12.10.1999

Actividad agraria y regadío en Extremadura (1999)


Informe realizado mediante un convenio con la agrupación de cooperativas del campo ACOREX. Está recuperado a partir de un fichero de WordPerfect, que ya no es operativo, importado a través de Libreoffice, por lo que los gráficos se han perdido. Si alguien los necesita con el tiempo se pueden escanear de la copia impresa.


"   Atendiendo al paradójico repunte en la ocupación agraria en los últimos dos años, debemos hacer referencia a las previsiones que, en los últimos años, se han hecho respecto a las necesidades objetivas de fuerza de trabajo en la agricultura. 
A pesar del descenso evidente de la población activa agraria, sin embargo los restos del baby-boom de los años '50 extienden todavía sus efectos en las zonas rurales, donde en ciertas áreas la llegada de nuevas generaciones amplias todavía es un factor de presión (por el lado de la oferta) en el mercado de trabajo, al contrario de lo que ocurre en otros países de Europa.Sin embargo, todos los análisis realizados sobre esta cuestión han coinci­dido en todo momento en señalar que, en términos globales, el sector agrario no podía ofrecer más puestos de trabajo. "Las mayores posibili­dades de fijación de empleo están relacionadas en muchas regiones con la creación de cooperativas y empresas dedicadas a la comercia­lización y primera transformación de los alimentos"1; es decir, se ha seguido esperando el trasvase intersec­torial, aunque ya no tanto el territorial. Comienza a ser ya tradicional hablar de la conservación de la naturaleza, protección del medio ambiente y agroturismo, como fuentes alternativas de empleo para los excedentes laborales del campo. 
Lo cierto es que en los últimos veinte años hemos asistido a la mecanización de buena parte de los cultivos intensivos de la agricultura española, al menos en sus fases de recolección. Productos míticos calificados de cultivos sociales, como era el caso de la remola­cha, se han transformado en intensamente mecanizados y es escasa la mano de obra que precisan en la actualidad. La mecaniza­ción ha sido también completa en la recolección de la patata, el algodón, e incluso algunas hortalizas2. Parcialmente también se ha mecanizado la recogida de la aceituna. Las nuevas técnicas de cultivo de los frutales han reducido asimismo de forma notable las necesidades de mano de obra, y además los sistemas de riego se han automati­zado en algunas zonas3. 
En conjunto, los analistas vienen haciendo previsiones desde mediados de los años '80 en el sentido de estructurarse unos espacios (normalmente se proponía La Rioja, Navarra y Cataluña) en los que se profundizaría el déficit de mano de obra agraria, complementados por otros espacios que les suministrarían, mediante migraciones tempora­les de sus exceden­tes, la fuerza de trabajo necesaria 4. La realidad ha mostrado un poco esquemáticas tales previsiones, pues han surgido espacios (no previstos por los análisis macro) con déficits no previstos inicial­mente (como es el caso de Aragón, especial­mente en la Ribera del Ebro, e incluso de algunas zonas agronómicamente importan­tes de Extre­madura). 
Lamentablemente, hasta dentro de varios años no dispondremos de datos del Censo Agrario que se está realizando en 1999, y las Encuestas de Estructuras no permiten un cálculo definitivo de estas variables. Sin embargo, los análisis que han contrastado los datos del último Censo de 1989, respecto de los anteriores, muestran que algunas de las tendencias decrecientes se han ralentizado, e incluso se han contradi­cho muchas de las opiniones más estereoti­pa­das5, aunque sigue siendo evidente que el conjunto de la agricultura española ofrecía menos trabajo en 1989 que en 1982, año del Censo anterior6. 
En menos de una década (en siete años de periodo intercensal), y atendiendo en este punto a los datos del Censo Agrario, se asistió a la destrucción del equivalente a 250.000 empleos7 en la agricul­tura española. En términos absolutos el descenso más impor­tante se habría dado entre los titulares (más de 110.000 UTAs) y la ayuda familiar (90.000 UTAs), pero el descenso porcentual es mucho más importante en el empleo asalariado fijo (más de 30.000 UTAs, lo que significa un 25,6 % de descen­so). Aunque el número real de trabaja­do­res agrarios por cuenta ajena (afiliados al REASS) ha aumentado de hecho en los años ‘80 (por el influjo del PER), podemos afirmar que estamos asistiendo a un proceso palpable de mayor precariza­ción del empleo agrario, pues ese aumento en el número de trabajadores por cuenta ajena se refiere a trabaja­do­res eventua­les8. 
Diversos autores, por otro lado, han coincidido en los últimos años en las perspec­tivas generales señaladas, de la tendencia a una mayor pérdida de empleos agrarios en los próximos años. Así, Velarde Fuertes afirmaba que "incluso ahora es posible esperar, a pesar de la rapidísima caída de nuestra población agraria -la mayor, histórica­mente, de Europa-, que ésta se profundice más aún, con lo que las alteraciones en la función de producción en el campo español, que ya se han producido con mucha hondura, se incrementarán más todavía"9. En general, se insiste en la solicitud secular de disminuir la población activa agraria. Lamo,­ Sumpsi y Tío repiten la ya secular advertencia: "apunta un gran problema del futuro en la economía española: la necesidad de disminuir la pobla­ción activa agraria"10.Sin embargo, los datos que hemos apuntado, de incremento reciente en la ocupación, muestra que han sido más acertados los análisis que dudaban de la verosimilitud de ese vaciado absoluto, atendiendo sobre todo al marco comunitario en el que desde hace una década nos venimos moviendo. No hay seguridad en torno a los excedentes de mano de obra, por cuanto a medio plazo la reducción en la natalidad, ya operada años atrás, va a ser un elemento coadyu­vante a tener en cuenta; y además existe una cierta convicción en la existencia de oportuni­dades de empleo fuera de la agricultura, por cuanto la activi­dad estrictamente agrícola precisará menos fuerza de trabajo, especial­mente en las áreas con tasas elevadas de población activa agraria, como es la extremeña.  
En suma, parece que el descenso en la ocupación agraria ha tocado fondo en España. Incluso aún cuando pueda considerarse una cierta reducción, en algunas zonas, del empleo agrario, no es previsible que se reduzca el conjunto del empleo rural."



