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1.15.1977

El suelo agrario amenazado por la contaminación (1977)

 Algunas cosas son sin duda novedosas para la época, otras un poco naïf. Son 20 añitos. El otro artículo que se anuncia en portada también es mío.




EL SUELO AGRARIO AMENAZADO POR LA CONTAMINACION

COLONIZACION DE LOS CAMPESINOS POR LOS MONOPOLIOS CAPITALISTAS

Artemio J. Baigorri

Nos estamos ocupando bastante últimamente de problemas «ecológicos» —políticos y económicos en realidad— radicados en dos medios primordialmente, aire y agua. La contaminación de estos dos medios, principalmente el agua, son el fundamento de muchos trabajos periodísticos, manifiestos ciudadanos y libros aparecidos últimamente.

Existe, sin embargo, otro medio, el suelo, del que no nos ocupamos tan a menudo, y cuya contaminación es, a largo plazo, tan peligrosa como la del agua y el aire, por dos razones principalmente: su mayor densidad hace que si bien es más difícil de contaminar, una vez contaminado su purificación es muchísimo más difícil, larga y costosa; por otro lado, el hecho de que el suelo no sea directamente «consumido» por el ser humano, conlleva que su progresiva degradación no nos haya inquietado tanto como la del aire o el agua. Puede verse pues (o lo trataremos de hacer ver en la medida de lo posible dentro de este corto espacio), que debe ser mayor, y más urgente, la atención que prestamos a la contaminación del suelo. Objetivamente es lo que hay: pero hay más: la defensa del suelo, del agua, del aire, debe de estar englobada dentro de una estrategia revolucionaria. Pensar en una alternativa socialista al capitalismo es una pura frivolidad si no se tiene en cuenta los medios materiales con los que la economía debe contar. No hay alternativa posible, al menos racional, a un montón de basura. Y eso es lo que del capitalismo vamos a heredar si no nos apresuramos a evitarlo. Y evitarlo, o lo que es igual, englobar dentro de la lucha de clases la cuestión ecológica —que, creemos nosotros, es puramente económica—, equivale a presentar una alternativa limpia, al desarrollo puerco que sufrimos en la actualidad. Presentar esta alternativa, y luchar, en los niveles más inmediatos a nosotros, contra todo intento de explotación y degradación desmedida de los recursos no renovables más importantes con los que contamos: aire, agua y suelo.

Para el capital monopolista, el suelo no existe (al fin y al cabo, los miembros de las clases que detentan el capital viven rodeados de cemento, plástico y cristal); hay instrumentos de producción y reproducción del capital. Para alguno existe el suelo, pero tan solo es lo que hay bajo la nieve de sus estaciones de esquí, bajo el césped que rodea su chalet o en sus cotos de caza; es decir, algo que no corre peligro de muerte porque ya está fácticamente muerto. Fuera de ahí, lo demás es «tierra», un factor productivo más: suelo urbanizable, especie de masa informe donde mezclando semillas y ungüentos químicos crecen plantas; en cualquier forma, siempre algo sin vida, decíamos antes. Y desde luego, en tanto factor productivo, fuente de poder para sus poseedores, no olvidemos.

Se da, pues, una clara y nítida contradicción entre los intereses de las clases dominantes o propietarias respecto al medio, y los intereses y necesidades del resto de la población, cuyo futuro como especie se halla amenazado bajo las perspectivas que actualmente se nos presentan.

El suelo agrario: potingues y ungüentos contra la productividad

Aun cuando la United Fruit Ltd, aliada a la Bayer por ejemplo, lleguen a suministrarnos para el postre unas pastillas que contengan el sabor y el poder nutritivo de 4 ó 5 bananas, seguirá siendo necesario en cualquier caso la previa producción de esas 5 ó 6 bananas, que no pueden salir de los laboratorios; seguirá siendo necesario un suelo donde cultivarlas. Pero vamos a referirnos a suelos más cercanos que los explotados por la United Fruit. El caso de la Ribera del Ebro es sintomático del problema y puede estudiarse paradigmáticamente. Proceder al análisis de los suelos, y a la enumeración y clasificación de las materias que atentan contra ellos, es tarea que sale de nuestra competencia, y entra dentro de la de ingenieros agrónomos, peritos químicos, geólogos, etc. Nosotros, a través de estas líneas, tan sólo pretendemos llamar la atención sobre el problema, así como mostrar cómo la raíz del mismo se halla en el sistema productivo que sufrimos, basado en la división de los hombres en clases y en la explotación de unas clases por otras para obtener beneficios en forma de plusvalía.

