Baigorri, A., Caballero, M. , Centella, M., Chaves, M., Fernández, R. (2014) ESTUDES 2010 y EDADES 2011. ANÁLISIS DE LAS ENCUESTA SOBRE CONSUMO DE ALCOHOL Y DROGAS EN EXTREMADURA, Servicio Extremeño de salud.
Baigorri, A., Caballero, M. , Centella, M., Chaves, M., Fernández, R. (2014) ESTUDES 2010 y EDADES 2011. ANÁLISIS DE LAS ENCUESTA SOBRE CONSUMO DE ALCOHOL Y DROGAS EN EXTREMADURA, Servicio Extremeño de salud.
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• En la medida en que la Deuda Histórica procede de dos momentos, se hace aún más dfiícil su cuantificación, pero en cualquier caso los intereses de una parte se han disparado
– El gran abandono se produce entre 1920 y 1950
– El vaciado de capital humano (no olvidemos el de más esìritu de logro, y que lógicamente sería el que más empujaría ese espíritu de logro a esas generaciones que ya nacieron fuera) se produce entre 1960 y 1980
– La ralentización (o el desacoplamiento por retrasos) que se produce a partir de 1996, y no ha parado.
¿Es cuantificable?
• Que la fibra óptica llegue tres o cuatro años más tarde que a Barcelona, ¿es cuantificable?
• Que un tren capaz de circular sólo a 120 por hora llegue casi medio siglo después que a Barcelona o Irún, ¿es cuantificable?
• Que el AVE llegue casi medio siglo después que a Sevilla, o veinte años después que a Barcelona, ¿es cuantificable?
• Sí, creo que todo eso es cuantificable: lo que no termino de entender es que aún no esté cuantificado, la verdad. (...)"
Referencia
Este artículo es la base teórica en la que se sistematizaron aproximaciones previas y que sirvió como fundamento de la tesis citada.
"Este trabajo parte del intento de utilización de la Generación como concepto operativo liberado del sesgo de la juventud o “las nuevas generaciones”, que ha marcado a lo largo de casi todo el siglo XX la reflexión sociológica, y del conjunto de las Ciencias Sociales y Humanidades en general, sobre el tema. Efectivamente, la mayor parte de la literatura sobre generación se ha generado para intentar comprender, o al menos estudiar, a los jóvenes, normalmente para facilitar su doma o educación. Aunque la preocupación por el concepto viene de antiguo, se enfatiza justamente en un momento histórico muy concreto, en el que se produce la irrupción de “los jóvenes” en la vida social como nunca antes lo habían hecho, en el que surge mismamente el concepto mismo de juventud como categoría social. Es un momento, dentro del primer cuarto del siglo XX, condicionado por el miedo a las columnas de masas de jóvenes uniformados, marcando el paso dentro de movimientos totalitarios como el fascismo y el comunismo. Hay de hecho una cierta vinculación entre el concepto de masas, foules y como tales irracionales, con esa juventud inmadura, fuerte, amenazante. Debemos incluir en este paquete a los primeros análisis desde la..."
"Lo que en origen fue una festividad pagana, regenerativa, de mero culto solar, y que probablemente se mantuvo durante la dominación bereber de la comarca, por cuanto encontramos en el Norte de África el mismo tipo de celebración, se transformó en la Edad Media, tras la cristianización, en un acto de sumisión civil y religiosa ante el poder de las Órdenes Militares. Era el tiempo además del Potlach, la fiesta local, el momento en que los nuevos jefes de la tribu, los nuevos labradores o ganaderos sobrestantes al servicio de la Orden, repartían, en forma de limosnas,
banquetes o golosinas, una pequeña parte de la plusvalía que ellos obtenían del trabajo de los campesinos y la explotación de tierras y pastizales. Buen momento además para establecer pactos y arreglos matrimoniales.
Con los siglos los procesos de difusión cultural fueron trayendo nuevas modas, hábitos, estilos musicales para los bailes, tradiciones copiadas, que se fueron engranando con las propias. ¿Qué tiene de particular que finalmente los restos de ese cúmulo de tradiciones se hayan fusionado, y conseguido así la pervivencia generacional, con esa nueva tradición, el botellón?.