REFERENCIA:
Baigorri, A., dir. (1999), Actividad agraria y regadío en Extremadura, Informe de investigación, Universidad de Extremadura/ACOREX, Badajoz
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11.29.1999

Vejez y nuevas necesidades sociales en Extremadura, ante el siglo XXI (1999)

El texto corresponde a una ponencia impartida en el Curso de Promoción Continua sobre Gerencia de Centros de Mayores de la Escuela de Administración Pública de Extremadura, en noviembre de 1999


"Por razones nunca muy bien explicitadas, hace algo menos de dos décadas que algunas personas empezaron a utilizar eufemismos para referirse a los viejos, como población de edad avanzada, tercera edad, y más recientemente, mayores. Sin embargo, esas denominaciones no han hecho sino introducir confusión. Incluso el término tercera edad, que es el que parecía durante bastante tiempo bastante ajustado, ha entrado en crisis cuando ha empezado a hablarse de una cuarta edad, referida al periodo en el que los viejos dejan de valerse por sí mismos. Pero es que los otros son sin duda mucho más confusos.
El de población de edad avanzada podría asimilarse tal vez, pero en modo alguno resuelve el relativismo (¿cuánta edad es una edad avanzada?), y también se presta a confusión (¿avanzada, para qué?). De hecho, se habla a veces de niños y niñas de edad avanzada para referirnos a aquellas que han desarrollado más rápidamente que sus compañeras. O de jóvenes de edad avanzada para referirnos a aquéllos que están en el umbral de la madurez.
En cuanto a la denominación mayores, que en los últimos se extiende como la pólvora entre los trabajadores sociales, y a su través está llegando a la política y a la investigación, me parece de lejos la más confusa, y en consecuencia la más inadecuada. ¿Qué es un mayor?. Siempre hemos entendido que una persona mayor es una persona adulta, o al menos una persona que ha sobrepasado la mayoría de edad legal. A partir de este punto, ¿cómo de mayor es una persona?.
Por supuesto que, a partir de una determina edad, en que empezamos a envejecer, uno puede ser más o menos viejo. Pero el ámbito temporal del más o menos viejo es mucho más reducido, y desde luego en ningún caso cabe dudar de que hace referencia a fenómenos de envejecimiento, que el ámbito del más o menos mayor, cuyo relativismo en absoluto: cuando mi hijo de ocho años pide
que se autorice a hacer algo utilizando como argumento que a su hermana de trece años le dejamos hacerlo, nuestro contra-argumento es que su hermana es mayor.
Hay razones también razones operativas en el marco de la investigación social. Al trabajar con pirámides de población, hablamos de tasas de envejecimiento; a nadie se le ha ocurrido confundir a los colegas hablando de tasas de terciarización, porque podría confundirse con el proceso de extensión del sector servicios; o de tasas de mayorización, que todavía se prestaría a confusiones mayores. Si utilizamos el adverbio envejecimiento, como referido a la acción de envejecer, es incomprensible que el resultado de ese proceso sea el de ser mayor, o..."


Referencia:
Baigorri, A. (1999),  Vejez y nuevas necesidades sociales en
extremadura, ante el siglo XXI, Escuela de Administración Pública de Extremadura. Mérida
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