El concepto de «explotación agraria mínima viable», del que tanto gustan usar los economistas de cierta izquierda, va parejo a otros conceptos como el de «productividad máxima» o «rentabilidad de las explotaciones». Todos estos conceptos son eminentemente burgueses y surgen con el desarrollo del capitalismo urbano y su «agresión» a los espacios agrarios. Esta agresión implica, como desarrollamos en un trabajo todavía inédito, la colonización de estos espacios, que anteriormente habían permanecido un poco al margen del desarrollo capitalista (el campesino no es reaccionario respecto a la izquierda, sino respecto al propio pensamiento genuinamente burgués). Esta colonización sigue dos procesos diacrónicos. La primera fase de intromisión en los espacios agrarios se lleva a cabo mediante la mercantilización de su economía; es presentado como un avance por los economistas burgueses el que los campesinos entrasen en el mercado para su abastecimiento y la venta de sus productos. En segundo lugar, se reduce el contenido de sus actividades, es decir, se vuelve al campesino cada vez más incapaz de resolver sus cultivos por medios propios, con independencia del mercado y de los intermediarios.

A través de estos dos mecanismos el capitalismo se entromete en los espacios agrarios, explotando a los campesinos mediante el «intercambio no equivalente» —deberemos sintetizar, dado el carácter de este trabajo, los conceptos al máximo—. Mediante este sistema de explotación se extrae de los agricultores no sólo su trabajo excedente, sino también parte de su trabajo necesario, con lo que éstos deben volcarse a conseguir una mayor productividad. La productividad priva hoy en la agricultura, junto con la rentabilidad, sobre cualquier otro concepto.

El abandono de las tierras no es en absoluto nada nuevo. En las economías agrarias precapitalistas, la tierra se abonaba con desechos orgánicos, procedentes del ganado y de la propia población humana. Mediante la aplicación de este abonado, la productividad... el campesino se ve obligado a forzar, artificialmente, este crecimiento. El propio capital monopolista le brinda, consecuentemente con el segundo de los mecanismos que anteriormente hemos descrito, la posibilidad de hacerlo mediante los abonos complejos, inorgánicos. Curiosamente, los mismos monopolios que detentan la producción y distribución de abonos controlan la producción y el tratamiento genético de las semillas, así como la producción de todos cuantos productos químicos se hacen así necesarios. En este desmedido afán de productividad y rentabilidad dad, se ofrecen los abonos complejos, pero se comprueba cómo la utilización de éstos va haciendo al suelo deficitario en otras materias muy necesarias. Por otro lado, semejante proceso se sigue con la selección de semillas, y su tratamiento genético, encaminado a conseguir una mayor productividad por unidad de tierra. Sin embargo, se comprueba cómo los modernos maíces híbridos, por ejemplo, precisan seis veces más energía que los de hace 20 años; es decir, una cantidad de abonos complejos seis veces mayor. En este mismo camino va la introducción de maquinaria en el campo (imprescindible objetivamente). Con ella disminuye la demanda de mano de obra, que es atraída para su proletarización por los espacios urbanos industrializados. Esta disminución en la demanda conlleva pues, una vez abiertos de forma masiva los circuitos de emigración, una disminución en la propia oferta de trabajo. Y a pesar de la mecanización persisten una serie de usos, como el «abinar» y «esquilar» (quitar la yerba), para los que sólo el trabajo humano es válido. Y por otra parte, aumentan las enfermedades y plagas de los cultivos, como consecuencia de los continuos desequilibrios ecológicos que se provocan. Los grandes monopolios ofrecen entonces herbicidas, plaguicidas, fungicidas, etc. Todo este proceso, teóricamente, debe conducir a la plena integración de la economía agrícola dentro del sistema capitalista.