De forma que en la actualidad, de todas las tradiciones anteriormente nombradas sobreviven el baile, la misa y la costumbre de “echar la limosna al santo”, y han aparecido otras nuevas que claramente emparentan con las antiguas: como la tómbola de Cáritas, claro complemento de la limosna del Santo, y el botellón. "
Artemio Baigorri
Como lo nuestro es la dialéctica entre Medio ambiente y Sociedad, empezaré por hacer algunos apuntes sobre por qué la figura de Gaviria es importante desde una perspectiva medioambiental, para la cuestión ambiental, y luego haré lo mismo en relación con la Sociología.
Para simplificar la primera parte, voy a limitarme a reproducir algunos de los argumentos que justificaron la concesión del Premio Nacional de Medio Ambiente en el año 2005. Es interesante, porque tiene su miga sociológica el asunto. Píensese que el Premio Nacional de Medio Ambiente es un premio curioso. Pues por un lado la convocatoria incluye un premio para economistas, que son justamente el sustrato ideológico del desastre ambiental del siglo XX, otro para los conservacionistas, ya sean gestores o vendedores de coleccionables, y finalmente otro para el periodismo ambiental. Es decir, a priori no cabía un Gaviria, seguramente el padre del ecologismo español, pero ni economista, ni conservacionista, ni periodista. Qué cosas, ¿no?
¿Y con la Sociología?
Para eso tenemos que dar un pequeño salto teórico.
Yo conocí a Gaviria hace muchos años. Como él siempre cuenta la historia de forma reconstruida, para hacerla más épica o más divertida, me adelantaré esta vez y la contaré como fue.
Yo estudiaba entonces periodismo, pero había decidido no seguir haciéndolo en la UAB, en donde estudiaba, porque era un coste insostenible para mi familia, y además había una creciente y cada vez más evidente exclusión de los estudiantes no catalanes. Así que andaba por Zaragoza, malviviendo con pequeños trabajos, a veces trabajando en el campo en casa para legitimarme ante la familia. Entre mis trabajos precarios estaba la corresponsalía en mi pueblo de un diario zaragozano, que me daba para algún que otro paquete de tabaco, desde donde llevaba mi particular batalla contra la autopista del Ebro, en la que había embarcado a mi padre, a la sazón presidente de la Hermandad de Labradores (nombre mucho más digno que el falsamente empresarial de Cámara Agraria, que lógicamente ha fenecido).
Tenía 19 años cuando me contactaron desde la revista progre de Aragón, Andalán, para que escribiese para ellos un artículo sobre la autopista. Yo, lógicamente, me emocioné, y me dispuse a escribirlo. Pero cuando casi lo tenía acabado me llaman diciendo que Mario Gavioria, que pertenecía al consejo de la revista, había venido de Benidorm a Zaragoza, y me planteaban que hiciésemos el trabajo juntos. Y a mí aquello a priori no me gustó por dos razones: primera, porque soy muy individualista, y en plena adolescencia no digamos con la cosa de las autorías. Y segunda, porque llevaba yo semanas leyendo críticamente y subrayando, anotando, un número monográfico de Cuadernos para el Dialogo sobre la agricultura española, y el artículo de Gaviria me había cabreado bastante, aunque a la vez me había estimulado e inquietado. Venía yo de leer al socialdemócrata Kaustky, de La cuesgtión agraria con su entusiasmo por la mecanización y la tecnología agraria, y al anarquista Kropotkim de Campos, fábricas y talleres, y el artículo de Gaviria ponía en solfa todo eso de la industrialización.
Como además, por lo visto, venía habitualmente a robarnos agua de la fuente a mi pueblo, Mallén, porque en el suyo, Cortes, apenas a dos kilómetros de distancia, tenían un agua muy mala, me llamó y me dijo que si no me importaba se pasaba por mi casa a llenar las garrafas, y ya hablábamos lo del artículo. En realidad el artículo ya lo tenía terminado, y cuando él lo leyó le encantó y me dijo que por él no cambiaba nada, que lo firmábamos juntos porque era lo que querían los de Andalán.
