hay mucha inseguridad, ¿no?
- Pues llueve más de lo que creía, ¿verdad?
- Anda, si hay universidad y todo
- ¿Y aquí en la capital también cobra todo el mundo el PER?
Son frases, todas ellas, escuchadas en alguna ocasión a visitantes. La síntesis esquizoide de esa paradoja estriba en la posibilidad de que, como respuesta a la afrenta que un alcalde ultramontano, una confluencia de colectivos LGTBI y medios de comunicación hayan ubicado en la la ciudad la que ya es la segunda celebración gay del país. La Fiesta de los Palomos es un indicador netamente urbano que surge de un comentario sólo esperable en la España más profunda, más rural, más “atrasada” culturalmente.
¿De quién hablamos?: un municipio como un país
Pocas veces se tiene plena conciencia en la ciudad de las inmensas posibilidades que Badajoz, como municipio, ha tenido y tiene. La ignorancia de su potencial actúa como ansiolítico de esta ciudad esquizo; ayuda a olvidarse del estado de estancamiento real en el que a veces puede permanecer, sin que se note (porque los bienes de consumo siguen llegando) décadas.
...."




Referencia
Baigorri, A. (2019), "Badajoz esquizo: un patchwork-ensayo", en M.A.Naranjo y J.Matador, eds., Badajoz: Presente, Futuro y la Raya, Apuntes para la historia de la ciudad de Badajoz, Tomo XIV, Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País, Badajoz
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12.10.2019

Por una verdadera educación para el cambio climático (2019)

Por una verdadera educación para el cambio climático



Suriyawut Suriya/Shutterstock
Artemio Baigorri, Universidad de Extremadura y Manuela Caballero Guisado, Universidad de Extremadura
No es seguro que la llamada de Lorenzo Fioramonti, ministro de Educación de Italia, animando a los estudiantes a faltar a la escuela y participar en protestas, contribuya a preparar al mundo para los cambios tecnológicos, económicos y sociales necesarios para enfrentar el cambio climático.
Si algo necesitamos para encajar su impacto y adaptarnos al nuevo marco climático-ambiental, van a ser buenos científicos (de la naturaleza y sociales) y buenos tecnólogos.
Pero sobre todo, hacen falta ciudadanos conscientes de que tienen responsabilidades asociadas a sus hábitos de vida, producción y consumo. Ciudadanos bien informados para enfrentar racionalmente las trampas de los “mercaderes de la duda”.

Jóvenes y cambio climático

Por más demagógica que suene su llamada a hacer novillos cada viernes, en lo que sí acertó Fioramonti es en la decisión de impartir a los escolares al menos 33 horas anuales (una hora semanal) de clases sobre sobre causas, efectos y formas de enfrentar y adaptarse al cambio climático.
Los más jóvenes no son tan activos como las manifestaciones de los viernes climáticos del mundo rico pueden hacernos creer, atendiendo a los pocos estudios actitudinales existentes sobre la materia.
Un informe reciente publicado en España por el Instituto Elcano muestra una cercanía de los más jóvenes a los valores medios en todos los ítems.
Esta situación no es responsabilidad de los propios jóvenes, que son producto de la socialización recibida, sino de los adultos. Sus mayores han defendido, en algunos casos, políticas negacionistas (a menudo basadas en falsas verdades), como ha ocurrido durante años en España y actualmente en los Estados Unidos.
Por primera vez tras casi una década de ausencia del problema, el barómetro de noviembre de 2018 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) incluía un micromódulo sobre cambio climático. Este muestra cómo para los más jóvenes los problemas ambientales son, incluso, menos preocupantes que para los mayores respecto a otros asuntos “cercanos” como el paro o “los políticos”.
En las escasas preguntas específicas sobre el calentamiento global, sus causas, consecuencias y herramientas para enfrentarlo, los cruces por edad indican que los más jóvenes tampoco destacan positivamente respecto de otras generaciones.
Estudios intergeneracionales más exhaustivos, en base a metodologías cualitativas, han obtenido resultados más preocupantes.
Un análisis sobre actitudes ambientales y socialización de abuelos y nietos ha evidenciado que, aunque los más jóvenes expresan actitudes más ambientalistas que las generaciones precedentes, sus prácticas no lo son tanto. Son menos consecuentes en sus hábitos que sus mayores.

La urgencia de la alfabetización climática

El IPCC realiza una evaluación periódica de los conocimientos y elabora informes y resúmenes útiles para el diseño de políticas públicas, tanto para la mitigación (reducción de las emisiones) como para la adaptación (resiliencia) de las poblaciones a los impactos y escenarios de riesgo.
A partir de estas evidencias, las principales agencias apuestan por la educación como una herramienta fundamental para preparar a las generaciones actuales, pero especialmente a las futuras.
Así, el programa de Educación para el Desarrollo Sostenible de la UNESCO evoluciona hacia la Educación para el Cambio Climático. Muttarak y Lutz han revisado las propuestas de los expertos y refrendan la importancia de la educación para reducir la vulnerabilidad a los desastres y potenciar la capacidad adaptativa.