A largo plazo, sin embargo, se dan varias contradicciones que el sistema capitalista es incapaz de resolver por sí mismo, dadas sus características. Por un lado, la utilización de cantidades cada vez mayores de abonos complejos es una realidad, y ello conducen a la par la necesidad de, si no aumentar, sí mantener la producción, así como la creciente superación de los hallazgos genéticos en lo que a semillas se refiere. En una tierra «virgen» la productividad aumenta si se le ayuda con abonos orgánicos. Esta productividad, manteniendo una constante de abonado, va aumentando, hasta llegar a un punto de producción óptima a partir del cual esta comienza a descender, siendo precisa cada vez una mayor cantidad de sustancias que añadir al suelo para que el índice de productividad no decaiga demasiado. En un sistema económico que administrase racionalmente los recursos, no se habría forzado el aumento de la productividad, con lo que podría mantenerse ésta en un índice óptimo, índice que en la actualidad se ha sobrepasado con creces. Cada vez son necesarias mayores cantidades de abonos complejos para conseguir el mismo kilogramo de maíz en idéntica unidad de tierra. Y las materias primas con las que se producen estos abonos constituyen recursos limitados, cuya formación requiere miles de años.

Por otro lado, la creciente utilización de herbicidas y plaguicidas conlleva la adecuación al medio de muchas de las especies afectadas por ellos, e incluso su fortalecimiento, con lo que progresivamente deberá aumentarse la potencia y cantidad de estos «potingues». Estos compuestos llevan productos químicos, tóxicos para hombres, fauna y flora, y al propio tiempo resistentes al ataque microbiano y la descomposición química que los habría de convertir en humus. No vamos a profundizar en el asunto, que, como decíamos líneas atrás, no nos compete. Bástenos señalar la contradicción existente entre los intereses de los grandes monopolios productores de estos productos y los intereses de la gran mayoría de la población, y del propio desarrollo y subsistencia de la especie humana. Semejantes problemas, además del ya descrito de la productividad, provocan la utilización irracional de los fertilizantes, de los cuales la acumulación de algunos de sus elementos puede ser altamente venenosa para el suelo y, en consecuencia, para el hombre. Es un problema a largo plazo. A un plazo más corto, la utilización masiva de estos productos, cuya producción y distribución dominan los grandes monopolios, acentúa la dependencia de los agricultores respecto de los espacios industriales.

El suelo urbano: «El cubo de la basura»

Dentro de los espacios denominados urbanos o industriales, la zona propiamente urbana, la ciudad, ocupa un área muy determinada rodeada por una frontera de basura, tras la cual todo es podredumbre. Hasta hace no demasiado tiempo, los tecnócratas del gran capital argumentaban que la solución a la contaminación producida por el desarrollo industrial se hallaba en la dilución. Así, los espacios urbanos descargaban sus desechos, humanos e industriales, en ríos y lagos, «con la esperanza de que los procesos regenerativos del agua en movimiento degradarían todos estos residuos». En la actualidad, ríos y lagos están sobresaturados de desechos, en una situación peligrosísima para la vida al no haber en el agua oxígeno suficiente para descomponer dichos productos. El resultado es —la contaminación galopante—.