Pero si en el artículo no cambiamos cosas, sí que me hizo entender algunos otros aspectos territoriales, de dialéctica, conflictos…. Y como flautista de Hamelín, como hizo con tantos otros, con su verbo fácil me arrastró del periodismo a algo que durante años no sabía cómo definir ante mis padre, hasta que muchos años más tarde decidí hacer la carrera de Sociología para poder decirles que era sociólogo.
¿Quién era ese flautista de Hamelin? Alguien destinado a ser un abogado de provincias al que el mundo le cambió la vida. No sé si antes, o después de terminar Derecho, un profesor de la facultad, que luego sería alcalde de Zaragoza, Sainz de Varanda, le anima a ver mundo y lo envía a Estrasburgo, en donde casualmente había dado con sus huesos Henri Lefebvre, seguramente harto de la intelligentsia parisina, controlada por el Partido Comunista del que había puesto pies en polvorosa al consolidarse el estalinismo. Bueno… Todo esto son hipótesis mías, que no pìenso contrastar.
El caso es que, como a tantos otros, Lefebvre (y el extranjero, de por sí) le abrió mundos mucho más complejos. Y sin Lefebvre no se puede entender la aportación de Gaviria a la Sociología, igual que sin Gaviria no se puede entender buena parte de la difusión de Lafebvre, pues fue su introductor en el mundo hispano con sus ediciones y traducciones.
Yo creo que Lefebvre tuvo tres hijos reconocibles, aunque seguro que los lefebrevianos californianos o suizos no lo reconocen así, porque no salen al extranjero (osea, no conocen España): por un lado Manuel Castells, que es el hijo que quiere matar al padre, e intenta matarlo a conciencia, desde la tropa althusseriana apoyada por los cañones del Partido Comunista Francés. Se creyó que era un Marx frente a un Hegel, a intenta darle la vuelta, pero lo que hizo fue poner la cabeza en los pies, y luego pisarla sin gracia ni estilo. La conclusión: los comunistas consiguieron hacer desaparecer a Lefebvre de las universidades. Hoy de la cuestión urbana de Castells no queda nada, porque era una soberana tontería, mientras que Lefebvre es adorado en las escuelas de urbanismo, y es recuperado por la teoría sociológica.
Jean Baudrillard, por el contrario, intenta sobrepasar al maestro, y casi lo logra volviéndonos locos a medio occidente, con una crítica de la postmodernidad que produce más postmodernos quie ningún otro autor, al menos en la Sociología.
Y finalmente Mario Gaviria, que es el buen hijo. El único que recupera viejos textos y los publica (De lo rural a lo urbano, hoy uno de los clásicos esenciales lefebrevianos), que le busca casa en la costa española, que lo trae a comer y beber… que le busca incluso un apoyo para liberarse de algunas ataduras familiares… Pero sobre todo, lo respeta y agradece.
Ha aportado saber hacer, mirada sociológica
Es Lefebvre, más Costa, más Lucas Mallada, más Ganivet (aunque de eso ni él ni nadie de sus generación son conscientes)… más California.
Cuando yo fui a Chicago… descubrí que allí en los USA el pope de la sociología ambiental resulta que hacía, con mucha menos profundidad y lo digo sin abuela, lo que aquí habíamos hecho, o a la vez o un poquito antes, en torno a la competencia por los usos del suelo. Pero nuestra producción está desperdigada en informes técnicos, no publicada enm revistas que leen los quince universitarios que mandan en un campo disciplinario.
Cómo dejar atrás a los maestros sin matarlos. A eso tenemos que aprender en la Sociología española. Sobre todo en la Sociologías críticas. Porque la otra lo hace muy bien. Porque en serio, ¿a alguien le ha inspirado alguna línea, si es que lo ha leído, de Gomez arboleya, o alguno de esos otros supuestos fundadores de la Sociología española? Sin embargo, los textos y sobre todo el verbo de Mario han inspirado, y siguen inspirando, a varias generaciones de sociólogos.
Es su turno.