Jóvenes de todo el mundo han protagonizado numerosas protestas por el clima. Nataliajakubcova/Shutterstock

Estados Unidos, a través del Grupo de Trabajo del Consejo Nacional de Investigación, fue pionero en la reflexión. Sin embargo, la presidencia de Trump rompió muchas expectativas a nivel federal.
En 2014, Australia llegó a plantear la alfabetización climática como un objetivo explícito. El Instituto Australiano de Resiliencia ante los Desastres ha desarrollado un completo programa educativo. Aunque algunos investigadores señalan que los apoyos públicos a la educación climática se abandonaron pronto.
En el Reino Unido, con casi medio siglo de experiencia en educación ambiental, encontramos iniciativas como el programa Cambio Climático en las Escuelas. En la región inglesa de North of Tyne acaba de iniciarse un ambicioso programa de educación formal en cambio climático que se pretende generalizar a toda el Reino Unido.

Educación para el cambio climático

No obstante, como señalan los trabajos del proyecto RESCLIMA, la alfabetización climática es una condición insuficiente para cambiar las actitudes y comportamiento de los escolares.
En la interacción clima-sociedad, la principal fuente de incertidumbre no está en las ciencias del clima, sino en las lecturas sociales, económicas y políticas que se hacen.
Hay además una lógica atendiendo a la genealogía del ambientalismo. Desde la primera oleada de alarmas, a mediados del pasado siglo, se entrelazan las voces de científicos de la naturaleza como Rachel Carson (1962), Barry Commoner (1963) o Paul Ehrlich (1968), con las de sociólogos y críticos sociales como Vance Packard (1960), Murray Bookchin (1962) o David Riesman (1964), que relacionan esos problemas con las estructuras sociales.
Junto al cúmulo de evidencias sobre sus nocivos efectos, estos posicionamientos críticos con el modelo de desarrollo económico y modo de vida occidentales condujeron a la primera Conferencia Internacional sobre Medio Ambiente Humano (Estocolmo, 1972).
En España, aún con las limitaciones de la dictadura, también el componente socioambiental tuvo un peso clave en el despertar de la conciencia, con grandes hitos en la investigación y la acción, como el marcado por el sociólogo Mario Gaviria.

La situación en España

En nuestro país, se promovió en 2004 un Grupo de Trabajo sobre Comunicación, Educación y Participación frente al Cambio Climático. Sus sucesivos seminarios generaron reflexiones, pero sin consecuencias en el sistema educativo. El Gobierno Rajoy (2011-2018), inicialmente negacionista, dejó este fenómeno fuera de la agenda.
Actualmente no existe una acción pública explícita, aunque podamos encontrar acciones aisladas.
El proyecto RESCLIMA ha analizado la presencia del calentamiento global en los libros de texto de Secundaria. Sus resultados demuestran que existe un marco reduccionista y convencional centrado exclusivamente en la dimensión de las ciencias de la naturaleza, olvidando la dimensión social.
En nuestro caso, hemos analizado la presencia del cambio climático en el currículo de la Educación Secundaria en Extremadura, y estamos contrastándolo actualmente con otras comunidades autónomas.
Las conclusiones en un estudio exploratorio deben tomarse con cautela. Pero la principal evidencia encontrada hasta el momento es la escasa presencia del término cambio climático en las asignaturas troncales, específicas y de libre configuración autonómica del currículo de la ESO.
Cierto que detectamos ecos de una cierta sensibilidad ambiental, pero su concreción en experiencias coyunturales e incompletas, como el proyecto de Ecocentros, demuestra el carácter periférico que la cuestión ambiental tiene en la política educativa.
La escuela expresa y reproduce los valores dominantes de una sociedad. A la luz de la presencia de contenidos en libros de texto y programas docentes de la Educación Secundaria, no parece que los valores ambientales formen parte real del ideario colectivo de la sociedad española.
Esto es especialmente significativo en el caso de una sociedad, la extremeña, en la que lo ambiental forma parte del relato identitario regional.
Queda, por tanto, mucho por hacer para que las generaciones futuras sean capaces de asumir actitudes y, sobre todo, hábitos proambientales sostenibles.The Conversation
Artemio Baigorri, Profesor Titular de Universidad. Área de Sociología, Universidad de Extremadura y Manuela Caballero Guisado, Profesora Contratada Doctora, Área de Sociología, Universidad de Extremadura
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.