Ya con anterioridad se venía practicando, si bien no masivamente, la eliminación de residuos industriales a través del suelo. Sobre todo los compuestos de nitrógeno y fósforo, difíciles de separar en las plantas depuradoras de aguas residuales. La eliminación de estos residuos a través del suelo era, es, incluso beneficioso, en tanto constituyen verdadero abono orgánico, mientras que su dilución en el agua es peligrosa. Con otros compuestos, si existe el nivel técnico preciso, puede realizarse un proceso parecido, convirtiéndolos en abonos mixtos. Sin embargo hay toda una serie de desechos minerales: En la actualidad, la precipitación de partículas procedentes en una fuente importante de contaminación por plomo de las tierras próximas a las carreteras, como consecuencia de la adición de plomo a la gasolina para aumentar el rendimiento de los motores. Esta contaminación del suelo de los espacios urbanos, inservibles ya para siempre para otras utilizaciones que las industriales, afecta, en muchos casos, como en el acabamos de señalar de los automóviles, al suelo de los espacios agrarios circundantes. Cuando un centro industrial se halla enclavado dentro de un espacio agrario no por intereses de la economía agraria de aquel espacio, sino por decisión de los centros de poder urbanos, el caso es semejante al de los espacios circundantes. Este problema ha sido tratado a menudo, en estas mismas páginas incluso, respecto al agua y el aire. Reviste el mismo interés respecto al problema que ahora nos ocupa, el suelo. Como caso ejemplar conviene recordar el caso del Bajo Aragón. En un trabajo colectivo próximo a aparecer en forma de libro, señalamos los problemas que para el suelo agrícola conlleva la excesiva acumulación de compuestos sulfurosos procedentes de la quema de carbón con fines energéticos en esa comarca.

Para todos estos problemas existen, o pueden hallarse, soluciones técnicas. Pero no puede encontrarlas el gran capital monopolista que promueve estos entuertos, porque sería atentar contra sus propios intereses. La salud del mundo como conglomerado de diversas materias es contradictoria con el desarrollo del sistema capitalista y la división de la sociedad en clases. Tan sólo en una sociedad donde las relaciones entre los hombres sean de colaboración puede curarse a la naturaleza del cáncer que lleva por dentro y por fuera. Como decíamos al principio, y sintonizando al máximo posible, una alternativa socialista que olvide todos estos problemas en aras de la productividad no puede ser ni racional ni viable.


Referencia: Baigorri, A. (1977). El suelo agrario amenazado por la contaminación. Esfuerzo Común. Num 246. pp. 6-7

9.15.1976

Tudela: algo huele a podrido (1976)


Porque hay batallas que sí hemos ganado. Algunas incluso con muy poco ruido. "Secuestro común" llamaban los lectores a esta revista, casi órgano oficial de los carlistas "rojos" de Carlos Hugo, en la que este fue mi primer artículo. Había pasado a dirigirla un periodista, Vicente Calvo, que había sido mi "maestro" cuando empecé como corresponsal local de mi pueblo para el diario desaparecido "El Noticiero". Había publicado, también firmado con Gaviria, un artículo contra la autopista en la revista Andalán, y Vicente se había puesto algo celoso de que no se lo enviase a él (aunque en realidad lo había hecho a petición de las gente de Andalán), así que éste le prometí que se lo llevaría a él. Y así empecé un periodo de colaboración con la revista, en la que llegué a llenar un tercio de algún número. Cuando escribí éste tenía 20 años recién cumplidos. Hubiese preferido entonces ser capaz de hacer una gran canción digna de Bob Dylan, Donovan, Paul Simon o Cat Stevens, pero cada cual vale para lo que vale. Y se aguanta.




TUDELA: ALGO HUELE A PODRIDO

UNA MULTINACIONAL PAPELERA QUIERE PARTICIPAR EN LA DEGRADACIÓN DEL EBRO

Artemio Baigorri y Mario Gaviria



Cuando en Aragón nos ocupamos del problema del agua, de su utilización para fines ajenos a los intereses de sus más legítimos beneficiarios, la tierra y los ciudadanos que la beben, así como de su contaminación, nos olvidamos, las más de las veces, de mirar más allá de Caspe, por un extremo, y de Zaragoza por el otro, siguiendo el eje transversal de nuestra región. Sin embargo, más allá de uno de los extremos mencionados, sobre la zona del Valle del Ebro aragonés que se extiende entre Zaragoza y Mallén, localidad fronteriza con Navarra, se cierne en la actualidad un grave peligro: la contaminación de las aguas utilizadas para beber y regar. El mismo peligro es compartido por parte de la Ribera navarra, de Tudela a Cortes. La posible instalación de una central nuclear en Tudela ya ha sido comentada, aunque sólo por encima, por algunos medios informativos, y de ello, aunque el proyecto por ahora parece detenido, nos ocuparemos próximamente. Pero en estos momentos existe un peligro mucho más grave, desde el punto de vista contaminante, que una central nuclear. La cuestión es que el pasado 9 de abril el Pleno del Ayuntamiento de Tudela aprobó el Proyecto de instalación en sus tierras de una papelera.

El problema es enfocable desde varias perspectivas: línea no aconsejable para el desarrollo industrial de Navarra; deficiente ordenación del suelo urbano e industrial, al dedicarse 45 Has de regadío urbanizado a la instalación de una industria contaminante; atentado contra el desarrollo agrícola del Valle del Ebro..., y su gravedad exige un rápido tratamiento. En cualquier caso, hemos de tener presente que no podemos abstraer la cuestión de su contexto general: la lucha de clases.

Una fuente de contaminantes llamada «Transpapel»

Como hemos comentado más arriba, el 9 de abril de 1976 el Pleno del Ayuntamiento tudelano —con excepción de tres concejales— decidió la instalación en la ribera del Ebro de la factoría papelera denominada «Transpapel», mediante la aprobación de la venta de terrenos a la empresa interesada y con la declaración de la misma como de Interés Municipal, acogiéndose por tanto a los usuales beneficios municipales y forales.

Según afirma la propia empresa, su inversión va a ser de 2.000 millones de pesetas, que van a crear 260 puestos de trabajo. Nada habría de particular en el asunto, si no fuese porque la industria en cuestión, cuya intención es la de dedicarse a transformar el papel usado en reutilizable, va a verter en el agua destinada entre otras cosas al abastecimiento de agua potable de Zaragoza y otros muchos pueblos gran cantidad de sustancias altamente contaminantes, lo que lógicamente repercutiría asimismo en la calidad de los productos agrícolas regados por dichas aguas. La cantidad de agua necesaria para el proceso de fabricación es gigantesca. De ahí que su instalación vaya a llevarse a cabo en el mismo borde del Ebro, a sólo 6 ú 8 metros de altura con respecto al cauce, para poder tomar el agua necesaria sin dificultad, asimismo realizar el vertido de residuales. El problema estriba en que a lo largo del proceso de fabricación se van vertiendo en el agua utilizada micropartículas de metales, minerales y productos sintéticos, que se disuelven en el agua, siendo imposible realizar luego una perfecta depuración, ya que no se trata de materia orgánica en suspensión. El gran caudal del río tanto en invierno como en verano servirá para diluir entre sus aguas los residuos de la depuradora; ante esto, la empresa, el 50 por ciento de la cual es propiedad norteamericana, alega que en EE.UU. o Suiza este tipo de fábricas no contaminan, dado el rigor de la normas y los escrupulosos controles que se realizan. Ni que decir tiene que no podemos hacernos semejantes ilusiones. La realidad de la fantasmagórica «Comisión Ministerial del Medio Ambiente», la no publicación de la Ley de Contaminación Atmosférica, así como la tolerancia ante la degradación del medio ambiente, nos hacen pensar que la empresa multinacional que nos ocupa no va a estar dispuesta a hacer un gasto que no va a producirle beneficios siendo que no se le obliga a ello. Su «altruismo» colonial no llega a tanto, ni tampoco a mucho menos.

En cualquier caso, los navarros piensan que es suficiente la degradación de sus aguas producida por las papeleras de Leiza, Allo y Sangüesa, entre otras industrias contaminantes, como para que a ellas se les sume otra.

Está comprobado que la papelera es la industria más despalmadora de agua. Los agricultores valencianos consiguieron oponerse a la instalación de una de esas fábricas en el Alto Turia (concretamente en Teruel), y los pescadores y marisqueros gallegos están llevando a cabo en la actualidad una dura batalla contra las papeleras de las Rías, mientras en la Ribera, con toda tranquilidad, «me toda su cachaza», dirían en mi pueblo, un consistorio municipal aprueba contentísimo un proyecto para la instalación de una de ellas sin conocer la realidad de las mismas, y en unas condiciones de ensueño. Resulta curioso que el mismo Ayuntamiento se haya opuesto a la instalación de la Central Nuclear, por la contaminación de las aguas. Con todo el riesgo que presentan las Centrales Nucleares, contra las cuales la lucha ha de ser larga y dura, el grado de contaminación de las aguas utilizadas, caso de que no se produzca un accidente, es ridículo comparado con la degradación de las mismas producida por una papelera. La degradación del río Aragón en ciertas épocas del año —gracias a la papelera de Sangüesa es realmente alarmante, siendo constante denuncia por los Sindicatos de Riegos y las Sociedades de Pescadores.

Pero lo tremendo, lo más grave, es que la fábrica se instalará más arriba de la toma de agua para el abastecimiento de Tudela, del canal de Tauste y del Canal Imperial de Aragón, del que bebe Zaragoza además de otros pueblos; lo cual constituye un verdadero acto de falta de solidaridad, por parte de quien ha permitido tal emplazamiento, con las regiones hermanas.

Por otra parte, habría que saber a nivel exacto hasta qué punto se van a ver afectadas las tierras regadas por ese agua contaminada. No olvidemos que a lo largo de muchos kilómetros ya proliferan en la actualidad los peces muertos en las orillas del Ebro.

Un negocio redondo

Pero «las cosas de Transpapel» no terminan en la contaminación. Es probable que el despilfarro del Patrimonio Comunal de Tudela, parte del cual se va a utilizar para la instalación de la factoría, motive un verdadero escándalo.

Las 45 Has de tierra de huerta vendidas por el Ayuntamiento (30 has para su utilización inmediata y 15 de reserva) constituyen no sólo la mejor localización posible para una industria en España, sino también una de las mejores de Europa. Las características del terreno, que se va a vender al ridículo precio de 100 pesetas el metro cuadrado, son excepcionales. Además del río, junto al terreno pasa una línea férrea electrificada de doble vía (de la que pueden sacar una derivación para el movimiento de las materias en la propia fábrica) integrada a la red nacional, teléfono automático con líneas disponibles, télex, carreteras nacionales, proximidad de dos cruces de autopista, varias líneas de alta tensión y próximamente gaseoducto. Todo aquello que una industria puede desear tener más a mano lo va a tener casi regalado, como luego veremos, Transpapel. Sin contar con las obras de perfeccionamiento de la infraestructura que la Diputación deberá realizar de forma gratuita, al haber sido declarada la factoría como de Interés Municipal.

Pero la infraestructura es tan sólo una parte del negocio. Por otro lado, la forma de pago del terreno no puede ser más ventajosa, ya que, excluyendo toda forma de intereses, se programa así:

  • Año 1976: 10.000.000 Pts.
  • Año 1977: 10.000.000 Pts.
  • Año 1979: 6.000.000 Pts.
  • Año 1982: 4.000.000 Pts.

Si tenemos en cuenta que las subvenciones del Plan de Promoción Industrial de la Diputación Foral de Navarra pueden llegar a incluir un 20 por ciento del precio de adquisición de los terrenos, y que la inflación de estos últimos años supera el 15 por ciento anual, cabe deducir que la adquisición de los terrenos resultará prácticamente gratuita.

La otra cara es que, en función no sólo de la permanente depreciación de la moneda, sino asimismo por la creciente carestía del suelo industrial con estas características, el precio del terreno debería andar ya en la actualidad entre las 1.500 y las 2.000 pesetas por metro cuadrado, pudiendo alcanzar en los próximos cinco años las 3.500 pesetas. Esto por un lado. Por otro nos encontramos con que, a razón de los 80 puestos de trabajo por hectárea de suelo industrial que dan como media la generalidad de nuestros polígonos industriales, las 45 Has de tierra comunal debieran instalar 3.600 puestos de trabajo en lugar de los 260 de que habla Transpapel. Ni la Authi (ahora Seat) de Pamplona, ni la propia Seat de Barcelona, ni muchas fábricas que emplean 4.000 y 5.000 obreros han necesitado 45 Has de tierra dotadas con una infraestructura tan rica y completa como las que pretende esta fábrica.

Quizás hallemos la razón última de este desaguisado comercial en el hecho de que la única limitación en las condiciones de compra impuestas a Transpapel es que los terrenos se dediquen «única y exclusivamente a la fabricación de regeneradores de papel prensa y otros tipos de papel a partir del papel usado». Teniendo en cuenta que este tipo de industrias está adquiriendo creciente importancia mundial, y que Transpapel ha «comprado» tierra «para dar y vender», es decir, en cantidad desmesurada, bien pudiera ser que precisamente dedicase posteriormente la tierra sobrante a «darla» a alguna filial suya, o venderla a otras factorías papeleras que quieran instalarse allí. Además de a reciclar papel, Transpapel es muy posible que se dedique también a reciclar solares. Y no olvidemos que esos solares son propiedad comunal.

Sobran multinacionales

A más de uno puede llamar a engaño el hecho de que el presidente de la empresa a la que nos estamos refiriendo sea don Fernando Liñán Zofio, ex-ministro español de Información y Turismo. Sin embargo, tan sólo el 50 por ciento es propiedad española. La otra mitad pertenece por completo a la Polythermic Organization Limited (Estados Unidos, desde luego). Con ésta, son más de 65 las empresas multinacionales implantadas en Navarra a lo largo de los últimos diez años. Piher, Sanyo, SKF, Seat, Magnesitas, figuran entre las más importantes. Es radicalmente contradictorio el presente proyecto con las aspiraciones de muchos navarros, que claman por la creación de un verdadero Instituto Navarro de Industria y Recursos, que posibilitaría la creación de numerosos puestos de trabajo aplicando las exenciones fiscales y subvenciones a la industrialización propia y peculiar de Navarra.

Se está hipotecando el futuro del país. Existen en España métodos de reciclaje de papel en menor escala que, con una localización adecuada, deberían ser impulsados por nuestra tecnología, sin supeditarnos a patentes y tecnología extranjera y sin crear un gigantismo industrial en absoluto beneficioso a largo plazo. Al fin y al cabo, el obtener beneficios con el suelo comunal de Tudela y con el agua del Ebro es algo que los propios navarros también lo pueden hacer.

Una alternativa

Desde luego, muchos tudelanos están dispuestos a llevar el caso si es preciso, a los tribunales, y las alternativas al proyecto van surgiendo.

Supongamos que se puede llegar a una depuración perfecta, y que la fábrica es afectada por los regantes y consumidores de agua potable aguas abajo. A pesar de ello, su instalación en Tudela seguirá siendo una medida arbitraria e irracional. Acumular las fábricas en Tudela es contrario a los intereses de los pueblos que la rodean y, en consecuencia, contrario a Tudela, por cuanto su futuro está en parte condicionado por el futuro económico y demográfico de los pueblos de la Merindad.

En Ribaforada, aguas abajo de la toma de agua potable de Tudela, y del nacimiento de los canales de Tauste e Imperial, se realizaron al parecer negociaciones, pero indudablemente las condiciones de sus terrenos no podían semejarse a las de la Corraliza del Molino, término tudelano donde se halla el solar «vendido».

Sin duda alguna, el lugar más adecuado para su instalación, caso de resolverse, naturalmente, las cuestiones técnicas, sería Buñuel, el pueblo de la zona con mayor porcentaje de trabajadores por cuenta ajena —jornaleros—, 420 de 2.828 habitantes, a sabiendas de sus insuficiencias debido a estar relativamente marginado de los circuitos industriales, carreteras general y ferrocarril. La instalación en esta comarca polarizaría en unas áreas cercanas a 16.000 habitantes, de los cuales unos 1.400 son jornaleros, más del 80 por ciento eventuales, que necesitan en consecuencia puestos de trabajo permanentes. Las cercanías de Ribaforada serían un lugar idóneo.

De cualquier forma, está claro que una fábrica de menos de 300 obreros no va a resolver los problemas agrícolas de 1.400 trabajadores eventuales. Por el contrario, si las subvenciones a fondo perdido, los créditos y las facilidades que se dan a la industria multinacional, se diesen para instalaciones ganaderas acompañadas de una redistribución de tierras y de una revalorización de los Montes Comunales, posibles regadíos en Cabanillas, Fustiñana, Ablitas, etc., tendrían un efecto multiplicador mayor y colonizador multinacional menos. Las líneas del desarrollo navarro, como las de todo el Estado español, no pueden seguir siendo convergentes en la industria. Antes al contrario, debe planificarse el desarrollo con vistas a una revalorización de la agricultura.

Una vez más, nos encontramos ante una consecuencia de la planificación democrática de la economía. En el fondo, tan sólo una manifestación exterior más de la lucha de clases: consecución de rápidos beneficios por parte de una minoría a costa de los intereses de la mayoría y de la nación, frente a planificación democrática de la economía y control popular sobre el aprovechamiento racional de los recursos naturales.

¡Quién sabe! A lo peor lo que pretenden es convertir rápidamente el Ebro en una cloaca inservible para regar, para de esta forma, cuando la oposición al mismo no tenga sentido, poder realizar tranquilamente el trasvase.

El peligro contaminante de la papelera de Tudela va a ser una buena prueba para conocer la verdadera utilidad de la Comisaría de Aguas del Ebro, del M.O.P. y saber si realmente cumple su función de guardián de la potabilidad del agua del Ebro. No fuera a ser que ocurra como en Valencia, donde la Ford, ante las protestas populares por arrojar los residuos venenosos a la Albufera, ventiló el asunto arrojándolos a partir de entonces en la acequia de riego más importante de la comarca, envenenando cultivos, y desde luego, envenenando la Albufera porque a ella van a parar las aguas sobrantes de la acequia. Ni en Tudela, ni en la ribera del Jalón, ni en ningún otro punto de la cuenca del Ebro debe ser permitida una factoría de las características de Transpapel.


Referencia; Baigorri, A. (1976), Tudela:algo huele a podrido. Esfuerzo Común, Num. 239, pp. 40-41



 

7.15.1976

(Con M.Gaviria) Tudela: algo huele a podrido (1976)




"Cuando en Aragón nos ocupamos del problema del agua, de su utilización para fines ajenos a los intereses de sus más últimos beneficiarios, la tierra y los ciudadanos que la beben, así como de sucontaminación, nos olvidamos, las más de las veces, de mirar más allá de Caspe, por un extremo, y de Zaragoza por el otro, siendo el eje transversal de nuestra reflexión. Sin embartgo, más allá de uno de los extremos mencionados, sobre la zona del Valle del Ebro aragonés que se extiende entre Zaragoza y Mallén, localidad fronteriza con Navarra, se cierne en la actualidad un grave peligro: la contaminación de las aguas utilizadas para beber y regar. El mismo peligro es compartido por parte de la Ribera navarra, de Tudela a Cortes. La posible instalación de una central nuclear en Tudela ya ha sido comentada, aunque sólo por encima, por algunos medios informativos, y de ello, aunque el proyecto por ahora parece detenido, nos ocuparemos próximamente. Pero en estos momentos existe un peligro mucho más grave, desde el punto de vista contaminante, que una central nuclear. La cuestión es que el pasado 9 de abril el Pleno del Ayuntamiento de Tudela aprobó el Proyecto de instalación en sus tierras de una papelera.
El problema es enfocable desde varias perspectivas: línea no aconsejable para el desarrollo industrial de Navarra; deficiente ordenación del suelo urbano e industrial, al dedicar 45 Has de regadío urbanizado a la instalación de una industria contaminante..."

Referencia:
Baigorri, A., Gaviria, M. (1976), "Tudela. Algo huele a podrido", Esfuerzo Común, Num. 239, pp. 40-41

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